Domingo, 15 de septiembre de 2013.
Habíamos dormido estupendamente, pero a las 7 de la mañana tocó el despertador. Hoy el día se avecinaba interesante, cuanto menos. Nos preparamos y lo primero que hicimos fue bajar a desayunar (este era el único hotel en el que teníamos el desayuno incluido). Lo cierto es que tampoco fue gran cosa; era tipo buffet pero no había mucho donde escoger: unos cafés, un zumo y unos bollos… Pero bueno, como habíamos cenado bien, tampoco es que nos levantásemos hambrientos. Subimos a recoger todas las cosas y mientras Sergio metía todo en el Tucson yo hice el check-out; rápido, como siempre, y sin ningún problema.

Cuando salimos con el coche… wow! ¡El pueblo era una maravilla! Como habíamos llegado cuando ya era de noche, no nos habíamos dado cuenta de lo bonito que era, pero ahora de día, la cosa cambiaba. Ahora sí que nos daba pena no haber podido disfrutarlo más. ¡Era de peli! A Sergio le gustó tanto, que se pilló un folleto de Real Estate (venta y alquiler de casas), “por si le apetecía comprarse alguna”… ¡jajaja!
Antes de irnos definitivamente del pueblo y poner rumbo a Yosemite, paramos en un sitio del que había oído hablar: “Shat’s Bakery”. ¡Madre mía! Había de todo: un motón de tipos de pan, bagels, pasteles, bollos… ¡una locura! Y muchísima gente, también. Hicimos un poco de cola y nos cogimos unos bagels con una pinta buenísima, para hacernos un picnic a la hora de comer, ya dentro del parque.

Shatt's Bakery en Mammoth Lakes

Ahora sí, ya empezaba nuestra ruta a Yosemite. Íbamos bastante nerviosos –especialmente yo- porque con el tema del incendio que se había producido unas semanas antes, no sabíamos si el paso por Tioga estaría abierto. Llevábamos “plan B”, gracias a María, de “Callejeando por el Mundo”, que nos lo pasó tras mis súplicas de última hora antes de comenzar el viaje…jeje… Muy útil, pero esperábamos no tener que utilizarlo. Yo iba casi rezando, como quien dice.
En fin, a una media hora de llegar a la desviación para coger la carretera… ¡susto de muerte! Ponía “road closed”. ¡¡¡Noooo!!! No me lo podía creer: habíamos llegado hasta allí y ahora resultaba que la carretera iba a estar cortada. Mi corazón se puso como a dos mil por hora, pero Sergio, que es más tranquilo que yo, siguió las indicaciones del GPS y a unos metros giró a la izquierda, donde mi corazón se aceleró aún más pero por la alegría que me dio al ver el cartel de: “Tioga Road Open”. ¡Vivaaaaa! Yo creo que ese intervalo como de 2-3 minutos que pasaron desde un cartel a otro fueron los instantes más intensos de todo el viaje. ¡Jajaja! Y cuando mi estado de ánimo pasó de la más absoluta desolación, a la alegría más inmensa. Nunca la visión de un cartel de carretera me había dado tal subidón.

Toga Pass, al inicio del Parque Nacional de Yosemite

Pues nada, un poquito más adelante, ya se encuentra el paso al parque, donde tienes que pagar –si no llevas el pase anual- los $20 que te da derecho a estar en Yosemite, si no recuerdo mal, durante 7 días.

entrada al Parque Nacional de Yosemite

Una vez ya dentro del parque, nos vamos haciendo una pequeña idea de lo que vamos a ver ese día. Nosotros somos del norte, de Asturias, y estamos acostumbrados a parajes verdes, lagos, bosques… Aún así, Yosemite nos encantó. Es inmenso y, a cada paso que dábamos, cada parada que hacíamos, nos quedábamos sin palabras.

Lo primero que encontramos en nuestra ruta fue “Dana Meadows”, por donde fuimos parando en alguna que otra ocasión para dar algún paseíto, sacar fotos,… Siguiendo por esta carretera, llegamos a “Toulumne Meadows”, una pradera gigantesca e impresionante, donde pudimos ver por vez primera, los avisos que los rangers hacen acerca de los osos: si la intención del visitante es quedarse a dormir en los diversos puntos de acampada que hay dentro del parque, siempre hay que dejar la comida y bebida dentro de unos contenedores dispuestos para ello, ya que el olor de los alimentos, puede atraer a los osos…

aviso de los rangers de Yosemite sobre los osos

Toulumne Meadows, en el Parque Nacional de Yosemite

Siguiente parada: “Tenaya Lake”. Se trata de un lago enorme, con una pequeña “playita” la cual aprovechamos muy bien. Dejamos el coche a un lado de la carretera, en una zona adaptada para ello y nos fuimos caminando hasta la playa. Allí disfrutamos de los bagels que habíamos comprado en Mammoth Lakes, al sol, con unas vistas inmejorables y una paz inmensa. Por cierto, el agua no estaba tan fría como cabría esperar…

Tony Lake, en el Parque Nacional de Yosemite

Lidia y Sergio en Tenaya Lake, Yosemite

Después de estar un buen rato en el lago, volvimos al coche y seguimos con nuestra ruta. A estas alturas ya nos habíamos enamorado de Yosemite… ¡y lo que nos quedaba aún!
“Olmsted Point” sería nuestro siguiente destino. Desde ahí no se sacan fotos…¡se sacan postales! Justo al lado, sin necesidad de mover el coche, hay un gran púlpito de granito. Nos encaramamos arriba del todo y tuvimos unas vistas del Tenaya Lake de 360º. Aquello no se puede describir con palabras. De hecho, no encuentro ninguna foto que me guste tanto como para que os hagáis una idea de lo que es, así que he decidido no subir ninguna de las vistas… jeje…

Sergio en Olmsted Point,en Yosemite

A partir de aquí, decidimos seguir camino directo hacia el valle, hasta donde hay un buen trecho. Sin embargo, el camino no se hizo nada largo porque seguíamos maravillados con todo lo que nos rodeaba.
Además, al cabo de un rato de ir conduciendo, nos llevamos el otro susto del día. De repente, vemos unos cuantos coches delante nuestro que estaban parados y un par de rangers hablando con los conductores. ¿Qué pasa? No estará cerrada la carretera y tendremos que dar la vuelta… De nuevo el corazón acelerado. Cuando llegamos a la altura de uno de los ranger, bajamos la ventanilla y nos dice que la carretera sigue abierta (¡uff…menos mal!!), pero que durante un trayecto de unos 20 minutos tendremos que reducir la velocidad a un máximo de 25 millas/hora, ya que estaremos en la zona del incendio y todavía hay patrullas de bomberos trabajando.
Lo cierto es que era increíble, al pasar por esa zona, ver todavía humo del incendio y si abrías las ventanillas, se podía oler. ¡Qué pena toda esa parte de bosque quemado! La verdad que tuvimos suerte de que estuviera todo abierto para la fecha en la que fuimos. Fijaos en esta foto, cómo se aprecia un poco el humo que aún sobresalía de ciertas zonas…

restos del incendio que tuvo lugar en Yosemite unas semanas antes

Una vez ya en el valle, nuestra siguiente parada era “Bridalveil Falls”, pero nos pasamos el desvío y acabamos en “Tunnel View”, desde donde hay unas vistas fantásticas del “Half Dome”, “El Capitán” y las Falls.

Lidia con el Half Dome y el Capitán, de fondo, en Yosemite

El Capitán, en el Parque Nacional de Yosemite

Aunque había un trecho de vuelta, por habernos equivocado, íbamos con tiempo suficiente, así que dimos la vuelta para ver las “Bridalveil Falls”. Creíamos que debido a la época del año no iban a tener mucho agua, pero igualmente nos acercamos hasta allí. Seguro que valdría la pena. ¡Y así fue! Apenas bajaba agua pero hubo un momento en que cayeron “unas gotitas”… ¡Qué lástima! Seguro que en otra época del año ese lugar sería todavía más bonito. No pondré ninguna foto, porque no se aprecia apenas la catarata… 🙁

Volvimos a ponernos en ruta hacia “Yosemite Village”. En una de nuestras múltiples paradas para seguir disfrutando de la naturaleza, nos acercamos a un pequeño riachuelo y nos encontramos con unos amigos…

ciervos salvajes en el Parque Nacional de Yosemite

Es increíble lo acostumbrados que deben estar estos animales a los humanos. Vamos, digo yo que será así, porque “nos permitieron” acercarnos muchísimo a ellos y en ningún momento nos sentimos en peligro. ¡Qué maravilla!

De la que seguíamos hacia nuestro siguiente punto hicimos otra parada, por recomendación de distintos blogs que leímos, en el “Ahwahnee Hotel”. Lo cierto es que alojarse allí debe ser un gustazo: los alrededores, el ambiente, la gran chimenea del salón,… Todo invita a quedarte. Sin embargo, debido a algunas obras que se estaban llevando a cabo, había zonas que estaban un poquito descuidadas. Pensamos en tomar algo en la cafetería o en el restaurante, pero ninguno de los dos teníamos mucha hambre, así que simplemente aprovechamos para ir al baño y seguimos en marcha, no sin antes hacernos unas cuantas fotos y darnos un paseo por el lugar.

salón del Hotel Ahwahnee, en Yosemite

hotel Ahwahnee, en Yosemite

En nuestra ruta la siguiente parada era “Glacier Point”. En principio son unos 30 minutos de carretera, pero lo cierto es que se nos hizo bastante largo. Es una carretera complicada, con muchas curvas, en algunos casos muy estrecha… Yo ya me estaba arrepintiendo de ir porque hasta me estaba mareando, ¡y yo no me mareo nunca! Pero una vez allí… ¡menos mal que no decidimos dar la vuelta a mitad de camino! El mareo y malestar se me quitó en el mismo momento que me acerqué al mirador. Todo Yosemite es maravilloso, pero para mí este punto es lo más bonito de todo lo que vi ese día.

cartel indicativo a la llegada de Glacier Point, en Yosemite

Lidia en Glacier Point, con Half Dome de fondo

Sergio en Glacier Point, con Half Dome de fondo, en Yosemite

En este lugar es donde más fotos hicimos porque no hay rincón que no nos llamase la atención. No hay palabras para explicar lo que sentí estando allí… Estuvimos un buen rato, aparte de haciendo fotos, dando un paseíto, encaramándonos en todos los sitios que veíamos, … en fin, disfrutándolo.

Cuando nos dimos cuenta, el tiempo había pasado volando y teniendo en cuenta que aún nos quedaban como unas dos horas para llegar al hotel, decidimos no hacer más paradas. Sólo hicimos una “sobre la marcha” cuando pasamos al lado del “Wawona Hotel”. Nos dio un poco de pena no parar más rato, pero el cansancio y las ganas de llegar a Mariposa pesaban más que ninguna otra cosa.

Nuestra llegada al hotel fue un poco “rara”. Os explico por qué: todo el camino lo hicimos por un paraje que seguía siendo espectacular. Hasta tal punto estábamos inmersos en plena naturaleza que, a falta de unos 200 metros para llegar, no veíamos que aquello fuese a ser un pueblo, Mariposa. Yo ya estaba empezando a ponerme nerviosa pensando que el GPS se había equivocado y no estábamos en el sitio correcto, cuando de repente, al dar una curva, ante nosotros aparece un pueblo de película. ¡Era como si lo hubiesen puesto allí, de repente, a nuestro paso! Y a mano derecha ya aparecía el cartel del hotel: “The Mariposa Lodge”.

cartel del hotel Mariposa Lodge, en Mariposa

entrada al Mariposa Lodge, en Mariposa

Lo primero que hicimos fue dejar el coche en uno de los sitios del parking y nos acercamos hasta la recepción para hacer el check-in. Allí nos atendió una chica, Jessica, que era un encanto. Nos dio la llave de nuestra habitación y las indicaciones sobre el hotel, así como una recomendación para ir a cenar, si no teníamos planes. Cuando entramos en la habitación nuestra expresión fue… ¡Wow! Aquello era enooooorme. Y nos encontramos con una nota dándonos la bienvenida, nos pareció un detalle muy chulo.

nuestro coche delante de la habitación del Mariposa Lodge, en Mariposa

habitación del Mariposa Lodge en Mariposa

detalle del hotel Mariposa Lodge, en Mariposa

Cambiamos el Tucson de sitio para tenerlo justo delante de nuestra puerta (cada habitación tenía su lugar), bajamos las maletas, nos arreglamos un poquito y fuimos al restaurante que Jessica nos había recomendado, que estaba cruzando la carretera. Era precioso y comimos… ¡uff! Estaba todo espectacular. El sitio se llama “Charles Street Dinner House” y os lo recomiendo 100%. Comimos de entrada unas patatas (“potato skins”)… ¡que quitaban el “sentío”! Jejeje… Fue una de las mejores cenas del viaje.

Y ya, finalizado el día, nos fuimos a dormir con el estómago bien lleno, las piernas muertas y la sensación de haber pasado uno de los mejores días de nuestra vida. ¡Thank you, Yosemite!

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