Hace unas semanas, hicimos una pequeña escapada a Sevilla para visitar a unos buenos amigos y en uno de nuestros paseos por el centro de la ciudad, nos descubrieron una joya que, casi oculta a los ojos de los turistas –y no tan turistas-, pasa desapercibida en la mayor parte de las ocasiones.
Hoy, queríamos hacer un pequeño post para descubrírosla, si no tenéis aún la suerte de conocerla ya: se trata de Las Casas de la Judería.

Ubicado en el conocidísimo Barrio de Santa Cruz, lo que antiguamente era el barrio judío –de ahí su nombre-, este conjunto de casas y patios conforman hoy en día un hotel de lujo.
Atravesar sus puertas hace que te transportes a otra época, otro mundo, otro lugar… un pueblo del siglo XV. Por ello, perderse en este laberinto de callejuelas –algunas fueron vías públicas – es uno de los mejores placeres si se visita la ciudad andaluza.

Nada más entrar, uno ya se da cuenta de lo especial del lugar. Dejando la recepción –por la que no es necesario pasar- a mano derecha, descubrimos un salón digo de cualquier película de época, así como una escalera desde la que se puede ver esta sala desde otra perspectiva.

Atravesando el salón y alguna que otra puerta, ya empezamos a recorrer las callejuelas que antaño formaron parte de este conjunto. Cruzaremos un arco de mosaico precioso y nos dejaremos ir, sin rumbo fijo, deambulando y perdiéndonos una y mil veces…

Plantas, restos de pedestales y de estatuas romanas, ánforas, botijos y demás mobiliario original, otorgan a cada rincón un protagonismo único, diferente al resto, pero igual de bonito.

Todo llama la atención a lo largo del recorrido, si bien los protagonistas absolutos son los hasta 30 patios y patinillos sevillanos del siglo XV, que conectan entre sí las 27 casas que conforman el conjunto. Todos distintos, a cual más hermoso. Aquí solo os dejamos una breve muestra.

Pero además de las grandes plantas y antigüedades, hay una cosa que no podía faltar: las fuentes. El sonido incesante del agua nos acompaña en la mayor parte del recorrido.

En nuestro deambular, descubrimos algo que nos llamó mucho la atención: en una de esas plazas, se hallan tres puertas que corresponden a tres habitaciones del complejo hotelero. En cada una de ellas, una cruz perteneciente a tres creencias distintas: la cruz latina, la cruz griega y la estrella de David.

Dejando las callejuelas y bajando al piso de abajo, nos sumergimos en un mundo romano, con estatuas y mosaicos, que nos llevan a lo que hoy en día es el spa del hotel. Muy apropiado ¿no os parece?

Y del subsuelo, al cielo. Buscando mucho y perdiéndonos más, encontramos unas escaleras que nos llevan a la azotea del conjunto. Chiquitita, difícil de alcanzar por unas escaleras empinadas y estrechas, pero con unas vistas maravillosas de los tejados sevillanos.

Y, si nos situamos en el lugar exacto… ¡premio! Se ve “ella”…

Como conclusión, pasear por el interior de las Casas de la Judería es volver a vivir lo que fue Sevilla siglos atrás: fuentes, estatuas, columnas, muebles de época… Es tener la sensación de estar en un auténtico museo.

Con el permiso de todos vosotros, este post va dedicado a Inma y Rafa. ¡Gracias por estar siempre con nosotros, amigos! Con gente así cerca de uno, no se puede pedir más…