Miércoles, 27 de mayo de 2015.
Este día, que era el último que teníamos activo el JR Pass, nos íbamos de excursión a Kamakura, una pequeña ciudad a 50 kilómetros de Tokio. Para ello, nos levantamos tempranito, a las 06:30 de la mañana (sin despertador, por increíble que nos pareciese). Desayunamos como siempre en la habitación y nos preparamos para salir hacia la estación.

El tren que teníamos que coger, hasta la estación de Kita-Kamakura, salía a las 08:19 desde Shinjuku Station; se trataba del tren JR Shonan-Shinjuku, vía Yokosuka Line. Llegamos a nuestro destino, casi una hora más tarde, a las 09:15.

Kamakura fue una de las ciudades más importantes de Japón durante el período denominado con su nombre y , hoy en día, podemos decir que es una “pequeña Kioto”, ya que por todos lados encontramos templos y santuarios. Aún así, para mí es mucho más bonita Kioto, la verdad…

Al bajarnos de la estación, a apenas 50 metros, ya encontramos el primer templo: el Engaku-ji.

entrada del templo Engaku-ji en Kamakura

Este es el mayor de los cinco templos zen de Kamakura y uno de los más importantes de Japón. Fundado en el año 1282 por el clan Hojo Tokimune, como muchos otros templos, muchas de sus estructuras fueron destruidas en el terremoto de 1923.
La primera gran estructura que nos encontramos al entrar en el templo es la Puerta Sanmon y detrás, está el hall principal, el butsuden, donde podemos ver una estatua de madera del Shaka Buddha.

estatua de Buda del templo Engaku-ji en Kamakura

Cuando estábamos dando un paseo por el templo, volvimos a ser “atacados” por una “horda” de muchachos que nos bombardearon con un montón de preguntas. Jiji… ¡Son todos tan amables y tan ricos! Ahí estuvimos, un buen rato, contándoles de dónde éramos, qué nos gustaba más de Japón, qué comida nos gustaba… En los coles deben enseñarles a todos las mismas preguntas, porque ya casi nos la sabíamos de memoria después de todos los días que llevábamos por el país.

Tras salir del Engaku-ji, pusimos rumbo a la estación de Kamakura. A lo largo del camino nos encontramos con muchos otros templos, pero decidimos no entrar en ninguno más porque sino, se nos echaría el tiempo encima y no nos daría el día para todo lo que queríamos hacer.
El camino hacia la estación, que es de unos 2 kilómetros aproximadamente, lo hicimos en gran parte al lado de las vías del tren, así que no tiene mayor pérdida.
Aquí nos encontramos con un momento muy simpático. ¿Alguna vez os habéis encontrado en la tesitura de tener sed, y tener tantas cosas donde elegir que no sabéis lo que queréis? Esto fue lo que me pasó a mí aquí:

en el camino hacia Kamakura Station Lidia decididiendo qué bebida coger de todas las máquinas expendedoras

¡Jajajaja! En la vida habíamos visto tantas máquinas expendedoras juntas. Lo cierto es que ni me acuerdo lo que, al final, cogimos. xD

Cuando dejamos de seguir las vías del tren, sabíamos que habíamos llegado a la avenida principal de la ciudad: la Avenida Wakamiya-oki. Se sitúa entre dos toriis que dan comienzo y fin a esta ancha calle, que está llena de tiendecitas de regalos, de artesanía, de amuletos…
Aquí hicimos una paradita de avituallamiento en una pastelería a donde llegamos gracias al olor que salía de ella. Mmmm… ¡qué rico! Nos tomamos un bollo y un sándwich por ¥450.

Al final de la avenida se encuentra la estación, donde tomamos el tren eléctrico “Enoshima”, para dirigirnos al sur de Kamakura. Solamente hay 3 paradas desde allí hasta la estación de Hase, que era nuestro destino final.

estación de Kamakura

Desde la estación se llega caminando al Gran Buda (Daitusu), seguramente la mayor atracción de la ciudad. No hay forma humana de perderse, porque hay tal cantidad de gente haciendo ese camino, que “la marea te lleva”.

El Daibutsu es una estatua de bronce de Amida Buddha, situada en los suelos del Templo Kotokuin. Con una altura de 13,5 metros, es la segunda estatua de Buda hecha en bronce más grande del país. ¿Recordáis que también pudimos ver la primera? Exacto, la que está en el Templo Todai-ji de Nara.
La estatua data del año 1252 y originalmente estaba situada en el hall del templo; sin embargo, éste fue destruido por múltiples tifones durante los siglos XIV y XV, por lo que desde 1495, está “al aire libre”.

Sergio delante del Daibutsu en Kamakura

Lidia delante del Daibutsu en Kamakura

Es una verdadera maravilla y he de decir que no me decepcionó en absoluto, a pesar de haber visto anteriormente el de Nara. Aún así, sigo quedándome con este último.

Gran Buda de Kamakura Daibutsu2

Gran Buda de Kamakura Daibutsu3

Daibutsu de Kamakura visto por detrás

¿Os habéis fijado en la última foto, que hay como una especie de ventanita en la espalda de Buda? Esto es porque se puede acceder a su interior. No recuerdo ahora mismo el precio, pero me parece que eran algo así como ¥200. Nosotros no entramos porque habíamos leído que dentro no había nada especial, así que tuvimos suficiente con verlo desde fuera.

Un detalle que a mí, como practicante de yoga, me llamó mucho la atención fueron sus manos, que se sitúan en un mudra (sello) de meditación. Y no pude más que hacerle una foto:

detalle de las manos del Daibutsu de Kamakura

 Sobre las 12 de la mañana dimos por finalizada la visita y salimos hacia otro templo: el Hase-dera.
En él se hospeda una magnífica Kannon de la misericordia que tiene 11 caras, para poder escuchar todo lo que se dice en la casa. Al lado, podemos encontrar un pabellón dedicado a Jizo, guardián de los niños no nacidos, con unas estatuas realmente hermosas. A pesar de que es un poco triste pensar que Jizo guarda las almas de los niños muertos, lo cierto es que las estatuas que lo representan, son maravillosas…

estatuas en el templo Hasedera de Kamakura2
estatuas en el templo Hasedera en Kamakura1
estatuas en el templo de Hasedera de Kamakura3

Aparte de las estatuas, el Hase-dera tiene unos jardines espectaculares y al estar un poco en lo alto, hay unas vistas muy bonitas de la ciudad desde ellos.

jardín del Templo Hasedera en Kamakura1
jardín del templo Hasedera en Kamakura3
jardín del templo Hasedera en Kamakura4
jardínd del templo Hasedera en Kamakura2

Bajando una escaleras, en la parte derecha de la entrada, accedemos a una cueva muy chiquitita, una particularidad muy bonita de este templo.

Sergio bajo el torii que da entrada a la cueva en el templo de Hasedera en Kamakura

Se trata de un lugar sagrado en honor a la diosa Benzaiten, la única mujer de la suerte, con estatuas directamente esculpidas en la roca.

estatua de Buda en el interior de la cueva del templo de Hasedera en Kamakura

Si entráis en la cueva, tened cuidadito con la cabeza, porfi; mira que yo soy pequeña y tenía que ir bien agachada… Alguna persona vi que se dio un buen porrazo. 😉

Al cabo de una hora salimos del Hase-dera, no sin antes volver a responder a las preguntas de otro grupo de colegiales. A estos, por cierto, tuvieron que echarles una mano: vino su profe de inglés para preguntarnos antes si podían acercarse a nosotros… jeje…

Bajamos de nuevo hasta la estación de Hase y comimos allí mismo, en un pequeño barecito llamado “Hase dining”, que no podía ser más japonés. ¡Volvíamos a ser los únicos extranjeros! Y fue una de las comidas más ricas que recuerdo –sobre todo la de Sergio que, no sé cómo se apaña, pero todo lo que pide siempre está más bueno que lo mío…jiji-. Eran dos boles enormes de arroz, el mío tipo “taco mexicano” que picaba un poquito (ni idea de lo que llevaba); el de Sergio, llevaba tempura, huevo frito,… ¡Qué delicia! Pagamos por todo ¥2300.

Después de comer volvimos a coger el tren eléctrico hasta Kamakura y, desde allí, la línea JR para ir a Yokohama, que era nuestro siguiente destino… Peeeeero… durante el camino nos dimos cuenta de que estábamos reventados, no podíamos con el cansancio que ya llevábamos arrastrando desde hacía unos días, así que decidimos sacrificar la visita a esta ciudad y volver a Tokio para descansar un rato en el hotel. Yokohama, espéranos para la próxima.

De camino al hotel, paramos en un “7Eleven” para comprar merienda y desayuno para el día siguiente, que ya se nos habían acabado las reservas y nos fuimos a echarnos una merecida siesta.
Sobre las 17:30 salimos hacia el metro para irnos a otro barrio muy conocido de Tokio: Shibuya. Al igual que ocurre con Shinjuku, este barrio es conocido por las calles aledañas a su estación, todas ellas repletas de tiendas, centros comerciales, restaurantes… Es un punto de referencia para ir de compras, durante el día, y para ir de marcha (con discotecas, clubes nocturnos…), durante la noche.

Pero si por algo es conocido Shibuya en todo el mundo, es por su famosísimo cruce. Esta intersección se compone de cinco pasos de peatones sincronizados, lo que significa que cada vez que se abren los semáforos peatonales, una marea humana invade el asfalto, convirtiendo este cruce en el más transitado del mundo.
Os mostramos un par de fotos que sacamos “a pie de cruce”. La primera, con los semáforos abiertos a los vehículos:

cruce de Shibuya en Tokio con los semáforos cerrados

Y ahora, con los semáforos abiertos para los peatones:

cruce de Shibuya en Tokio con gente pasando

Obviamente, nosotros cruzamos unas cuantas veces y, ¡cómo no! nos perdimos entre tanta gente… jeje…

Lidia cruzando en el cruce de Shibuya de Tokio

Después de hacer un poco el chorras por los distintos pasos de peatones, nos fuimos a buscar la estatua de Hachiko. Esta fue levantada en el año 1934 para conmemorar la fidelidad del perro Hachiko el cual, desde la muerte de su amo en 1925 y durante 10 años, continuó yendo a la estación cada tarde a esperarlo de regreso de la universidad donde el señor trabajaba, como lo había hecho durante toda la vida. Es una historia increíble y, según tengo entendido, hay alguna peli que se ha hecho basada en este perrín, aunque no sé con certeza el título.

estatua del perro Hachiko en Shibuya

Esta estatua es un punto de reunión muy típico de la zona, así que sacar una foto sin gente alrededor es realmente complicado, como podéis observar. El chico de la izquierda parecía que estaba clavado ahí, no había manera de que se moviese ni medio centímetro…jiji…
Por cierto, por si os interesa, el cuerpo de Hachiko se expone disecado en el Museo Nacional de Ciencias.

Justo en una de las esquinas del cruce se sitúa un “Starbucks” muy famoso por ser un lugar desde el que se puede ver la intersección desde un punto de vista bastante bueno, aunque suele estar llenísimo de gente.
Como ya sabéis, en ese viaje nos volvimos “adictos” a los frapuccinos de cookie y té matcha, así que decidimos aprovechar para subir y echar un vistazo, a la vez que disfrutábamos de nuestras bebidas.
Tal y como os digo, el sitio estaba a tope de gente, pero con la eficacia de los japoneses nos sirvieron rápido y subimos las escaleras para ver si encontrábamos un huequito donde situarnos para tener buenas vistas.
Fue complicado, pero algo pudimos hacer, aunque no desde el punto más alto, sino de la que bajábamos las escaleras…

cruce de Shibuya en Tokio sin gente visto desde el Starbucks

cruce de Shibuya en Tokio con gente pasando visto desde el Starbucks

Estaba empezando a caer la noche y decidimos dar un paseo sin rumbo fijo por el barrio, concretamente por Center Gai y sus aledaños.
Center Gai es la calle más fotografiada de Shibuya, no muy larga, de unos 350 metros. En esta zona hay muchas tiendas de música, ropa de segunda mano, restaurantes y salas de juego. Se puede considerar el corazón de Shibuya.

También llegamos hasta la zona conocida como Dogenzaka o Love Hotels Hill, una zona con alta concentración de “love hotels”, de todos los tipos y para todos los bolsillos. Este tipo de hoteles, que podemos traducir literalmente como “hoteles del amor” ofrecen habitaciones por horas, con diversas temáticas (y de lo más llamativas)… algunas para partirse de la risa…
Estos establecimientos aseguran la privacidad y la discreción de sus usuarios, de manera que la habitación que uno quiera se escoge desde un panel con las habitaciones que tiene disponibles iluminadas, y se hace el pago con tarjeta de crédito, a través de una máquina o un mostrador tintado. De este modo, no hay contacto directo con ninguna persona. ¡Más discreción, imposible!
La verdad que en nuestro paseo por Dogenzaka vimos unos cuantos “love hotels”, pero ninguno que nos llamase tanto la atención como para quedarnos. ¡Jajaja!
Por cierto, que tenemos alguna foto, pero eran de bastante mala calidad y decidimos no ponerlas; de todos modos, eso es mejor verlo in-situ. xD
Después de hacer alguna que otra compra, decidimos buscar un sitio para cenar, que ya era tarde y teníamos hambre. No buscamos mucho porque te puedes volver loco con la cantidad de opciones que hay y, como ese día nos apetecía variar un poco y no comer comida japonesa, entramos en un bar llamado “Pronto” –que luego nos enteramos que debe ser una franquicia porque hay varios más por la ciudad- donde pedimos una ensalada césar, una pizza y unas cervezas, por ¥1900. No fue la mejor cena del viaje, pero tampoco estuvo mal.

Salimos de cenar y nos fuimos directamente al metro para volver al hotel, no sin antes hacer una última foto de Shibuya, con la noche ya completamente echada:

cruce de Shibuya por la noche

 

 

GASTOS DEL DÍA:

entrada Templo Engaku-ji: ¥300
“segundo desayuno”: ¥450
entrada Daibutsu: ¥400
entrada Templo Hase-dera: ¥600
comida “Hase-dining”: ¥2300
compra “7Eleven”: ¥718
cafés “Starbuck”: ¥1101
cena “Pronto”: ¥1900
recargo PASMO: ¥2000

TOTAL:  ¥9769 (aprox. 72€)