Dicen de San Antonio que allí “lo antiguo es otra vez nuevo”. Se trata de una ciudad con una gran riqueza cultural y con modernas tradiciones en auge. Probablemente se le conozca sobre todo por la Batalla del Álamo, donde los nativos de Texas lucharon por lograr su independencia de México. Sin embargo, la ciudad tiene mucho más que ofrecer: su paseo junto al río lleno de restaurantes y tiendas, museos, parques de atracciones…
Nosotros os damos hoy cinco ideas para pasar un par de días en la ciudad texana.

 

1. Visitar El Alamo y adentrarse en la Historia de la independencia del estado. Para muchos habitantes de Texas, El Alamo es un símbolo de fuerza, valentía y determinación que surge de un pequeño grupo de soldados que demostraron su valor durante aquella batalla, en marzo de 1836. En ella, los combatientes texanos defendieron este fortín frente a las tropas mexicanas que les superaban en número. Éstas aplastaron y asesinaron a casi todos los que estaban allí atrincherados. Aun así la Batalla del Álamo se convirtió en un símbolo duradero de su resistencia heroica a la opresión y su lucha por la independencia, que conseguirían más tarde ese mismo año.


Nosotros nos decantamos por hacer una visita guiada (en inglés) que nos llevó durante una hora por varios puntos alrededor de lo que era antiguamente el fuerte -más grande de lo que se ve hoy en día-. Fue bastante interesante, a pesar de que el número de personas en el tour era bastante grande. La visita finalizó en la iglesia del Álamo, y a partir de ahí, continuamos por nuestra cuenta. Pudimos volver a entrar en la iglesia (donde está prohibido hacer fotos, por cierto), el pozo de la misión, el museo de los barracones (que antiguamente era la residencia de los sacerdotes españoles y posteriormente el hospital para las tropas mexicanas y texanas)… Y algo que nos gustó mucho y que, además, tuvimos la suerte de llegar cuando se producía la exhibición, fue el campamento de Historia viva. Allí, diversos actores vestidos de época, se encargan de representar historias diarias de la vida de entonces. Por ejemplo, cómo se usaban las armas de las que disponían los texanos en su batalla contra Mexico. Y, creednos, tardaban mucho en cargar y disparar ¡y hacían muchísimo ruido!


Fue una visita super interesantísima y donde echamos una mañana completa: desde las 9 que teníamos la visita guiada hasta la hora de comer.

 

2. Pasear por el River Walk, una de las mayores atracciones de San Antonio. Abarca un parque y varios senderos a lo largo del río del mismo nombre. Pero no se trata de un riverfront “normal”, no. En este caso es un canal por el cual discurre a lo largo de 15 millas una calle peatonal (a ambos lados) llena de restaurantes, cafeterías y tiendas de todo tipo. Llama la atención, sobre todo, la zona del downtown, donde las coloridas sombrillas de los diferentes establecimientos llenan de luz las zonas que puedan estar más sombrías por los diversos puentes que cruzan el río.




Como veis en las fotos, por el río pasan un montón de barquitas. Se trata de la empresa ‘Rio San Antonio Cruises’, que organiza tours guiados de 40 minutos por el río, donde además de los distintos lugares por los que vas pasando, también te explican algo de Historia de la ciudad. Nosotros pensamos hacer una visita, pero al final decidimos que nos apetecía más caminar. Así podríamos ir parando en cada tienda o lugar que nos apeteciese.
Por cierto, cuando estuvimos aquí comimos en un ‘Bubba Gump’; sí, el restaurante de Forrest Gump. 😉 Con esta era la tercera vez que probábamos uno. Antes habíamos estado en el de San Francisco y el de Chicago. ¡Y nos encanta! Sobre todo, la margarita de fresa. Jejeje…
Por cierto, a escasos metros en la zona sur del River Walk se encuentra La Villita, con diversas tiendas y restaurantes de productos típicos de México.

 

3. Subir a la Torre de las Américas para contemplar la ciudad desde las alturas. La torre está ubicada en el Hemisfair Park, al este de la ciudad, y ambos se construyeron con motivo de la Feria Mundial de 1968, conservándose tras su clausura.
La torre tiene una altura de 229 metros, el equivalente a un edificio de 68 plantas. En la parte superior se sitúa un restaurante rotatorio y, sobre éste, una terraza circular de observación.
Como es habitual en nosotros, y cuando digo “nosotros” quiero decir “yo” -Lidia-, subir… subimos. Pero ¡lo mal que lo pasé en la subida! Y es que si os fijáis en la foto inferior, los ascensores que llegan hasta arriba van por la parte de afuera y son de cristal de arriba a abajo, o sea que vas viendo tooooodo de la que subes. Obviamente me puse al lado opuesto del cristal y mirando hacia la puerta del ascensor. Y sí, obviamente, todo el mundo se descojonó de mí. Bueno… ya estoy acostumbrada. 😉


Eso sí, después del mal rato, al menos al llegar arriba merecen la pena las vistas. Quizás en San Antonio no sean tan espectaculares como en otras ciudades con edificios más altos, pero aún así pasamos un buen rato allá arriba tomándonos una cerveza típica de Texas. Era una ‘Lone Star’ y no, no nos gustó nada de nada.
Si se tiene tiempo, aprovechando el parking donde se deja el coche para subir a la Torre, se puede dar un paseo por el  Hemisfair Park. Es muy chulo y tiene lugares realmente bonitos para sacarse alguna de esas fotos que tanto nos gusta hacer de vez en cuando…

 

4. Hacer una visita a la Catedral de San Fernando, la más antigua de Estados Unidos. Situada en la Main Plaza, es la iglesia madre de la Archidiócesis de San Antonio y también se le conoce como Catedral de Nuestra Señora de la Candelaria y Guadalupe. ¡Toma ya! Ya veis que muchísimos nombres de la ciudad tienen una herencia claramente española.
Fue construida por inmigrantes de las Islas Canarias, por lo que en el interior hay una imagen de la virgen de la Candelaria, patrona de las islas.


Además, los martes, viernes, sábados y domingos por la tarde/noche, se proyecta sobre la fachada un espectáculo de luz, de 24 minutos, donde se va contando la Historia de la ciudad. Desafortunadamente, a  nosotros no nos coincidió poder verla, pero dicen que es muy interesante.

 

5. Hacer la Ruta de las Misiones. Para seros sinceros, esto fue lo que más nos gustó de San Antonio, junto con el Álamo -que también es otra misión, cuyo nombre real es San Antonio de Valero-. El día que hicimos esta ruta, echamos prácticamente toda la jornada recorriendo las misiones, así que en nuestra opinión merece la pena guardar unas cuantas horas para ella.

En el siglo XVIII, los sacerdotes españoles establecieron 5 misiones católicas a lo largo del río San Antonio. Estas misiones eran mucho más que iglesias: eran comunidades. Cada una era una aldea fortificada, con su propia iglesia, granja y rancho. Aquí los frailes franciscanos reunían a los nativos, les convertían al catolicismo y les enseñaban a vivir como españoles, ayudando así a mantener el dominio español sobre la frontera de Texas.
A día de hoy, estas 5 misiones representan la mayor concentración de misiones coloniales españolas en América del Norte y han sido nombradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Os contamos un poquito de cada una de ellas, aunque de la primera, Misión San Antonio de Valero o El Álamo, ya os hemos hablado en uno de los puntos anteriores.

  • – MISSION CONCEPCIÓN: Nombrada en honor a Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de Acuña. Originalmente fundada en 1712 en lo que hoy es el este de Texas, no fue hasta 1731 cuando se transfirió al sitio en el que la vemos a día de hoy. Esta iglesia de piedra tardó en construirse unos 15 años, y sigue siendo la menos restaurada de las estructuras, además de un excelente ejemplo de la arquitectura colonial española.

 La iglesia es cruciforme, de piedra caliza, con un techo abovedado con una cúpula y campanarios gemelos. En su apogeo, su        superficie estaba cubierta de coloridos diseños geométricos. A día de hoy, están desgastados y se han desvanecido, pero hay varias salas en las que se pueden ver los frescos restantes. Mientras Sergio daba una vuelta alrededor de la iglesia, a mí se me ocurrió entrar dentro, pero justo estaban en misa. Cuál fue mi sorpresa cuando, nada más abrir la puerta, se me acercó a mí un señor que muy amablemente me invitó a entrar y quedarme. Me daba mucho apuro decirle que no, así que acepté su invitación, pero me quedé lo más atrás que pude durante un ratito, para luego salir educadamente sin hacer ruido. Todo el mundo a mi alrededor se mostró muy amable y me despidieron con una sonrisa y dándome las gracias por haber acudido (aunque fueron solo unos 15 minutos).  Por cierto, la misa se estaba celebrando en español, cosa que me sorprendió un poco.

 

  • – MISSION SAN JOSÉ: Conocida como “La Reina de las Misiones”, es la más grande de todas y fue restaurada casi por completo a su diseño original en la década de 1930.  Fue nombrada en honor a San José y fundada en 1720.
    Lo cierto es que su sobrenombre es bien merecido porque, para nosotros, fue la más bonita de todas y donde pasamos más rato. Por cierto,  allí se encuentra el Centro de Visitantes de las Misiones, con cafetería-restaurante, lavabos, un pequeño museo y una enorme tienda. En su apogeo, la comunidad contenía unos 350 neófitos indios, sostenidos por extensos campos y rebaños de ganado. Considerada como modelo entre las misiones de Texas, San José se ganó una gran reputación como centro social y cultural.

   
Alrededor de la gran explanada, como se puede ver en la foto superior, estaban las casas de los indios las cuales pueden visitarse. Y al fondo la magnífica iglesia donde, por cierto, también estaban celebrando misa. Esta vez, no entramos. Pero mientras estábamos allí finalizó y pudimos ver salir a los feligreses, yendo uno por uno a saludar al sacerdote.


En esta iglesia, hay una característica en su muro sur: la famosa Ventana de Rosa. Esta ventana se ha descrito como el sitio desde donde se mostró el anfitrión a los celebrantes de la misión reunidos durante la fiesta de Pentecostés. Esculpida en 1775, ha sido objeto tanto de leyendas, como de admiración, y está considerada uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca en América del Norte. El significado detrás del nombre es desconocido, pero la leyenda dice que lleva el nombre de Rosa por la prometida de quien muchos creen que creó la ventana, Juan Huizar.

Por los alrededores de la iglesia hay rincones a cada cual más bonito, y por allí aprovechamos también antes de irnos para hacer alguna que otra foto.

 

  • – MISSION SAN JUAN: Al igual que ocurrió con Mission Concepción, San Juan también transfirió su ubicación original en el este de Texas a la actual, unos años después de su fundación. En 1756 se completaron la iglesia de piedra, un convento y un granero. Se inició la construcción de una iglesia más grande, pero se abandonó a la mitad como resultado del declive de la población.
    San Juan era una comunidad autosuficiente gracias a sus huertos donde se cultivaban maíz, frijoles, calabacines, batatas y caña de azúcar. Además los artesanos indios producían sus propias herramientas de hierro, telas y cueros. Todos estos productos ayudaron a apoyar, no solo a las misiones de San Antonio, sino también a los asentamientos locales y las guarniciones de ese área. Con su excedente, se estableció una red comercial que se extendía desde Lousiana hasta el sur de Coahuila, México. Esta próspera economía ayudó a San Juan a sobrevivir a las epidemias y los ataques sufridos.

 

  • – MISIÓN ESPADA: Esta fue la primera misión fundada en Texas, como San Francisco de las Tejas. Al igual que algunas de las que ya hemos visto antes, se transfirió a su ubicación actual y pasó a llamarse Misión San Francisco de la Espada.
    Para convertirse en ciudadanos españoles y habitantes productivos, los nativos fueron aprendiendo distintas habilidades y oficios. Por ejemplo, a medida que los útiles para el arado fueron desgastándose, las necesidades de conocimiento sobre herrería se hicieron indispensables; fueron necesarias habilidades de tejido para vestir a los habitantes; a medida que los edificios se hicieron más elaborados, sus ocupantes aprendieron sobre albañilería o carpintería. Y así, después de la secularización, estas habilidades resultaron muy beneficiosas para el crecimiento de San Antonio.

Durante nuestra visita oímos música como tradicional que venía de algún lado del terreno, así que para allá que nos fuimos, para descubrir un grupo de gente, con vestimentas -imagino- típicas, cantando y bailando. Una forma muy chula de despedirse de esta preciosa ruta.

 

Pues chicos, esas son nuestras recomendaciones para una visita corta a San Antonio, Texas. Si bien es cierto que se pueden ver otros lugares, como The Buckhorn Saloon (compuesto por dos museos, una cafetería, una tienda de regalos y una galería de tiro), o el Palacio del Gobernador de España, por ejemplo, las que os hemos descrito son las actividades y lugares que más nos gustaron en esta ruta poco habitual por Estados Unidos.