Hace casi ya dos meses que volvimos de Japón y ya era hora de ponerse a contaros un poco esta nueva aventura viajera, ¿no os parece? Y creemos que la mejor forma de “inaugurar” nuestros relatos es con uno de los mejores días que pasamos allí: la excursión por la zona del Monte Fuji que hicimos con “Turismo Victoria” . 

En nuestro primer viaje al país nipón ya habíamos intentado verlo; y digo “intentado” porque no vimos absolutamente nada. Llovía muchísimo y había mucha niebla, por lo que nos quedamos con las ganas. Así que no cabía duda que uno de los días de este nuevo viaje iba a estar dedicado a un segundo intento de ver el Fujisan.

Y gracias a nuestra querida amiga Vero, del blog “Viajar Code: Verónica”, descubrimos a Alex, un simpático peruano de raíces niponas que lleva 21 años en Japón y que dirige esta estupenda empresa de guía turística. Nos pusimos en contacto con él con muchísimo tiempo de antelación, porque no queríamos quedarnos sin plaza para su tour, y enseguida comenzamos a intercambiar información y, a lo largo de los meses, establecimos una fecha concreta en la que nos encontraríamos para hacer la excursión. Y así, el 29 de Mayo, por fin nos conocíamos y comenzábamos lo que fue la mejor excursión que hayamos hecho en toda nuestra vida viajera…

El  día comenzaba temprano, ya que teníamos el billete de shinkansen para las 07:16 de la mañana. Nuestra parada final era la estación de Shin-Fuji (Shizuoka), adonde llegábamos tras un par de cambios en el metro desde Asakusa (donde estaba nuestro hotel) hasta Tokyo, desde donde salía el tren bala. Fuimos precavidos y compramos en la estación algo para desayunar en el tren, cosa muy típica en Japón; de esta forma, no se nos hacía muy largo el viaje y no habíamos tenido que madrugar todavía más para desayunar en una cafetería:

desayuno shinkansen Japón

A las 08:34 en punto (puntualidad nipona) nuestro tren llegaba a la estación y nada más salir e intentar situarnos un poco, ya oímos a alguien llamando… “¡Somos2dviaje”!, con una sonrisa en la cara que duraría para el resto del día. ¿Sabéis cuando conocéis en persona a alguien y el buen rollo es tan inmediato que sabes que lo vas a pasar genial? Pues eso fue lo que nos ocurrió con Alex: las presentaciones, con besos y abrazos incluidos, dieron comienzo a lo que a día de hoy consideramos un buen amigo “allende los mares”. 😉
Y la cosa fue a mejor, ya que el grupo que formamos para la excursión del día fue LO MÁS. Para nosotros, que somos un poco “especialitos” a la hora de viajar, tener que compartir algún tour, visita o excursión a veces se nos hace complicado (más de una experiencia non grata hemos tenido), pero en esta ocasión tuvimos la gran suerte de que fuese todo lo contrario: Abraham y Brenda, Óscar y Arturo -los 4 de México-, Luisa -de Madrid- y nosotros, formamos un grupo de lo más molón y todos nos caímos super bien e hicimos buenas migas. De hecho a día de hoy seguimos (y seguiremos) teniendo contacto con todos. ¡Ah! Y no podía faltar nuestro querido Roli, el suegro de Alex y argentino más simpático del mundo, que como no cabíamos todos en el coche de éste, Óscar y Arturo iban en su coche.
Aquí estamos todos:

Turismo Victora en el Lago Motosu

Total, que después de las presentaciones, las primeras charlas para empezar a conocernos, y las primeras risas, comenzamos la ruta. No siempre el itinerario es el mismo, ya que Alex organiza todo a la perfección y lo cambia según las condiciones climáticas y según vaya viendo ese día cómo de claro (o no) se ve el Monte Fuji.

Nuestra primera parada, en nuestro caso, fueron las Cataratas Shiraito y Otodome.
Las primeras han sido elegidas entre los cien mejores atractivos turísticos de Japón. ¡Y vaya si lo son! Tienen una altura de 20 metros y 150 metros de ancho, lo que las convierte en las  más anchas del país. Desde el desfiladero corre el agua proveniente de la nieve derretida del monte Fuji, formando una imagen preciosa. El nombre de Shiraito viene dado por los delgados hilos de agua que caen como si pareciera seda.

Cataratas Shiraito y Otodome Japón 1

Cataratas Shiraito y Otodome Japón 2
Turismo Victoria en las Cataratas Shiraito y Otodome Japón

Estuvimos un buen rato por allí haciéndonos mil fotos y yo, como no podía ser de otra forma, quería probar el agua del Fuji (animada por Alex, claro está). Así que ni corta ni perezosa, bajé a la rivera del río y bebí un buen trago… ¡qué fresquita y rica estaba! Eso sí… tuve un “problema de movimiento” y acabé con el pie izquierdo de lleno en el río. ¡Jajaja! Menos mal que de eso no hay documento gráfico. Eso sí: puedo decir que he venido “bautizada” del Fuji. 😉

A lo largo del sendero que conduce desde el aparcamiento se encuentra también la Cascada de Otodome-no-taki, con una caída de 25 metros por la que fluye el agua de manera más violenta que en las Shiraito.

Cascadas Shiraito y Otodome Japón 3

En las Cataratas Shiraito y Otodome Japón
En el mismo sendero que vuelve hacia el aparcamiento, donde habíamos dejado los coches, hay algunas tiendas de souvenirs y especialidades regionales, adonde Alex nos llevó y donde unos señores muy amables nos dieron té y un montón de cosas para picar. Tras alguna comprilla, volvimos a emprender ruta hacia nuestro siguiente punto: el Lago Motosu.

Éste el más occidental de los que forman la conocida como el Área de los Cinco Lagos del Fuji y el noveno más profundo de Japón, con 140 metros de profundidad.
Desde el sitio donde aparcamos, las vistas del Fuji son chulísimas. La pena es que ese día no hacía nada de sol y había muchas nubes, así que pudimos verlo solo así:

Lago Motosu Japón

Lago Motosu Japón

Monte Fuji
¡Ohhhh! Pero Alex nos tranquilizó y nos aseguró que en algún momento lo veríamos. Yo no estaba muy segura porque el sol no parecía que tuviera muchas ganas de hacer aparición, pero confiaba plenamente en la palabra de nuestro súper-guía.

Por cierto, para todos aquellos que habéis estado en Japón y os sobre algún billete de ¥1000… ¡fijaos!

billete de 1000 yenes en Lago Motosu
Sí, el reverso del billete es una vista del Fujisan desde el Lago Motosu. Fue una cosa más que aprendimos gracias a Alex. 🙂

Siguiente parada: Las Cuevas de Viento y Hielo. ¿Suena a que hace frío? Pues sí. Y mucho. Menos mal que habíamos sido precavidos y nos habíamos llevado con nosotros unas chaquetas.
La primera de ellas, la de Viento, está considerada Monumento Natural de Japón, y en ella se pueden ver todavía témpanos de hielo que no se han derretido como estos:

en la Cueva de Viento Japón

Cueva de Viento Japón

Impresiona un montón. Y, por supuesto, hay que andar con cuidado porque el suelo está muuuuy resbaladizo. El hielo natural se puede ver desde el invierno hasta principios de otoño, aunque dependiendo del clima de las estaciones puede llegar incluso a estar presente todo el año.

Salimos de la cueva y nos dirigimos a un lugar que, quizás muchos de vosotros os suene por alguna peli que se ha hecho sobre él: El Bosque Aokigahara, conocido como “El Bosque de los Suicidios”.  Allí Alex nos dio indicaciones para seguir el sendero principal hasta llegar a la otra cueva, mientras él y Roli movían los coches para recogernos después.
El Aokigahara comenzó a granjearse su fama durante el siglo XIX, cuando las hambrunas provocaron que muchos padres abandonasen a niños y ancianos en el bosque. No obstante, la fascinación moderna por el bosque se remonta a 1960, cuando Seicho Matsumoto publicó una de sus novelas más célebres, “Nami no Tou”, en la que sus protagonistas acababan con sus vidas en el bosque. Sin pretenderlo, generó un efecto llamada que provocó que muchas personas se desplazasen hasta allí para acabar son sus vidas. La media aproximada de sucidios hasta 1988 era de 30 al año, pero en 2003 la cifra había aumentado hasta los 100. Según un reportaje publicado en el año 2012, más de 200 personas habían intentado acabar con sus vidas entre la vegetación. Desde entonces, el gobierno ha dejado de ofrecer números para evitar la imitación.

Caminamos en grupo todos con la esperanza de no encontrarnos ninguna “sorpresa” desagradable, parándonos a hacer fotos y a observar lo bonito que es el lugar, más allá de cómo algunas personas lo utilicen.

Bosque de Aokigahara 1

Bosque de Aokigahara 2

Al final del camino (o al principio más bien, si se usa la entrada principal, al otro extremo), hay este cartel:

cartel del Bosque de Aokigahara

En él se recuerda a las personas que vaya a entrar en el bosque con la idea de acabar con sus vidas, que no lo hagan, que piensen en su familia, y se facilita ese número de teléfono que podéis ver abajo el todo, para que la gente pueda ponerse en contacto con alguien en ese momento y puedan ayudarlos.

Reunidos ya con nuestros guías, nos preparamos todos para entrar en la otra cueva: la de Hielo. Y digo que nos preparamos porque en este caso tuvimos que ponernos todos cascos, ya que hay zonas en las que el techo solamente tiene 91 cm de alto y hay que ir avanzando de cuclillas por un suelo sumamente resbaladizo. Alguna que otra salió con el pantalón “un poquito manchado” por el culazo que se dio, ¿verdad Luisa? Jajaja… Afortunadamente, podemos reírnos porque no ocurrió nada más importante. 😉 Y aquí estamos preparados de nuevo para nuestro mini-tour de espeleología… jeje…

grupo en la Cueva de Hielo Japón

En esta ocasión el camino se hizo un poquito más duro precisamente por esas zonas donde tenías que ir agachada para poder pasar. ¡Y mira que yo soy bajita! Pero aún así me tocó acuclillarme más de una vez y darme algún que otro golpe en la cabeza; ¡menos mal del casco!

entrada Cueva de Hielo Japón

Debido a las bajas temperaturas que hay en su interior, el hielo se mantiene en perfecto estado para su uso. Gracias a ello este lugar era usado antiguamente como refrigerador, antes incluso de que éstos se inventasen.

Cueva de Hielo Japón 1

Cueva de Hielo Japón 2

Había llegado ya la hora del almuerzo, así que nos dirigimos al pueblo tradicional de Iyashi No Sato, donde Alex nos llevó a un restaurante en el que pudimos degustar un riquísimo plato de hoto udon, especialidad gastronómica de la región.

restaurante en Iyashi No Sato

hoto udon

comiendo en Iyashi No Sato
Tras reponer fuerzas con el almuerzo, nos fuimos a dar un pequeño paseo por el pueblo, donde da la sensación de que nos apartásemos del mundo y que el tiempo se hubiese detenido.

Iyashi no Sato 1
Iyashi no Sato 2
Y es que parecia que habíamos vuelto a aquel Japón feudal de antaño, donde los samuráis aún seguían existiendo. Y hablando de samuráis…

Iyashi no Sato 3
Este fue uno de los momentos más divertidos del viaje y donde Alex y yo casi nos morimos de la risa, con este “pequeño samurái chino”, con quien mi querido amigo se empeñó en que tenía que hacerme una foto. Chicos, la gente hasta nos miraba del escándalo que armábamos riéndonos. ¡Hasta acabamos llorando de tanto reír! A partir de ahí cualquier cosa nos hacía gracia, por tonta que fuese y la complicidad entre Alex y yo hizo que nos entendiésemos con solo decirnos una palabra y acabásemos explotando a carcajadas.

Dejamos atrás Iyashi No Sato y volvimos a subirnos a los coches para emprender de nuevo ruta hacia el Santuario del Fuji, haciendo antes alguna parada más en los Lagos Saiko y Kawaguchi, pero el Fuji no había manera de que se dejase ver del todo. Estábamos ya perdiendo toda esperanza, así que Alex nos indicó que en el Santuario pidiésemos que se despejase y pudiésemos verlo. Pues allá íbamos, con toda la fe y la convicción de que si lo pedíamos, los dioses nos lo iban a conceder… 😉

Santuario del Fuji 1

Santuario del Fuji 2

Santuario del Fuji 3
Todos lo pedimos y nos fuimos a la última parada prevista con las esperanzas crecidas de ver a “nuestro querido Fuji”, como Álex le llamaba, completamente despejado. ¡Nos íbamos a  la Pagoda Chureito!

La imagen que se obtiene del Fuji desde la Pagoda es un auténtico símbolo de Japón. La preciosa pagoda, de 26 metros, fue construida en 1962 y dedicada a los muertos durante el periodo de Meiji.
Para llegar hasta ella hay un ascenso de unos 200 peldaños que nosotros nos evitamos gracias de nuevo a nuestro súper guía:¡subimos con los coches! Gracias Alex por ser tan “O”… ¡Jajaja! El truco secreto quedará entre nosotros… 😉
La verdad que a esa hora no había demasiada gente y pudimos estar a gusto peeeeero….

Pagoda Chureito 1

¡El Monte seguía con nubes! ¡Nuestras peticiones en el santuario no habían servido de nada! ¡Qué disgusto!
Bueno, pero como no íbamos a ser negativos después del día tan fantástico que habíamos pasado y la gente tan maravillosa que habíamos conocido, nos dedicamos a estar un buen rato por allí haciendo fotos y más fotos y, cómo no, disfrutando igualmente de las vistas.

Pagoda Chureito 3

Monte Fuji desde Pagoda Chureito

Monte Fuji desde la Pagoda Chureito


Pagoda Chureito 3
Así se ve desde un poquito más arriba el mirador. A la izquierda de la foto, si os fijáis, ahí estamos Alex y yo

Por cierto, que llevo os llevo hablando de Alex desde el principio del post, pero aun no os lo he presentado…

con Alex en la Pagoda Chureito

Se estaba acabando ya el tiempo de nuestra excursión y debíamos volver a la la estación de tren para regresar, unos a Tokio, otros a Yokohama, cuando de repente “súper Alex” nos dice que el Monte se está viendo completamente despejado desde el Lago Motosu, aquel en el que habíamos estado de mañana. ¿Cómo? ¿De verdad? ¡Pues allá que nos llevó! Y eso que ya se había hecho más tarde de lo previsto según el itinerario inicial…

Y al llegar…

Monte Fuji desde Lago Motosu 2
Monte Fuji desde Lago Motosu 1
Woooooow!!!!! ¡Qué emoción tan grande sentimos al verlo así! Llevábamos tantas ganas que no nos lo podíamos creer. ¡Qué bonito es! 🙂 Ahí echamos el resto y nos hartamos de sacar fotos…

El Monte Fuji 1

El Monte Fuji 2Las tres chaparritas en el Monte Fuji. Besotes, Luisa y Brenda.

El Monte Fuji 3
¡Qué buena forma de finalizar este día!

Y así, con mucha alegría por haber conseguido nuestro objetivo, pero a la vez con mucha pena porque se acababa la excursión, Alex nos volvió a llevar a la estación de Shin Fuji para regresar a Tokio. ¡Qué lástima tener que despedirnos de él y de Roli!
Luego en el tren, pudimos apañárnosla para volver todos juntos y, mientras Abraham y Brenda se quedaban en Yokohama, el resto llegábamos mucho más tarde de lo previsto a Tokyo Station. Allí cada polluelo a su olivo y de nuevo despedidas, abrazos, besos… ¡y muchos  japoneses mirando para nosotros! Ya veis, con lo poco cariñosos que son ellos en público y se encuentran con un grupo de siete latinos…. ¡jajajajaja!

Como conclusión, vuelvo a deciros lo que os contaba al principio: uno de los mejores días de nuestra aventura nipona de este año y, sin lugar a dudas, la mejor excursión organizada en todos los años que llevamos viajando (juntos y por separado).
No podemos más que dar las GRACIAS a  “Turismo Victoria” por todo lo ofrecido, aprendido y ayudado. Y deciros que, si alguna vez vais a Japón y queréis descubrir esta zona tan bonita, no dudéis en poneros en contacto con Alex y dejaros aconsejar y guiar por él. ¡Acertaréis 200%!

El Monte Fuji