Miércoles, 21 de Junio de 2017.
Hoy era un día que no teníamos prisa para levantarnos. Nuestros planes iban a comenzar desayunando en un sitio especial junto a nuestra primera visita del día, y ésta no era otra que le Palacio de Kensington. Teníamos reserva para desayunar en “The Orangery” a las 10 de la mañana, así que nos lo tomamos con calma: ¡hoy no madrugábamos!

El restaurante se sitúa en el lado oeste de Hyde Park, así que tomamos el metro de la línea Victoria en la parada al lado del hotel (Euston) hasta Oxford Circus y allí cambiamos a la línea Central hasta Queensway Station. Desde allí, un pequeño paseo de unos 5 minutos hasta “The Orangery”.
A pesar de no habernos levantado muy temprano llegamos antes de la hora de apertura, así que mientras esperábamos -con un poquito de hambre, he de decir- dimos un paseo por los alrededores, concretamente para ver el recién inaugurado  White Garden (Jardín Blanco), que conmemora el veinte aniversario de la muerte de la Princesa Diana.

The White Garden de Kensington Palace 1

The White Garden de Kensington Palace 2

El Palacio era la residencia de la Princesa y este jardín era un lugar muy especial para ella; de hecho, se le podía ver muy a menudo paseando por él y deteniéndose a hablar con los jardineros. De ahí surgió la idea de rendirle este homenaje en el aniversario de su fallecimiento. El jardín podía ser visitado, desde una pasarela pública y de forma gratuita, hasta el mes de Septiembre.

Lidia en el White Garden de Kensington Palace

Eran ya las 10 de la mañana y vimos que el restaurante abría sus puertas, así que nos dirigimos hasta allí porque el hambre ya empezaba a apretar…

The Orangery

El sitio es bonito, aunque nosotros nos lo imaginábamos un poco más… “palaciego”, por decirlo de alguna forma.
Enseguida nos sentaron en una de las mesas y nos trajeron la carta. Decidimos pedirnos café y unos huevos benedict (nuestros favoritos); a mí me apetecía también un zumo de naranja pero al pedírselo al camarero me dice que “aún no han llegado las naranjas, así que no pueden hacerlo”… ¿cómo? ¿A las 10 de la mañana y aún no tienen todo listo? En fin… no nos pareció de recibo algo así en un sitio como aquél, pero bueno, decidimos seguir adelante con el desayuno:

desayuno en The Orangery

El café estaba realmente rico, pero los huevos no eran lo que nos esperábamos: nos lo hemos tomado mucho mejores en sitios “mucho peores”. Un poco decepcionados con el desayuno, finalizamos, pagamos la cuenta (bastante abultada para lo que habíamos tomado y el servicio que esperábamos) y nos fuimos a visitar el Palacio de Kensington, que ninguno de los dos conocíamos de anteriores viajes.

entrada principal de Kensington Palace

Situado en Kensington Gardens, este enorme caserón de campo construido en ladrillo rojo y diseñado por Christopher Wren, fue reformado en el año 1689 para convertirse en el hogar de la monarquía durante varias generaciones: desde Guillermo III, hasta la fallecida Lady Diana, pasando por la Reina Victoria.
En una visita al palacio, uno no puede perderse las dependencias oficiales del Rey y la Reina, la escalinata del Rey o la Galería del Rey. Pero si por algo yo quería visitar Kensington era por una exhibición sobre la Princesa Diana: “Diana:Her Fashion Story”, donde pudimos contemplar un gran número de vestidos de la malograda Princesa de Gales. ¡Y es que a mí me encanta! A Sergio no le da más en absoluto, pero aceptó acompañarme y, si bien es cierto que la exhibición no le supuso nada interesante, sí que lo hizo el resto de la visita al palacio.

Diana: Her Fashion Story 1

Diana: Her Fashion Story 2

Diana: Her Fashion Story 3

Tras unas compras (cómo no) en la tienda de souvenirs, emprendimos una larga caminata por Hyde Park, parque al que nunca habíamos ido más que de pasada y  que teníamos ganas de conocer un poco mejor. Así que comenzamos a caminar sin rumbo fijo por sus senderos…

sendero en Hyde Park

… hasta que llegamos a un monumento realmente impresionante: el Albert Memorial, que fue mandado construir por la Reina Victoria en memoria de su marido, el Príncipe Alberto, quien murió a la temprana edad de 42 años. Se dice que a la reina se le rompió el corazón y no se recuperó nunca de la muerte de su marido, vistiendo ropa negra durante el resto de su vida.

Abierto en 1872, el memorial consiste en un recargado techo o quiosco que contiene la estatua del príncipe mirando hacia el sur, hacia el Royal Albert Hall (estatua que fue colocada allí unos años después de la inauguración del monumento).
La parte central está rodeada por un elaborado y escultural friso de Parnasos, el cual describe y representa a 169 compositores, arquitectos, poetas, pintores y escultores.
En las esquinas de las zonas central y  exterior hay unas esculturas alegóricas: de ellas, cuatro grupos representan el arte industrial victoriano y las ciencias (agricultura, comercio, ingeniería y manufacturación), y otros cuatro grupos más que representan a Europa, Asia, África y América en las cuatro esquinas, incluyendo en cada grupo continental varias figuras etnográficas y un gran animal (un camello para África, un búfalo para América, un elefante para Asia y un toro para Europa).
Los mosaicos de cada lado y debajo de la marquesina hechos por una firma de Murano, Venecia; cada uno de los ellos muestra una figura central alegórica de las cuatro artes: poesía, pintura, arquitectura y escultura.
Los pilares y hornacinas de la marquesina caracterizan ocho estatuas representando las artes y las ciencias: Astronomía, Geología, Química, Geometría (en los cuatro pilares) y Retórica, Medicina, Filosofía y Fisiología (en las cuatro hornacinas).
Alrededor de la marquesina, debajo de la cornisa, hay una dedicatoria dividida en cuatro partes, una por cada lado. La dedicatoria dice: “Queen Victoria And Her People – To The Memory Of Albert Prince Consort – As A Tribute Of Their Gratitude – For A Life Devoted To The Public Good” (La Reina Victoria y Su Gente – A la Memoria del Consorte Príncipie Alberto – Como un Tributo por su Gratitud – Por una Vida Dedicada al Bien Público”).
Cerca de la parte más alta de la marquesina hay ocho estatuas de la moral y las virtudes cristianas, incluyendo las virtudes fundamentales y las teológicas  (Fe, Esperanza, Caridad, Humildad, Entereza, Prudencia, Justicia y Templanza).
Encima de estos, hacia lo alto de la torre, hay ángeles dorados con los brazos levantados hacia el cielo y por último, en la zona más alta, una cruz dorada.

The Albert Memorial y The Royal Albert Hall

The Albert Memorial 1

detalle del Albert Memorial

Nunca lo habíamos visto de cerca y es realmente impresionante. Nos gustó mucho.

Volvimos de nuevo a “adentrarnos” entre los árboles y senderos de Hyde Park para continuar nuestro paseo y llegamos a The Serpentine, un enorme estanque en el medio del parque, con unas vistas muy bonitas. Con el día tan bueno de calor que hacía, había  incluso gente dándose un chapuzón en un sitio habilitado para ello, con tumbonas y sombrillas.

The Serpentine en Hyde Park

Nos desviamos un momento del camino porque queríamos acercarnos a un lugar que teníamos ganas de ver: la estatua de Peter Pan, que cuenta con más de 100 años de historia y que quizás no debería estar donde hoy está…
Y es que fue esta zona de Londres (Kensington Gardens) la que inspiró al novelista, J.M. Barrie, para empezar la historia de Peter Pan. Es más, la estatua se halla localizada en el punto exacto en el que éste “aterriza” en la primera versión, y fue colocada en ese lugar, nada más y nada menos, que por el propio autor en secreto una noche – ya que le fue denegado el permiso necesario para poder colocar la estatua allí-. Lo planeó todo meticulosamenete, y además publicó un artículo en el periódico The Times ese día, contándoles a los niños que en Kensington Gardens les esperaba una sorpresa… Y así, el 1 de mayo de 1912, “mágicamente” apareció la estatua de Peter Pan…

Sergio en la estatua de Peter Pan

Volvimos sobre nuestros pasos para recorrer de nuevo la orilla del Serpentine hasta llegar a la Fuente en Memoria de la Princesa Diana.

Princess Diana Memorial Fountain

Esta fuente, inaugurada por la Reina en 2004, ha sido visitada por más de dos millones de personas desde entonces, convirtiendo a este lugar en una de las atracciones gratuitas más populares de Londres.
El diseño expresa el concepto de “Extendiendo la mano – Dejando entrar”, basado en las cualidades que más gustaron de la Princesa de Gales: su empatía y su accesibilidad. La fuente fue integrada en la cuesta natural de la tierra del Hyde Park usando como punto de partida el nivel de tierra existente alrededor de las copas de los árboles del entorno.
En la colaboración con ingenieros hidráulicos se diseñó un red fluvial, que no sólo es sostenible, también ayuda a la ecología del lago Serpentine, ya que el 10% del agua es drenado al lago, ayudando a mantener un flujo constante de agua dentro de éste y a eliminar el aumento de algas cerca de la zona de baño.

A estas alturas, decidimos aprovechar el buen tiempo y sentarnos a descansar y refrescarnos un poco. Aún quedaba un paseo por delante para cubrir nuestros planes, así que compramos un tentempié y nos sentamos bajo la sombra de un árbol a comer. ¡Qué placer! Estos momentos de los viajes, aunque no se haga nada, son una delicia también… 😉

Una vez finalizamos, emprendimos camino a nuestro siguiente objetivo: el postre del almuerzo. Jeje… ahora lo entenderéis…
Salimos del parque por su extremo sur y nos metimos de lleno en la zona de Belgravia, uno de los barrios más bonitos -bajo mi gusto- de toda la ciudad.
Y es que en esta zona te encuentras viviendas tan bonitas como esta de Trevor Square

vivenda de Trevor Square

… o esta hilera tan típica de Belgravia Square…

casas de Belgravia Square

Finalmente, y tras dar un par de rodeos porque nuestro GPS nos perdió, llegamos al paraíso: el 116 de Ebury Street. O lo que es lo mismo: “Peggy Porschen Cakes”, una pequeña y coqueta cafetería muy famosa en todo Londres.

Peggy Porschen en Londres 1

Peggy Porschen en Londres 2

Peggy Porschen en Londres 3

Y  allí fue donde nos tomamos el postre: un trozo de tarta de chocolate y un cupcake de red velvet que estaban para chuparse los dedos. La verdad es que si eres de dulce, como me pasa a mí, en este lugar puedes volverte loca y no saber dónde elegir. En serio, ¡quería probarlo todo! Jeje…

postres en Peggy Porschen Londres

Al salir de Peggy Porschen pusimos rumbo a la parada de metro de Sloan Square para tomar la línea amarilla (Circle) que nos llevaba a otro barrio por el que íbamos a pasar el resto del día: Notting Hill.
En algo menos de 20 minutos llegábamos a la parada de Notting Hill Gate, desde donde comenzamos a pasear sin rumbo fijo y simplemente disfrutando de los rincones de esta zona del oeste de Londres, que tiene muchos y muy pintorescos. Por ejemplo la tienda de antigüedades “Alice’s Portobello”, donde echamos un buen rato -de hecho perdimos la noción del tiempo- y donde nos hubiésemos llevado más de una cosa… lástima que en las maletas no hubiesen entrado…

Alice's Portobello 1

Alice's Portobello 2

Y así discurrió el resto de la tarde: paseos, tiendas de antigüedades, de libros, cómics, souvenirs… Es una delicia pasear por Notting Hill sin tener un itinerario marcado y, además, no estaba llenísimo de gente, como suele ocurrir durante las mañanas que se celebra el mercado.
Hasta que estábamos agotados y necesitamos un poco de “gasolina”… ;-), así que entramos en este pub tan chulo donde descansamos delante de un buen par de cervezas y viendo en la televisión, como cualquier ciudadano inglés, las carreras de Ascott que se estaban celebrando esos días.

pub de Notting Hill

Volvimos de nuevo al hotel haciendo antes una parada antes en un “Wasabi Sushi and Bento”, una cadena de pequeños restaurantes con comida japonesa para llevar, donde nos aprovisionamos bien para cenar en nuestra habitación.

El viaje llegaba ya a su fin. Sólo nos quedaba un día más en Londres, ciudad que cada día nos gusta más y que está en puja por convertirse en uno de nuestros lugares preferidos del mundo mundial. Y eso que aún nos quedaba la última sorpresa…