Martes, 26 de Mayo de 2015.
Nuestro primer día completo en Tokio íbamos a conocer sitios completamente opuestos entre sí: desde un barrio tradicional, en el que la calma se respira en el ambiente, hasta otro donde reina el ruido, las luces y la gente.

Nos levantamos y desayunamos en la habitación, algo que haríamos ya el resto de los días, al disponer –como os conté en el post anterior- de una pequeña cocina con todo lo necesario: cafetera, tostadora,…
A las 08:30 salimos del hotel hacia la estación de JR Shinjuku (unos 10 minutos a pie) y allí cogimos la línea Yamanote hasta la estación de Nishi-Nippori, adonde llegamos en unos 15 minutos más o menos.

Aquí hago un inciso en el relato, para contaros qué es la línea Yamanote, la cual se usa mucho cuando estás de visita en Tokio. Se trata de una línea de tren perteneciente a la compañía JR, por lo que se puede usar con el JR Pass, circular y que conecta la mayor parte de los barrios más turísticos de la ciudad. Es muy fácil de usar y de entender, con sus mapas e indicaciones en inglés. Otra de las claves del éxito de esta línea es que no tiene trenes expreso que se salten estaciones, por lo que no hay que preocuparse por coger uno que no pare en la estación que deseamos. Además, su frecuencia de paso es impresionante, así que en caso de perder un tren, sólo tendremos que esperar entre 2 y 4 minutos al siguiente.

Como os decía arriba, llegamos a la estación de Nishi-Nippori, lugar desde donde comenzaríamos la visita al barrio de Yanaka. Éste es un barrio muy poco conocido por los turistas y, muchas veces, ni siquiera aparece en las guías. Es una zona típicamente japonesa, muy tranquila y una de las pocas de Tokio que no sufrió los bombardeos de la II Guerra Mundial; por este motivo allí se pueden encontrar numerosos lugares que datan de antes de ésta.

entrada al barrio de Yanaka en Tokio

Nuestro objetivo en el barrio era la visita al Cementerio de Yanaka, el cual ocupa una gran parte de esta área. Desde la estación de tren se accede allí muy fácilmente, tras un agradable paseo por unas calles que a esa hora, prácticamente estaban desiertas. A día de hoy, creo que aunque hubiésemos ido en hora punta, las calles de Yanaka estarían igual de tranquilas…

La entrada al cementerio está presidida por un pequeño jardín en el que encontramos una estatua de Buda. Habíamos visto muchos en todo lo que llevábamos de viaje (incluso, si recordáis, el más grande hecho en bronce de Japón, en Nara), pero el rostro del de este jardín me llamó muchísimo la atención por la serenidad que transmite, acorde con lo que nos encontrábamos en el cementerio.

jardín en el cementerio del barrio de Yanaka en Tokio

Buda del cementerio de Yanaka en Tokio

Una vez atravesamos el jardín, ya empezamos a recorrer el cementerio propiamente dicho. Es enorme: alrededor de unas 10 hectáreas, y alberga más de 7000 tumbas, algunas de ellas de artistas y actores famosos.
Sus calles están rodeadas de cerezos (en primavera tiene que ser espectacular) y habitadas por decenas de gatos. ¿Qué tendrán los cementerios para estos animales? Porque en nuestros viajes, siempre nos encontramos con ellos en este tipo de lugares…
En este cementerio yace también Tokugawa Yoshinobu, el último shogun de la dinastía Tokugawa. Lástima que, por muchas vueltas que dimos en busca de su mausoleo, no pudimos encontrarlo. Aún así pudimos ver tumbas realmente preciosas y, por supuesto, nada que ver con las que hasta entonces habíamos conocido.

cementerio del barrio de Yanaka en Tokio 2
cementerio del barrio de Yanaka en Tokio 1
cementerio del barrio de Yanaka en Tokio 3
cementerio del barrio de Yanaka en Tokio 4

Al salir del cementerio, emprendimos camino del Parque de Ueno. Ambas zonas están en el distrito de Taito, así que no se encuentran muy alejadas; en unos 20 minutos estábamos allí.

Ueno fue el primer parque de la ciudad y es uno de los principales focos culturales de Tokio. En él se concentran varios museos, como el Museo Nacional de Tokio, el Oriental, el Museo Nacional de Ciencias, el Nacional de Arte Occidental o la Galería Metropolitana de Arte.

Aparte de los museos también se sitúa aquí el zoo. Era uno de los sitios que, si bien a Sergio no le apetecía mucho porque no es muy partidario de ellos, yo quería ver. Y no porque sea muy aficionada tampoco, la verdad, pero quería ver uno de los “habitantes” más famosos del parque: los osos panda. Así que llegamos a un acuerdo y entramos a echar un ojo.

Este zoo es el más antiguo de Japón, fundado en el año 1882 y desde entonces está considerado como el más representativo del país. La entrada cuesta ¥600.

Sin embargo antes de entrar, parecía que empezaba a darnos un poquito de hambre y yo, que enseguida “divisé” un puestecito donde vendían mini-pizzas, propuse tomarnos un segundo desayuno…jeje. Pagamos ¥720 por dos pizzas muy ricas y muy distintas a lo que estamos acostumbrados a comer.

Entramos en el zoológico y nos fuimos directamente a la zona que más nos interesaba: la casa de los pandas:

Lidia delante de la entrada de la casa de los pandas en el zoo de Ueno en Tokio

Una vez allí, he de deciros que me decepcionó bastante. Los pandas está detrás de un cristal que impide verlos demasiado bien y, además, parece que a ellos no les hace mucha gracia la cantidad de gente que les observamos, así que se hacen de rogar… Por cierto, los pandas se llaman Ri Ri y Shin Shin, y llevan viviendo en Tokio desde el 2011.

panda del zoo de Ueno en Tokio 2

Después de salir del recinto de los pandas, y ya que habíamos pagado la entrada, pues decidimos quedarnos y ver todo el recinto, que es bastante grande.
Lo cierto es que a día de hoy no lo metería dentro de las visitas imprescindibles de la ciudad, pero al menos no salimos de allí escandalizados. Es decir, no deja de ser un zoo y los animales están encerrados, pero al menos no se ve suciedad –como tenemos visto, por desgracia, en sitios similares-, y a los animales se les ve cuidados. Además, luego leímos que tienen programas para la protección y preservación de especies en peligro de extinción, como es el caso de los pandas, así que de lo malo…

Era sobre la 1 de la tarde cuando salimos del zoológico y, como de nuevo empezaba a apretar el hambre decidimos comer sin salir del parque. Vimos un “Starbucks” donde cogimos unos sándwiches y un par de frapuccinos (¥2667), nos sentamos en un banco y degustamos nuestro almuerzo. ¡Cómo echamos de menos esos “frapus” de cookies y té Matcha!

frapuccinos del Starbucks que nos tomamos en el parque de Ueno de Tokio

Mientras estábamos comiendo, se sentó a nuestro lado un señor mayorín que nos miraba con una gran sonrisa en la cara y no nos quitaba ojo de encima. Al rato, se decidió a hablar con nosotros; como siempre, medio en inglés, medio en japonés. Jeje… Nos contó que había estado hacía muchos años en Barcelona, que le había gustado mucho y nos preguntó qué tal nosotros por Japón. Fue una conversación de lo más interesante, a pesar del lío de idiomas. ¡Jajaja! Pero cuando más alucinamos con él fue cuando nos “confesó” su edad: ¡93 años! Yo no me lo creía. No hacía más que decirle –en inglés- “imposible, imposible” y él, con una gran sonrisa, sólo decía que sí, que nos decía la verdad. ¡Madre mía! Teníais que haberle visto. Lástima no haberle hecho una foto.
Al irse, me regaló un pin que, por supuesto, lo tengo a buen recaudo y le dijo a Sergio que era “un marido con suerte”. Jiji… ¡Qué razón tenía! ¡Jajajajaja!

Cuando acabamos de comer, nos dirigimos hacia la salida sur del parque donde vimos la Estatua de Saigo Takamori, “El último Samurai”, un personaje histórico que estuvo presente durante toda la modernización del imperio Meiji.
Este personaje fue la inspiración para la película que lleva el mismo nombre y que fue protagonizada por Tom Cruise. ¿La habéis visto?

Sergio en la estatua de El Ultimo Samurai en Ueno Tokio

A la salida del Parque de Ueno encontramos una calle muy animada y llena de tiendas que venden de todo: Ameyoko. Se extiende desde la estación de Ueno hasta la de Ueno-Okachimachi, en paralelo a las vías del tren.

entrada a la calle Ameyoko en Tokio

Caminamos por ella hasta que llegamos al último barrio que íbamos a visitar ese día: Akihabara.

barrio de Akihabara en Tokio2

Akihabara, o Akiba, como es conocido “familiarmente” por los japoneses, es la “Ciudad Electrónica de Tokio”. Probablemente en este barrio encontremos la mayor concentración de tiendas de electrónica, ordenadores, vídeo-juegos, anime, manga… ¡Una locura!
Nosotros no somos mucho de este tipo de cosas, pero una vez allí es como si el ambiente te envolviera y te haces un “friki-fan” en un momento. Jiji… Total, que nos pasamos la tarde de tienda en tienda, de arcade en arcade, jugando a distintos juegos (Sergio más que yo, eso sí), intentando atrapar muñequitos en las máquinas estas de gancho, haciendo fotos y flipando con todo.

Sergio a punto de entrar en un video juego en un arcade de Akihabara en Tokio

Lidia en un video juego de un arcade en el barrio de Akihabara de Tokio

Sergio en un vídeo juego de una arcade en el barrio de Akihabara de Tokio

Lo cierto es que, si bien en Akiba no hay mucho “que visitar” propiamente dicho (y me refiero a las típicas visitas que solemos hacer) sin dudarlo podemos decir que es un distrito único en el mundo, por lo que bien merece la pena ir. Incluso si, como es nuestro caso, uno no está particularmente interesado en el tipo de cosas que se pueden ver allí.
Para nosotros, la mejor forma de visitarlo, es caminar, perderse por las calles y entrar en todos aquellos lugares que te llamen la atención (que serán casi todos). Seguramente os llevaréis más de una sorpresa.

Otra de las cosas típicas de Akihabara son los “Maids Café”. A ver si logro explicaros más o menos lo que son porque quizás la idea que se tiene de estos sitios no es la correcta.
La traducción la podríamos hacer como “cafés de sirvientas” y son, básicamente cafeterías de carácter cosplay donde las camareras van vestidas, de forma muy llamativa, con trajes de doncellas del siglo pasado; llevan sus uniformes muy recargados con lazos, volantes, enaguas… y suelen llevar cofia -o algo similar- y medias hasta las rodillas.
Este tipo de cafés nacieron sobre todo a principios del 2000 como forma de dar salida a las “fantasías” de los otaku (fans del manga y anime), ya que la figura de la doncella era muy popular en este ámbito. Por ello, las chicas de los maid café son una representación de esta figura, en carne y hueso.
Por cierto, también hay una versión de chicos: los cafés de mayordomos.

Quizás pueda sonar algo morboso, y no digo que para algunos hombres no lo sea, pero nuestra experiencia en uno de ellos no fue nada “dramática”. Más bien al contrario: fue muy divertida; tanto que hasta casi llorábamos de la risa. ¡Ah! Y éramos los únicos extranjeros de la sala, el resto, todos japoneses.
La idea de entrar en un maid café no la llevábamos prevista, fue algo que se nos ocurrió de repente, al pasar frente a uno de ellos (que luego nos enteramos que era bastante conocido en Akihabara). Sergio no las tenía todas consigo, pero logré convencerle y ahí que nos fuimos.

Se trataba del “Home Café”, que estaba situado en el 6º piso de un edificio. Al llegar, muy cortados, eso sí, nos recibieron como si llegásemos a casa después de un duro día de trabajo, con un “¡bienvenidos a casa!” y, a partir de ahí, comenzaron a tratarnos como un rey y una reina. De hecho, cuando hablaban con nosotros, se referían a Sergio como “my master” y a mí como “my princess”. ¡Nos partíamos de la risa!

Hay un montón de chicas y hablamos prácticamente con todas, porque a cada rato, venían a nuestro sitio para explicarnos cosas, traernos el menú, preguntarnos de dónde éramos… Todas un encanto. ¡Ah! Y había una chica occidental, cosa que nos llamó mucho la atención: rubia, alta y de ojos azules. Vamos, nada que ver con una japonesa.

foto del maid café 1

Las normas impiden que saques fotos a nada que no sea tu comida: ni a las chicas, ni a la decoración, ni por supuesto, al resto de clientes. Entre los cuales, he de decir, que había algunos… ¡pa’ morirse! Uno en concreto, parecía que estaba en su casa de verdad: las conocía a todas, no necesitaba ver la carta para pedir,… en fin, que me da a mí que era de los habituales.
Nosotros, como no teníamos nada de hambre –y los precios son un poco abusivos, para qué negarlo- nos pedimos un café y una bebida de melón que sabía a rayos, pero claro, por no hacerles el feo, Sergio (que era quien se lo había pedido) se lo tomó. ¡Jajaja! No hicimos fotos de nuestras bebidas porque eran muy “aburridas”; para otra vez, habrá que ir con hambre y pedirnos algo chulo, pues la mayor parte de los platos de comida son muy kawaii, como dicen ellos: muy “cuqui”. Jiji…

Junto con las bebidas, viene incluido en el precio la foto que puedes hacerte con la maid que tú escojas, así que después de estar un buen rato allí, viendo el espectáculo, nos llamaron por el altavoz (risas otra vez con la forma en que pronunciaron el nombre de Sergio) y allí que nos fuimos, con un cachondeo importante, y nos sacaron con su Polaroid un par de fotos. Eso sí: hay que “arreglarse” para el momento, así que nos dieron unas orejitas de gato (puedes escoger entre un montón) y posamos haciendo posturitas para la foto. ¡Jajaja! Venga, va, os damos permiso para reíros:

foto con la maid del maid café de Akihabara

Todo esto que estoy contándoos, se queda corto con lo que realmente vivimos allí. Pero es que es difícil explicar con palabras. ¡Hay que vivirlo in situ! Así que si vais a Tokio, no os perdáis acudir a un maid café. Nosotros no descartamos, ni mucho menos, repetir…

Cuando salimos de nuevo a la calle, ya había oscurecido prácticamente y en ese momento fue cuando las luces se hicieron más llamativas aún en todo Akiba:

barrio de Akihabara en Tokio durante la noche 1

barrio de Akihabara en Tokio durante la noche 2

Seguimos dando un paseo por la calle principal, Chuo-dori, y luego volvimos sobre nuestros pasos para dirigirnos hacia la estación y cenar por allí, en un restaurante de sushi que habíamos visto. Era de estos giratorios, donde la cinta va pasando con los platos, tú escoges los que quieres y luego pagas en función de los platos que hayas comido; pues bueno, ese día el cocinero debía tener excedente de wasabi porque los platos no podía picar más. ¡Madre del amor hermoso! Enganchados al agua estuvimos cada vez que comíamos un trozo de suhi. Uff… Nosotros que nos somos muy aficionados al picante, ese día comimos más que en toda nuestra vida.

Ya era hora de volver al hotel porque estábamos reventaditos. Nuestro primer día en Tokio había sido completo y, como os decía al inicio del post, muy variado.
Desde Akihabara Station, fuimos caminando hasta la parada de Iwamotocho, a unos 10 minutos yendo tranquilamente; desde allí, cogimos la línea de metro de Shinjuku hasta Shinjuku-sanchome y, de ahí, ya sabéis: en 5 minutos en nuestra casita tokiota…

Llamé a mi casa porque ese día, 26 de Mayo, es el cumple de mi madre: ¡felicidades mami! 😉 Y nos fuimos a dormir.
Al día siguiente tocaba excursión y había que madrugar así que ¡a descansar toca!

 

 

 

GASTOS DEL DÍA:

pizzas Parque Ueno: ¥720
entrada Zoo Ueno: ¥1200
comida “Starbucks”: ¥2677
maid café: ¥3888
cena sushi: ¥2050

TOTAL:  ¥10535 (aprox. 79€)

 

 

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