Hace unas semanas, los chicos de Club Rural nos invitaron a pasar un par de noches en un hotel de Belmonte de Miranda, una zona de Asturias que, pese a ser de nuestra región, no conocíamos, así que no lo pensamos ni un segundo y aceptamos de buen grado su amable ofrecimiento. Y, voilá, este pasado fin de semana hicimos las maletas y nos fuimos “de desconexión” -casi- total… Os contamos cómo fue nuestra experiencia.

El viernes pusimos rumbo a Belmonte de Miranda -a una hora aproximadamente en coche desde nuestra casa- cuando salimos de trabajar. Nuestro alojamiento era el Gran Hotel Rural Cela, que se encuentra situado en la misma carretera general del pueblo (no tiene pérdida). Aparcar nos resultó súper fácil, ya que hay mucho espacio en las zonas aledañas al hotel; así que dejamos el coche justo en frente de éste, sin miedo alguno a que “durmiese” fuera (el pobre no está acostumbrado 😉 ). Cogimos nuestros bártulos y fuimos a la recepción.

fachada del Hotel Rural Cela en Belmonte de Miranda

recepción del Hotel Rural Cela en Belmonte de Miranda

Nada más entrar, ya nos dimos cuenta de que es un establecimiento totalmente “casero”, y lo digo en el buen sentido de la palabra: nos trataron desde el minuto uno como si nos conociesen de toda la vida y nos dieron una gran bienvenida. Jose, el encargado de hacernos el check-in -trámite que no duró ni dos minutos- también nos acompañó a nuestra habitación; para gran sorpresa nuestra nos dieron una suite, que se sitúa en uno de los laterales del edificio principal, con entrada propia y en una zona de lo más tranquila (pudimos comprobarlo esa misma noche, durante la cual no oímos ni un solo ruido, a pesar de estar en la carretera principal). Nunca antes nos habían dado una suite, así que imaginaros cómo nos sentimos. ¡Como reyes! Jeje…

entrada a la suite del Hotel Rural Cela en Belmonte de Miranda

Y al entrar en la habitación, nos encontramos con esto: una sala de estar súper grande equipada con un televisor de pantalla plana, sofá, mesa, armario, mesa de escritorio, nevera y servicio de tetera/cafetera…

sala de estar de la suite del Hotel Rural Cela en Belmonte de Miranda

…, el dormitorio con una cama bastante grande y muy cómoda…

dormitorio de la suite del Hotel Rural Cela en Belmonte de Miranda

… y un baño completamente equipado y ¡con bañera de hidromasaje! ¡Qué bien nos iba a venir para el relax que planeábamos el finde! 😉

baño de la suite del Hotel Rural Cela en Belmonte de Miranda

Tras instalarnos, decidimos ir a inspeccionar un poquito la zona y dar un paseo por el pueblo, que no es demasiado grande, por lo que el paseo duró más bien poquito. Además, ya era tarde y teníamos un poco de hambre, así que volvimos a la habitación y dimos buena cuenta de algunas cosinas que habíamos llevado en previsión de que fuese demasiado tarde y no encontrásemos nada a mano para cenar. Así, nos fuimos a descansar a una hora bastante “decente” aprovechando la tranquilidad que reinaba…

¡Y vaya si la aprovechamos! Cuando quisimos despertarnos, a la mañana siguiente, ya eran las 10. ¡Se nos habían pegado las sábanas! Pero claro, no es de extrañar, teniendo en cuenta la comodidad de la cama y el relax con el que nos habíamos planteado el fin de semana.
Total, que nos preparamos y bajamos a desayunar. La invitación de Club Rural era solo de alojamiento, pero habíamos leído tan buenas críticas del desayuno del hotel, que no quisimos perdérnoslo. ¡Y qué buena decisión tomamos! Creo que muy pocos hoteles  (o quizás debería decir ninguno) hemos visto con una oferta taaaaan impresionante de comida como aquí: tortillas de todo tipo, embutidos, bollería casera (no os podéis perder el bizcocho… mmm…), pan de distintas clases, zumos naturales, fruta… en fin, mejor os lo enseño:

mesa de buffet del desayuno del Gran Hotel Cela en Belmonte de Miranda 1

mesa de buffet del desayuno del Gran Hotel Cela en Belmonte de Miranda 2

Y fue en ese momento, cuando entramos a desayunar, cuando conocimos a Roberto. ¡Qué gran tipo! Es el dueño del hotel y jamás de los jamases nos hemos encontrado en un alojamiento a alguien como él: ¿sabéis lo que os contaba antes de que nos habíamos sentido como en casa cuando llegamos? Bueno, pues multiplicadlo por un millón de millones y así es Roberto. ¡Sin palabras!
Bueno imaginaos cómo fue la cosa que, entre uno y otro, nos dieron las 11 y media de la mañana. ¡Y nosotros desayunando y “charrando” (charlando, como decimos por Asturias xD) con él!

Después de llenar el estómago hasta los topes (insisto en que, si vais, no debéis perderos el bizcocho casero), y de la que salíamos a coger las cosas, de nuevo nos volvió a parar Roberto para darnos una cosa. Y no era otra que un planazo para la mañana: nos invitaba a visitar la Casa del Lobo de Belmonte. Tendríamos que estar a las 12 allí para poder hacer la visita por la exposición para luego, a las 12:30, ir con una guía al cercado de los lobos. ¡Ya teníamos organizado hasta la hora del almuerzo!
Total, que volvimos a la suite para coger la cámara, y las mochilas y nos fuimos hacia la Casa; está a escasos 100 metros, así que llegamos en un santiamén, con tiempo de sobra para ver toda la exposición sobre este fantástico animal.

Casa del Lobo de Belmonte

Es una visita que recomendamos 100%. Y es que, además de todo lo que se puede ver en la Casa, la visita puede completarse con un paseo guiado de un kilómetro y medio aproximadamente hasta el cercado donde habitan tres lobos ibéricos. Y aquí es donde la experiencia se hace inolvidable. ¡Qué preciosos animales!
Os cuento el motivo por el que -desgraciadamente- Tino, Belmon y Aullador están aquí y que Alba, nuestra fantástica guía, nos explicó. Se trata de ejemplares que ya no pueden vivir en libertad y por eso tienen recogidos y protegidos; de hecho, no saben cazar: imaginaos cómo es la cosa que durante el verano pasado tuvieron un pato “conviviendo” con ellos en la charca que hay en el cercado, y ninguno de ellos hizo, siquiera, ademán de cazarlo para comérselo.
Tino y Belmon son hermanos: los rescataron en una batida que se hizo durante la época de cría (hay que ver las “grandes” ocurrencias que tienen) y fueron los únicos que sobrevivieron de una camada de 6 cachorros; sus hermanitos no sobrevivieron a la cría con biberón :-(. Y Aullador fue rescatado de un desgraciado que quería criarlo como animal de compañía, para lo cual le maltrataba con el fin de que le obedeciese; de hecho ahora al lobín, no le gustan mucho los chicos altos y fuertes… imaginaos lo mal que lo habrá pasado, el pobre.
¡Mirad qué maravilla!

lobos en el cercado de la Casa del Lobo de Belmonte 1

lobos en el cercado de la Casa del Lobo de Belmonte 2

lobos en el cercado de la Casa del Lobo de Belmonte 4

lobos en el cercado de la Casa del Lobo de Belmonte 3

Después de un buen rato de disfrutar de los lobos, nos despedimos de Alba y regresamos al hotel, donde íbamos a comer (Roberto ya nos había reservado una buena mesa). Y es que resultó que ese fin de semana eran las Jornadas del Bacalao y, como nos chifla, decidimos quedarnos a probar. Considerando que el desayuno estaba riquísimo, seguro que el almuerzo no nos defraudaría. ¡Y no lo hizo en absoluto! ¡Hala, otro atracón que nos metimos entre pecho y espalda! Pedimos cada uno un plato distinto del menú -cuyo precio era 20€ incluyendo pan, bebida y café- y así pudimos probarlo casi todo: croquetón de bacalao, arroz con bacalao y zamburiñas, bacalao gratinado (¡nuestro favorito!) y fritos de bacalao; por si eso no era suficiente, finalizamos con un par de mousse de limón. ¡Toma ya! Por cierto, podéis ver las fotos de los platos aquí

La idea que nos dio Roberto era irnos a echar la siesta pero… ¿a las 5 de la tarde y con la “fartura” -en Asturiano 😉 – que llevábamos? ¡Imposible! Así que nos sugirió un plan B: acercarnos hasta Parque Natural de Somiedo y dar un paseo por la zona; habría estado bien hacer una de las múltiples rutas disponibles, pero ya era demasiado tarde y el cielo amenazaba tormenta. Así que lo que hicimos fue coger el coche e irnos hasta el pueblo de Valle del Lago, a donde se llega desde Pola de Somiedo -capital del concejo- tras unos 8 kilómetros de una carretera de lo más empinada y con curvas… interesantes…
Dejamos el coche en uno de los aparcamientos a orillas de la carretera y dimos un paseo muy agradable, prácticamente solos por el pueblo. Eso sí: mirando cada poco hacia arriba y con paraguas en mano por el nubarrón negro que teníamos sobre nuestras cabezas.

Valle del Lago en el Parque Natural de Somiedo

El paisaje es una verdadera maravilla y nos fuimos con las ganas de quedarnos un rato más y con la convicción de volver para  hacer alguna ruta. Eso sí: ¡con sol! Jaja…

Emprendimos el camino de vuelta parándonos en un mirador que hay a mano izquierda de la carretera, desde donde se obtienen unas vistas espectaculares del valle:

vistas del valle desde mirador del Puerto de Somiedo

Cuando llegamos al hotel, eran ya como las 9 de la tarde, así que decidimos aprovechar el jacuzzi para relajarnos un rato y bajar a cenar al restaurante del hotel. Algo light, pensamos, así que nos dio por pedir unas croquetas (caseras, por supuesto) y una tapa de pulpo. Light… ¡ja! Eso pensábamos hasta que vimos llegar a Jose con dos tapas que más parecían para una mesa de 5 que para nosotros dos, pardillos, que parece que no habíamos sido conscientes de cómo se come en este hotel. ¡Virgen Santa qué ricas las croquetas! Y a Sergio que le chifla el pulpo…
Sí, lo sé, a estas alturas estaréis pensando: ¿estos dos cabían luego en los pantalones? Mejor obviamos la respuesta… Eso sí: antes de irnos a dormir nos tomamos un par de ricos gin-tonics preparados por Jose. Como digestivos, ¿eh? No os vayáis a creer que fue por vicio. ¡Jajajaja!

 Amanecimos el domingo con una día un poco más feo, meteorológicamente hablando, aunque también más temprano -eso sí: poniendo el despertador-. Nos duchamos y bajamos a desayunar. Y ahí estaba Roberto, como siempre, dándonos la bienvenida y preparándonos nuestro cafetito y cacao, respectivamente. ¿Y a que no adivináis qué repetimos? ¡Síiii! ¡El bizcochoooo! Se me hace la boca agua cada vez que me acuerdo; debería haberle pedido la receta. Jeje…

Tras desayunar, volvimos a la habitación y recogimos todas las cosas. Roberto nos había dicho que podíamos utilizarla hasta la hora que quisiésemos, pero bueno, tampoco queríamos causar molestias a la hora de dejarla lista para posibles nuevos clientes. Así que a eso de las 12  bajábamos a hacer el check-out. Como ya os habíamos dicho, nuestro régimen era solo alojamiento, así que teníamos que pagar los desayunos. Y al decírselo a Roberto nos dijo que “nanay”, que quería invitarnos él y que “como él todavía mandaba algo allí” -palabras textuales- no había nada más que hablar. ¡¡¡Mil gracias!!! Si es que no sabemos cómo agradecer a todos el trato que nos dieron durante todo el fin de semana. ¡Volveremos segurísimo!
Nos despedimos, pues, del “jefe” con un gran abrazo y un par de besos (¿qué dueño de hotel os ha despedido así? a nosotros, ninguno, la verdad) y emprendimos camino hacia otra recomendación de la casa.

Y ese lugar no era otro que Los Lagos de Saliencia, que al igual que el Parque de Somiedo son considerados Reserva de la Biosfera. Para llegar hasta allí hay que subir el Alto de la Farrapona, un puerto muy conocido por los amantes del ciclismo, como es mi caso, situado a 1708 metros de altitud. De nuevo la carretera no es apta para aquellos que se mareen fácilmente, ni muy divertida para los que -como una servidora- tienen miedo a las alturas. Pero creedme, merece la pena el esfuerzo por ver cosas como estas:

vistas desde el Alto de la Farrapona 1

vistas desde el Alto de la Farrapona 2

Aquí dejamos el coche y nos dirigimos hacia el camino de pista que da comienzo a la ruta que lleva hasta el Lago del Valle. La intención que teníamos era ver alguno de los lagos pero, desafortunadamente, cuando apenas habíamos llegado al primero, el Lago de la Cueva, empezó a llover muchísimo; eso, unido al fuerte viento que hacía, nos echó los planes un poco para atrás. Bueno, al menos pudimos ver un poquito del primero…

Lago de la Cueva en los Lagos de Saliencia

…, además de los famosos teitos tan típicos de esta zona de Asturias:

teito de Somiedo

Los teitos son construcciones de planta rectangular o cuadrada, con paredes de mampostería y techumbre de escoba, que se usan hoy en día para guardar ganado o los aperos de labranza. Incluso, hasta hace relativamente poco tiempo, algunos estaban habitados.

Tras un rato bajo la lluvia decidimos seguir camino e ir poniendo ya fin a nuestra escapada rural. Descendimos La Farrapona y subimos otro puerto, el de San Lorenzo, hasta llegar al concejo de Teverga. Ya era bastante tarde, así que paramos para picar algo rápido y volvimos de nuevo a casita.

Como conclusión a esta experiencia, solo podemos dar las gracias por un lado a Club Rural, quienes nos ofrecieron la posibilidad de conocer esta zona e invitarnos a esta experiencia, y por otro lado a todos los que forman parte del Gran Hotel Rural Cela, que nos trataron como si fuésemos parte de su familia. ¡¡Muchísimas gracias, de corazón!!