Dallas es una de las ciudades más míticas de Texas. Probablemente el motivo por el que más se le conoce es por haber sido el lugar del asesinato de JFK, 35º presidente de Estados Unidos. Pero más allá de este triste capítulo de la Historia, Dallas tiene muchas más cosas que ofrecer a quien lo visita.
Os contamos algunas de ellas:

 

1. Visitar The Sixth Floor Museum. Este era mi mayor motivo para visitar Dallas. Aquellos que me conocéis un poco sabéis mi adoración por la figura de JFK y esta visita la tenía pendiente desde hace muchos años.
El lugar desde donde Lee Harvey Oswald disparó, y supuestamente…ejem, mató a Kennedy aquel fatídico 22 de Noviembre de 1963, es a día de hoy un museo dedicado tanto al presidente como a todo lo acontecido ese día y los días posteriores.


En el precio de entrada está incluida la audioguía. La narración corre a cargo de Pierce Allman, el primer reportero en escena en el Texas School Book Depository (que en 1963 se situaba en este edificio) el día del asesinato. Es muy entretenida y narra muy bien todo lo que se puede ir viendo en el museo. Éste está dividido en varias exposiciones permanentes, muy bien diferenciadas unas de otras. Podría pasarme horas hablando de todo lo que se puede ver en el museo, pero os aburriríais de leerme, creedme. Sólo voy a nombrar algunas de ellas para que os hagáis una idea: el anuncio del periódico Dallas Morning News de un grupo de hombres de negocios de la ciudad, presentando las políticas del presidente; el traje y el sombrero que llevaba Jack Ruby en el momento que asesinó a Lee Harvey Oswald; la cámara con la que Abraham Zapruder filmó toda la escena del asesinato (imágenes que han pasado a la Historia y que yo habré visto cientos de veces); o la esquela y el anuncio del funeral de Kennedy acontecido el 25 de noviembre de ese año.






La ventana de la esquina, donde Oswald estaba apostado para realizar los disparos, está protegida por paredes de vidrio para que se pueda ver, pero no alterar. Se recrea la escena tal y como fue, basándose en fotografías del día del crimen.
Además se puede ver una réplica del rifle Mannlicher-Carcano encontrado en el esquina noroeste del sexto piso. Arma con la que, supuestamente, Oswald realizó los disparos. El arma verdadera, por cierto, se encuentra en los Archivos Nacionales, en Washington DC.


Personalmente, esta es la visita que más me gustó de todo Dallas. Claro está, ya iba predispuesta a ello. Y debo decir que incluso se me saltaron un poco las lagrimillas de emoción al poder estar en ese lugar, tanto tiempo ansiado por mí.

 

2. Acercarse al Ronald Kirk Pedestrian Bridge, para ver en la distancia uno de los puentes más emblemáticos de Dallas: el Margaret Hunt Hill Bridge. Desde este paseo se obtienen unas vistas buenísimas del skyline de la ciudad. El día que nosotros fuimos estaba nublado, pero aún así mereció la pena acercarse.

 

3. Visitar el Old Red Museum of Dallas County History & Culture. ¡Casi nada con el nombre! Este museo es símbolo de la herencia de la ciudad, ya que está dedicado a contar la variada historia cultural, económica, política y social de Dallas. Fue construido en 1882 y es uno de los edificios que más llaman la atención por su color rojizo.
He de decir que nosotros no lo visitamos. Estaban restaurándolo en ese momento (siempre nos encontramos algún lugar con andamios allá donde vayamos) y decidimos no entrar. Pero sí que nos encantó su arquitectura:


Lo que no nos gustó tanto es el gran memorial que hay justo en la plaza de delante: el JFK Memorial Plaza. Mira que tengo vistos memoriales, monumentos y demás, dedicados a Kennedy… Y casi todos suelen gustarme bastante. Pero este me pareció un verdadero horror. Este cenotafio, o tumba abierta, es un mamotreto de hormigón de 9 metros de altura y 15 de ancho, con dos aberturas estrechas en los lados norte y sur. Lo dicho: un horror para mi gusto.

 

4. Asombrarse con el monumento de bronce más grande del mundo en Pioneer Plaza. Esta plaza conmemora los comienzos de la ciudad de Dallas, al celebrar los senderos que llevaron a los colonos hasta allí. El sitio cuenta con plantas  árboles nativos, y una recreación de una unidad de ganado en bronce de los característicos longhorns (vacas de cuernos largos) texanos, conducidos por tres vaqueros a caballo. Cada uno de ellos fue creada por el artista Robert Summers, oriundo de Texas.
Caminar entre tal cantidad de estatuas es bastante impresionante.




 

5. Entrar en alguna de las tiendas de cowboy que hay por la ciudad y aprovisionarse de un buen equipamiento para ser un verdadero vaquero. 😉
Nosotros fuimos en dos ocasiones a ‘Wild Bill’s Western Store’. Es gigantesca y en ella, además de botas, sombreros y ropa de cowboy, también hay una pequeña parte al fondo con souvenirs de Texas. La primera vez que fuimos, yo me compré un sombrero (de los baratillos, que hay unos precios alucinantes) y algún que otro detallito para los amigos. La segunda vez, después de mucho pensármelo, me compré unas botas camperas. Nos tiramos una hora en la tienda para escogerlas, probarlas, que nos explicaran cómo hay que llevarlas, quitarlas (sí, señores, tiene su truco) y cuidarlas. Nos atendió un señor muy majo que nos enseñó cómo estaban hechas y, ahí amigos, es donde nos dimos cuenta el porqué del precio tan elevado de muchas de ellas.

 

6. Pasear por los terrenos del Dallas Heritage Village para conocer cómo era la vida hace más de 100 años para los tejanos comunes. Y es que este museo al aire libre es el hogar del mayor número de casas victorianas y edificios comerciales pioneros del siglo XIX en Texas, incluyendo un tipi y una granja de la época de la Guerra Civil. Su misión es recopilar, preservar y enseñar la historia de Dallas y el norte del estado, desde 1840 a 1910.
Desafortunadamente nosotros tuvimos muy mala suerte el día que nos acercamos a visitarlo. Y es que la noche anterior se había producido un incendio enorme en un edificio justo al lado del Village (noticia que ese día salió en todos los informativos porque al parecer se trataba de un edificio histórico) y por culpa del humo que se había formado, el museo permanecería cerrado. ¡Una verdadera lástima! Y es que llevábamos esta visita como uno de los platos fuertes de Dallas…. En fin, ¿qué se le va a hacer?

 

7.  Acercarse a la triangular Thanksgiving Square. Esta plaza supone un lugar de descanso y meditación, en pleno centro financiero y comercial de Dallas. La Plaza de Acción de Gracias fue concebida como un lugar para “afirmar la realidad de la gratitud como una raíz común entre religiones, culturas y tradiciones de todo el mundo”.
Su construcción comenzó en el año 1973 y finalizó 3 años más tarde, siendo considerada por el presidente de entonces, Gerald Ford, como un importante santuario nacional.
La entrada ceremonial de la Plaza es la denominada “Sala de todas las Naciones”, con tres grandes campanas de bronce que convocan diariamente al mundo a celebrar el agradecimiento. Detrás, el “Anillo de Gratitud”, fabricado en oro y aluminio y con una altura de 4 metros.


También  llama la atención La Capilla de Acción de Gracias, el centro espiritual de la Plaza. Con su forma de espiral que se eleva hasta 30 metros por encima del suelo, representa el avance infinito del espíritu humano. En su interior se da la bienvenida a los visitantes de todos los credos.


A apenas 300 metros de la plaza, hacia el sur, en Main Street podemos ver el Giant Eyeball. Es una escultura realista en forma de ojo humano, hecha en fibra de vidrio y con  una altura de 9 metros. Está dentro de un jardín vallado. Cuando fuimos estaba cerrado, pero el ojo se ve perfectamente… jeje.

 

8. Pasear por el tranquilo Lakeside Park y saludar a sus preciosas esculturas gigantes de ositos de peluche. Al norte de la ciudad, en el área de Highland Park, este pequeño remanso de paz está situado en una zona con las típicas casitas americanas de garaje y jardín al frente. Bueno, y las no tan típicas, porque en la calle Lakeside Drive pueden verse unas mansiones impresionantes. No estaría mal vivir en una de esas… 😉




 

9. Subir a la Reunion Tower para tener las mejores vistas de Dallas. También conocida localmente como ‘The Ball’ fue inaugurada en 1978 como parte de un proyecto de urbanización y renovación de las zonas de Union Square y Union Station.
La torre consta de tres pisos con planos de planta circular sobre cuatro ejes de hormigón.



Aprovechando esta foto y haciendo un inciso con la torre (que es la que veis al fondo), también aprovecho para hablaros del famoso ‘Pegasus’, el cartel del caballo alado. Antes estaba situado en otro lugar de la ciudad, pero ahora se sitúa en las afueras del hotel Omni, a 10 minutos a pie de la Torre. Por la noche está iluminado y es todo un icono de Dallas.

La plataforma de observación se encuentra en la planta más baja de la esfera y se llama ‘GeO-Deck’. La instalación interior incluye una experiencia digital interactiva con información sobre los monumentos de Dallas, la propia Torre y el asesinato de JFK. Tanto esta como el exterior cuentan con  unas vistas de 360 grados, con telescopios en todas direcciones.
Nosotros escogimos subir al atardecer, para así poder ver la ciudad desde las alturas tanto de día como de noche, y poder también observar la puesta de sol.




(Las 2 X pintadas en el suelo marcan los lugares exactos donde Kennedy recibió los disparos. Es muy curioso que los coches, siempre que pueden, evitan pisarlas. Nosotros también lo hicimos las veces que pasamos por allí).



 

10. Por último, si aún te quedan fuerzas después de visitar la ciudad, puedes saciar tu “apetito consumista” en los Grand Prairie Premium Outlets. Con una disposición como muchos otros outlets que ya habíamos visitado -como en Nueva York o Las Vegas-, este pequeño-gran pueblo de tiendas, hizo que nuestra tarjeta de crédito echase humo al final del día. Tiendas como GAP, Nike, True Religion, Levi’s o Under Armour hicieron que nos pasásemos prácticamente el día allí.
Eso sí, al llegar la tarde, nos tomamos un merecido descanso en la piscina de nuestro hotel. 😉