Jueves, 12 de septiembre de 2013.
Al contrario que ayer, para el día de hoy teníamos previstos un montón de planes, por lo que sí nos levantamos un poquito más temprano, aunque tampoco nos hizo falta el despertador porque nos despertamos antes de que sonara. Creo que el subconsciente me funciona a tope durante las vacaciones…

Empezamos el día desayunando en el propio hotel, pero no en el “Café Bellagio”, más que nada porque no queríamos volver a gastarnos los casi $60 de ayer, que había sido un capricho. En esta ocasión elegimos “Palio”, una cafetería muy chula y muy “al uso” de lo que nosotros conocemos como tal, es decir, nada de tipo Starbucks. La decoración, como su nombre indica, está basada en el Palio de Siena, la carrera de origen medieval que se celebra en la ciudad italiana. Nos tomamos dos cafés enoooormes y dos bollos muy ricos y nos gastamos como unos $12.

Café Palio en el Bellagio de Las Vegas

Sergio en el Café Palio del Bellagio en Las Vegas

Cuando acabamos de desayunar, pusimos rumbo al Luxor, donde se encuentra la exhibición sobre el “Titanic” para la cual teníamos entradas, ya que a mí me encanta todo lo relacionado con la historia del barco.
Como ya sabemos que las distancias entre hoteles, a pesar de parecer pequeñas, se pueden hacer eternas caminando, decidimos ir hasta el Monte Carlo en el trenecito que lo conecta con el Aria –que está al lado del Bellagio- y una vez allí nos bajamos para hacer el resto del camino caminando y hacer fotos de los hoteles que hay por esa zona: el New York-New York  (que estaba en obras) y el Excalibur.

Hotel New York-New York de Las Vegas

Hotel Excalibur en Las Vegas

Por el momento, no los visitamos porque queríamos ir de frente al Luxor y ver la exposición. Una vez allí, nos costó un poquito encontrar el sitio donde estaba, pero preguntando se solucionó el problema: había que subir al primer piso. Está justo al lado de otra exposición muy famosa en todo el mundo: la de “Bodies”, que también nos habría gustado ver, pero ya no nos dio tiempo. Allí, al igual que con el resto de entradas de días anteriores, tuvimos que canjearlas porque el modo de recogida era will call (ya os hablé de ello en etapas anteriores). Las compré en la web de Vegas.com y fueron $64 para los dos.
Pues nada, las canjeamos y a pesar de que nuestras entradas ponían que eran para las 12:00, pudimos entrar igualmente aunque fuese más temprano. Estábamos solos y disfrutamos muchísimo de todo. No puedo enseñaros fotos porque está prohibido hacerlas, pero os digo que si os gusta la historia del Titanic, merece la pena ir. No voy a entrar en muchos detalles, solo os cuento un par de cosas: al inicio de la visita, te dan una tarjeta emulando las tarjetas de embarque que se dieron a todos los pasajeros del barco en su día, con el nombre de uno de ellos, en qué clase viajaban, con quién,…; hay que guardarla, porque al final de la exposición, sabrás qué suerte corrió ese pasajero, si sobrevivió o fue uno de los fallecidos. Me pareció algo muy interesante. También firmamos en el libro de visitas. ¡Ah! Y otra cosa impresionante: se expone un trozo del barco, el “Big Piece”; se trata de la mayor pieza recuperada del fondo del océano donde está el barco, un mastodonte de 15 toneladas de peso y que te da una idea de la grandeza del Titanic.
Como os decía, nos encantó la visita. Por cierto, que no os lo dije: una vez allí cogimos una audio-guía que, si no recuerdo mal, fueron $12 para los dos. Muy bien invertidos, por cierto, porque te narra diversas historias y cuenta todo de una forma muy amena. Estuvimos allí como una dos horas, más o menos.

Lidia a la entrada de la exhibición sobre el Titanic en el hotel Luxor de Las Vegas

Cuando salimos del Luxor, después de dar un paseín por dentro y hacer alguna que otra foto, nos acercamos hasta el Mandalay Bay. La idea que teníamos, puesto que lo habíamos leído en algún sitio, era subir a la terraza desde donde hay unas vistas de la ciudad muy chulas. Peeeeeero… ¡no encontramos cómo subir! ¿Os lo podéis creer? ¡Jajaja! En fin, venga, que os dejo que os riáis de nosotros.
Pues nada, cogimos de nuevo el tren que une algunos hoteles para ir hasta el Excalibur, pero antes hicimos una para en el exterior del Luxor para hacer estas fotos (es que uno de mis viajes pendientes es a Egipto, así que mientras tanto… jijiji):

hotel Luxor en Las Vegas 1

hotel Luxor en Las Vegas 2

Bueno, pues el motivo de acercarnos hasta el Excalibur era probar una cosa que nos llamaba la atención y ya habíamos visto en el anterior viaje: el “oxygen bar”, o bar de oxígeno. ¡Flipante! Si es que lo que no hay en Las Vegas… Bueno, al menos yo no lo había visto en ningún otro sitio antes.

bar de oxígeno en el hotel Excalibur de Las Vegas

Es como una barra de bar pequeñita que hay por varios sitios del casino. El funcionamiento es el siguiente: en la nariz, te pones un respirador –cánula- como el típico de los hospitales, que va enchufado a varios recipientes que tienen distintos compuestos de oxígeno puro con varios aromas a elegir (eucalipto, limón, lavanda…), los cuales puedes graduar de la forma que tú quieras. Además de esto, en la zona de la espalda que tú quieras te ponen unos parches (tipo a los que te pone el médico cuando haces un electrocardiograma) que van conectados a una especie de ipod pequeñito, que tú controlas, y que te va dando masajes de diversos tipos. Todo eso suena muy raro, ¿verdad? Lo cierto es que estando allí, Sergio y yo nos mirábamos y nos reíamos, porque sí que nos parecía algo muy extraño. ¡Pero nos gustó un montón! Jajaja… Además, la chica que nos atendió era majísima y muy habladora; nos contó que hacía tres meses, justo enfrente del bar había habido un tiroteo… Al parecer, un tío se enteró que su chica le había sido infiel y ni corto ni perezoso, había ido a buscarla y le había pegado un tiro, suicidándose después. ¡Qué historia! ¡Yo alucinaba! Una no escucha todos los días cosas así… ¡al menos en mi pueblo!

Sergio y Lidia en el bar de oxígeno del Excalibur en Las Vegas

Pues nada, que una vez bien oxigenados nos salimos del casino y nos acercamos a dar una vuelta por el MGM. Allí no estuvimos mucho rato porque ya lo habíamos visto en nuestro anterior viaje. Eso sí, antes de irnos le hicimos una visita al “jefe”…

león del hotel MGM de Las Vegas

Seguimos por esa acera del Strip hacia arriba, hasta llegar a las tiendas de “M&Ms” y “Coca-Cola”, que están las dos juntas. En la primera entramos, pero enseguida salimos porque es prácticamente igual a la que hay en Londres, donde ya habíamos estado este pasado abril. Sin embargo en la de Coke… eso fue otra historia…

Es una tienda enorme, de 3 pisos, si no me equivoco. Al principio nuestra idea era echar un vistazo a lo que había. No teníamos intención de comprar nada, pero deambulábamos por allí mirando todo. Cuando llegamos al último piso, vemos que hay un bar y veíamos que la mayor parte de la gente salía de la barra con dos bandejas repletitas de diversos vasos con líquidos de color distinto… Después de “investigar” un rato, nos enteramos de que se trataba de lo que llamaban “Tastes of the World”: son en total 8 vasitos por cada bandeja con diversos tipos de coca-cola de todo el mundo. Decidimos probarlo, aunque yo no soy mucho de este tipo de bebida, pero me parecía interesante: una cata de cola… jijiji.

bandejas de coca-cola en la tienda de Las Vegas

Cogimos nuestras bandejas y nos sentamos en una mesita justo al lado de la barra. Los vasos vienen numerados, como podéis ver en la foto, y nos disponíamos a empezar con la primera bandeja, cuando se acercó el señor de seguridad de la tienda (un amable caballero con “sus años”) y me dijo: “Ten preparada la cámara cuando pruebe la número 7 de esta bandeja…”, a la vez que sonreía de una forma muy “malévola”. Pues nada, como somos muy obedientes, así lo hicimos; Sergio fue el primero en probarla y yo, ¡cómo no!, preparada con la cámara. Le echó un trago y durante los dos primeros segundos no paso nada pero al tercero…. ¡jajajaja! La cara que puso fue de morirse de la risa. ¡Aunque creo que a él no le estaba haciendo nada de gracia!
(NOTA: la foto es en los segundos previos a tragar la bebida… y el señor que veis a la izquierda, es el que nos dio “el consejo”).

Sergio probando la coca-cola "Beverly" en el bar de Las Vegas

Pero claro, después fue mi turno y esta vez, el muy… de mi marido no se conformó con hacer una foto, no… ¡hizo un vídeo! Como en ciertas ocasiones ya no sé lo que es tener vergüenza, pues aquí os lo pongo….

 

Y a todo esto, mientras nosotros sufríamos la “Beverly” –así es como se llama este tipo de coca-cola-, el señor de seguridad pasaba por allí y se partía de la risa viendo nuestras caras. ¡Qué capullo, el tío! ¡Jajajaja! La verdad es que el hombre tenía su gracia y era de lo más amable, después de todo.

Es el día de hoy y aún , cada vez que nos acordamos de la dichosa bebida, nos da un “respigo”, como decimos por Asturias, vamos, que se nos ponen los pelos de punta.
Por cierto, que no os penséis que nos quedamos con “Beverly”: probamos todas y cada una del resto de cokes. ¡Madre mía, qué cantidad de líquido! Había algunas horribles, pero ninguna tanto como nuestra querida amiga italiana…

Lidia en la tienda de Coca-Cola de Las Vegas

(NOTA: en la foto de arriba, me estoy partiendo de la risa porque mientras Sergio estaba haciéndola, pasó el ya conocido señor de seguridad y me preguntó “si me había gustado la Beverly”. ¡Qué guasita, el tío!)

Salimos de la tienda y nos fuimos directamente al hotel Paris, que no estaba demasiado lejos. La idea era comer en el buffet, del que había leído maravillas, pero era ya muy tarde, había una cola enorme para entrar y llevábamos el estómago demasiado lleno como para comer de buffet. Total, que justo en frente había una crepería y nos pillamos un par de crêpes salados… ¡qué malos! Aquello acabó por dejarnos muertos para un buen rato. Nos encontrábamos los dos fatal, así que decidimos ir a dormir la siesta. Total, teníamos el hotel enfrente…

Cuando nos despertamos eran como las 6 de la tarde. Nos duchamos y nos pusimos guapetes para ir más tarde a ver “Absinthe”. Pero como aún era temprano cuando salimos y ya había anochecido, aprovechamos para salir con el trípode y la cámara grande y sacar algunas fotos a la ciudad por la noche. Solo por los hoteles de alrededor del Bellagio porque no queríamos alejarnos mucho, ya que tendríamos que volver a la habitación para dejar los bártulos y no ir cargando con ellos al espectáculo.

hotel Bellagio en Las Vegas

hotel Planet Hollywood en Las Vegas

hotel Flamingo en Las Vegas

hotel Paris en Las Vegas

Cuando ya se estaba acercando la hora del show, nos acercamos al “Spiegeltent” y canjeamos las entradas (will call, de nuevo).
La historia de escoger el show que veríamos en Las Vegas fue un poco lío porque le dimos muchas vueltas y miré muchas webs para ver qué había interesante. En el anterior viaje habíamos visto “Ka”, del Cirque du Soleil, y en este estuve a punto de repetir con la compañía. Había leído muy buenas críticas de “Le Rêve” y seguro que no nos decepcionaría, porque todos los espectáculos que hemos visto del Circo nos han encantado, pero en esta ocasión queríamos ajustar un poco el presupuesto en este aspecto y la verdad que las entradas eran un poco más caras de lo que queríamos gastar. Después de mucho mirar, estábamos a punto de tirar la toalla y no ir a ver ningún show, hasta que vi un tweet. Sí un tweet, concretamente del actor Neil Patrick Harris (no sé si lo conocéis, es Barney en la serie “Cómo conocí a vuestra madre”), donde hablaba maravillas de “Absinthe”. Por pura curiosidad, entré en la página del show y leí de qué iba, así como varias críticas, y empecé a interesarme por él. Se lo enseñé a Sergio y le gustó la idea. Además, las entradas no eran tan caras como para otros espectáculos. Así que, sin pensarlo mucho más porque ya tenía la cabeza loca en este aspecto, compramos los tickets a través de la propia web. ¡Y no nos arrepentimos para nada!

¿El show? ¡Fantástico! “Awesome”, como dirían los americanos. A ver cómo lo explico: es una mezcla de un humor políticamente incorrecto, bastante soez pero que te mueres de la risa, mezclado con números de equilibrismo, patinaje, … impresionantes. La verdad que se pasan bastante con algunas cosas, pero hay que ir con la mente abierta y no darte vergüenza nada. El chico que estaba a mi lado, con el que estuvimos hablando antes de empezar el show, no hacía más que decir “Oh my God!”, todo el rato, echándose las manos a la cabeza. ¡Sergio y yo llorábamos de la risa! ¡Qué bestias! La verdad que nos lo pasamos genial, fue una de las mejores noches de todo el viaje.

Cuando acabó, nos fuimos riendo todo el camino hasta el hotel y todavía hoy nos partimos cuando alguno de los dos dice alguna frase de las del show. ¡Viva la absenta! ¡¡¡Y VIVA LAS VEGAS!!!

Lidia con el cartel de Absinthe en Las Vegas