Jueves, 02 de Junio de 2016.
Era nuestro último día en Cape Cod y nos quedaba por delante una visita ansiosamente esperada por mí desde el momento en que decidimos que visitaríamos esta zona; pero, sin saberlo, claro está, también nos íbamos a llevar un pequeño disgusto en una de nuestras paradas.

Nos levantamos tempranito, como siempre, y tras un gran desayuno nos pusimos rumbo a la pequeña y cercana localidad de Hyannis. Podríamos considerarla la capital de la península, aunque realmente no lo es; sin embargo sí que es la que más oferta tiene en cuanto a tiendas, restaurantes,… Nosotros íbamos en temporada baja/media para ellos, así que aún había muchos locales cerrados, pero aquello en temporada alta debe estar animadísimo.
Pero si por algo es conocida es porque era el sitio al que el presidente Kennedy (cuya familia era oriunda del lugar) solía acudir los fines de semana, durante las vacaciones o para encontrarse con mandatarios de otros países durante su mandato. De hecho, aquí se encuentra el museo dedicado a su persona. Los que ya me conocéis, sabéis mi “debilidad” con JFK, así que obviamente no podía dejar pasar la ocasión para visitarlo.

Lidia a la entrada del JFK Museum en Hyannis

Es un museo muy chiquitín donde, sobre todo, se pueden ver fotos inéditas del Presidente con su familia, además de alguna que otra exposición multimedia en la que se explica su profunda conexión con Cape Cod. La entrada cuesta $10, que se puede considerar “un poco mucho” para lo que ofrece, pero yo los pagué encantada de la vida. Iba a conocer más cosas de una de las personas que más me fascinan, así que ya os podéis imaginar… 😉

estatua de JFK a la entrada de su museo en Hyannis

La exposición fotográfica comienza con una serie de instantáneas privadas de la familia durante las épocas que pasaban en el Cabo…

fotografía en el museo de JFK en Hyannis

… y nos muestra también la casa familiar en Hyannis…

foto de la casa de los Kennedy en Hyannis

Como estas, decenas de fotos inéditas que yo disfruté observando hasta el más mínimo detalle.

En otra de las salas, nos muestran ya la parte no tanto privada, sino más bien todo lo contrario de John Kenney: su faceta política y su campaña electoral que le hizo llegar a ser el 35º presidente de Estados Unidos. Siempre en un segundo plano, pero mano derecha de Jack, su hermano Bobby…

carteles electorales de JFK en el Museo de Hyannis

foto de John y Bobby Kennedy en el museo de Hyannis

Además de fotografías, el museo conserva panfletos, chapas y todo tipo de memorabilia de su carrera hacia la presidencia.

Pero además de JFK, una figura que destacó siempre a su lado y tuvo gran peso en su vida política -además de personal, obviamente- fue su mujer: Jackie Kennedy. No falta en el museo una pequeña zona dedicada a ella:

fotos de Jackie en el museo de JFK de Hyannis

foto y dedicatoria de Jackie en el museo de JFK de Hyannis

Me habría pasado horas observando cada detalle de cada foto… pero no era plan, así que antes de irnos entramos en la pequeña tiendecita de regalos que tiene el museo, donde nos encontramos con esta estatua:

estatua de John John en el museo JFK de Hyannis

¿Quién no recuerda al pequeño John John, el día de su tercer cumpleaños (vaya con la casualidad), en el funeral de su padre saludando su féretro? 🙁

Con esta imagen y con alguna que otra compra salimos del museo y cogimos el coche -que, por cierto, dejamos en un parking que hay por la parte de atrás- para dirigirnos a nuestra siguiente parada del día, sin salir aún de la localidad: Hyannis Port.
Esta pequeña villa residencial, ubicada en el puerto de Hyannis, tal y como su nombre indica, está situada a unos 2 kilómetros al suroeste del centro de la ciudad.
Lo que queríamos ver allí estaba de nuevo dedicado al presidente: el John  F. Kennedy Memorial. El monumento en sí no es que destaque por su belleza o grandiosidad, pero desde él se obtienen unas vistas de la playa que quitan el hipo y, a pesar del viento que hacía, pudimos dar un agradable paseo. Es increíble lo bien cuidado que está todo…

John F. Kennedy Memorial en Hyannis Port 1

John F. Kennedy Memorial en Hyannis Port 2

Habíamos pasado buena parte de la mañana “con los Kennedy”, así que ahora tocaba cambiar de rumbo y de lugar. Dejamos Hyannis y nos dirigimos hacia el norte, hacia otro lugar muy conocido de Nueva Inglaterra y donde queríamos ver un trocito de la Historia de Estados Unidos. ¡Nos vamos a Plymouth!

Esta población está situada a unos 55 kilómetros de donde estábamos, así que nos tocaba conducir (bueno… a Sergio) unos 45 minutos hacia el norte. Lo más llamativo que se puede visitar allí, y la razón de nuestra escapada, era el “Mayflower”, el barco en el que los peregrinos llegaron al país, atravesando el Atlántico; bueno, aunque si habéis leído los posts anteriores, ya sabréis que el primer lugar al que arribaron fue en Provincetown, Cape Cod. ¿Recordáis? Os lo contábamos en nuestro último post sobre el Cabo… En realidad, el barco es una réplica, a escala real eso sí, del barco original.

Llegamos a Plymouth más o menos a la hora de comer y decidimos ir a almorzar antes de hacer la visita. Encontramos un sitio para aparcar el coche en una calle cercana al puerto y nos fuimos en busca de un lugar donde saciar el apetito, que a esas horas ya empezaba a apretar. Después de mucho investigar y mirar por la zona, nos decantamos por este, el “Tavern on the Wharf”.

restaurante Tavern on the Wharf en Plymouth

Allí dimos buena cuenta de un plato de calamares y otro de pescado, todo para compartir, por $55. No demasiado barato, lo sé, pero por la zona todo estaba más o menos igual. Eso sí, estaba todo buenísimo y eran raciones taaaan grandes (made in USA size 😉), que no logramos acabarlas.

Tras acabar de comer, nos fuimos dando un paseo a orillas del mar hasta donde está anclado el Mayflower, y aquí fue donde nos llevamos el chasco del que antes os he hablado… ¡y es que el barco no estaba! “Espera, espera… seguramente es que estamos en el lugar que no es, vamos a mirar bien…”. Esto fue lo que nos dijimos, más que nada para infundirnos ánimo… pero nada. Sí que estábamos en el lugar correcto y no había barco alguno. ¡No puede ser! Después de dar muchas vueltas a la taquilla donde se compran las entradas, vimos un cartelito ¿pequeño? No, lo siguiente… era ínfimo, donde anunciaba que el Mayflower había sido retirado para llevar a cabo una restauración. ¡Nooooo! Habíamos sido hasta allá con el único objetivo de verlo y nos quedamos con las ganas.

Pues nada, después del disgusto inicial y de jurar en arameo por el tiempo “perdido”, volvimos a por el coche y buscamos un plan B. Eso sí, como “pequeña compensación”, antes de irnos de Plymouth nos tomamos un mega-helado que estaba buenísimo  -a pesar del frío- y nos dimos un último paseo por los alrededores.

Ya en el coche, decidimos ir en busca del último faro de la península de Cape Cod: Nobska Light, que está justo en el punto opuesto a Provincetown, es decir, en la punta sur del Cabo. Teníamos por delante algo más de 60 kilómetros, que hicimos pasando por algún que otro pueblecito como Sandwich o Falmouth, muy chulos, pero sin detenernos en ninguno.

El faro Nobska data del año 1829, aunque la torre actual es del 1876, y desde 1987 forma parte del Registro Nacional de Lugares Históricos de Estado Unidos. Es realmente bonito, como todos los que habíamos visto en esos días.

faro Nobska Light en Cape Cod Massachusetts

Para verlo de cerca dejamos el coche delante y nos dimos un paseo tanto por sus alrededores como por un sendero que hay justo al otro lado de la carretera, que te lleva hasta el acantilado.

Sergio en el faro Nobska Light en Cape Cod Massachusetts

Después de disfrutar del paisaje y, por qué no decirlo, del fresquete que hacía -¡madre, qué viento!- volvimos al coche y pusimos rumbo a casa, a descansar. En una hora llegamos a nuestro querido refugio del Cabo (cada día nos gustaba más “The Escape Inn”), aunque antes paramos en un supermercado para comprar algo de cenar -$9.90-.

Era hora de descansar. Habíamos pasado unos días estupendos en Cape Cod, un lugar que no suele ser muy frecuentado por viajeros “no estadounidenses”, y al día siguiente nos esperaba un intenso… o más bien tenso día de coche. Pero, como siempre, eso os lo cuento en el próximo post… 😉