Jueves, 19 de septiembre de 2013.
Había llegado uno de los días que más ganas teníamos de todo el viaje: hoy íbamos a ir a Alcatraz. Pero bueno, habíamos reservado el tour nocturno, así que la visita os la cuento luego.

La idea de hoy era bajar por la zona de Union, Market y Powell para hacer un poco de shopping durante la mañana y por la tarde ya ir a Fisherman’s Wharf y hacer la excursión. Así que nos levantamos, nos arreglamos y pusimos rumbo a Union Square bajando por Powell Street. No llevábamos cámara en ese momento porque nos parecía que no la necesitaríamos para ir de compras.
Desayunamos en otro Starbucks que había un poco más arriba que el del día anterior y que estaba más vacío, así que pudimos tomarnos el cafelito más tranquilos.

Bueno de esa mañana tampoco hay mucho que contar, como os podéis imaginar. Visitamos una de las tiendas “obligatorias” para mí –no así para Sergio…jiji-: Victoria’s Secret (como ya había predicho en Las Vegas, aquí también hice alguna que otra compra), Bloomingdale’s, Macy’s, Ferrari Store, Apple… En esta última estuvimos un buen rato porque unos amigos nos habían encargado un iPad y entre que miramos, nos atendieron (unos chicos súper-amables, por cierto), charlamos y demás… os podéis hacer una idea. Además, al día siguiente se ponía a la venta el nuevo iPhone y aquello estaba que ardía. Los pobres chicos que trabajaban allí estaban temblando porque llegase el viernes… ¡imaginaos las colas que pudimos ver ese día!

Pues nada, después de gastarnos los cuartos, nos fuimos al hotel para coger algo de ropa para la noche, ya que sabíamos que en el ferry haría fresquito –como así fue-, y también la cámara.
Cuando estuvimos listos bajamos a coger, por vez primera, el cable car. ¡Viva! Como ya os había dicho hay una parada justo a la salida del hotel, a mano izquierda; teníamos miedo de que no nos dejasen subir si iba demasiado lleno, pero como no había nadie más en la parada, no tuvimos problema. ¡Ya estábamos en uno de los medios de transporte más famosos del mundo! ¡Qué ilusión!

Lidia con el cable car en San Francisco

En este viaje nos tocó ir atrás del todo, por lo que tuvimos unas vistas durante el trayecto excepcionales. Al principio a mí me daba un poco de “miedín” al subir y bajar las cuestas porque parece que el car es un poco inseguro, pero para nada.
Nos bajamos en la última parada de esa línea (Powell-Mason) que es Fisherman’s Wharf y nada más hacerlo nos dimos cuenta de que nos iba a gustar. Había muchísimo ambiente y estaba lleno de tiendas, restaurantes,… Es una bonita zona para pasear.

Lidia con el cartel del cable car en Fisherman Wharf de San Francisco

cartel de Fisherman's Wharf en San Francisco

Según sales de la parada, el muelle con el que vas a dar es el 45 y como queríamos ira hacia el 39, donde está el restaurante “Bubba Gump” al que queríamos ir a comer, nos dirigimos hacia allí dando un agradable paseo. A pesar de ir caminando al lado del mar, tuvimos una suerte increíble y no hacía nada de frío, cosa que a la tarde-noche ya iba a cambiar…

Como nos imaginábamos que en el “Bubba” iba a haber un montón de gente nos fuimos directamente hacia allí, dejando la visita al Pier 39 para después del almuerzo. El restaurante está al final del muelle, así que tienes que caminar un buen trecho. Al llegar, como os digo, había bastante cola, así que allí nos pusimos y nos tomaron nota para cuando hubiese una mesa libre. Nos sentamos allí mismo, en la entrada, esperando a que nos llamasen y viendo la decoración que, obviamente, gira toda alrededor de la peli “Forrest Gump”, una de mis preferidas y que habré visto como unos cien millones de veces…jeje..
Tardaron unos 20-30 minutos más o menos. ¡Pero la espera mereció la pena! El sitio es gigantesco, con muchísimas mesas, otros tantos camareros y un ambiente estupendo. Tuvimos la suerte de que nos sentaran justo al lado de la ventana, al final del restaurante, con unas vistas a la bahía impresionantes. ¡Qué gusto comer así! En cuanto a la comida… ¡nos pusimos las botas! Pedimos dos platos para compartir que venían recomendados en el menú: “Shrimper’s Heaven”, que es un combinado de gambas hechas de varias formas –en tempura, fritas,…- acompañadas de patatas fritas, y “Jenny’s Catch”, un pescado que no recuerdo cuál era, sobre puré de patatas y espinacas y salsa de langosta; estaba todo riquísimo, pero en especial esto último…mmm… ¡Ah! También acompañamos la comida con una margarita y un postre de tarta de fresa. Se me está haciendo la boca agua según os lo voy contando…
Por cierto, un detalle que nos pareció gracioso a la par que muy útil para llamar al camarero cuando necesitábamos algo. Hay una señal en cada mesa que puedes cambiar según te convenga. Si no necesitas al camarero, debes dejar esta señal:

cartel del Bubba Gump de San Francisco 1

Si, por el contrario, necesitas al camarero para cualquier cosa, en lugar de llamarlo a voces, como a veces solemos hacer, o por señas que parecemos algo…

cartel del Bubba Gump de San Francisco 2

Oye, y funciona a la perfección ¿eh?

Después de haber comido como nunca y con el estómago a reventar salimos a dar un paseo por el famosísimo Pier 39. Antes, sin embargo, entramos en la tienda de regalos del ”Bubba Gump” –está justo a la salida del restaurante- donde yo me compré una camiseta muy chula con una de las frases míticas de Forrest.

Nuestros pasos se dirigieron después a ver a los más famosos habitantes del muelle: los leones marinos. ¡Qué rato más agradable pasamos viéndolos! ¡Son tan simpáticos! Al parecer, llegaron a San Francisco por el terremoto del 89; los leones se despistaron y acabaron en la bahía, se les habilitó un espacio y ahí se quedaron. Hoy en día son una de las atracciones turísticas más conocidas de la ciudad. A lo largo del muelle, en la zona donde están, se pueden leer un montón de paneles donde se explican varios aspectos de la vida de estos animales: cómo llegaron allí, sus hábitos de alimentación, apareamiento, su cuidado,…

leones marinos en el Pier 39 de San Francisco 2

leones marinos en el Pier 39 de San Francisco 1

Con bastante penita, ya que cada vez que hacíamos amago de irnos acabábamos quedándonos a verlos “otro ratito”, finalmente seguimos nuestro camino por el muelle, visitando varias de las tiendas que hay. Entramos en una típica de souvenirs donde compramos un par de cositas de la ciudad y una sudadera muy chula para nuestra sobrina.
De verdad que os recomiendo muy mucho pasar un buen rato por esta zona porque es preciosa. Para mí, una de las más interesantes de todo San Francisco, aunque he de confesar que me quedé enamorada de toda la ciudad en general.

Lidia en Fisherman's Wharf en San Francisco

Ya se estaba acercando la hora de la visita a Alcatraz –la teníamos a las 18:30, el tour nocturno- así que nos fuimos dando un paseo hacia el Pier 33, desde donde sale el ferry a la isla.
No teníamos que cambiar las entradas en ningún sitio porque ya nos servían para subir al ferry. Las compramos con bastante antelación a través de la página web oficial: “Alcatraz Cruises” y nos costaron $37 por persona. Si no recuerdo mal, el tour nocturno es un poquito más caro que los que se hacen durante el día, pero merece mucho la pena. En la entrada se incluye el viaje ida-vuelta en el ferry, la visita a las distintas zonas de la isla (en parte con guía) y la audio-guía, la cual es una pasada porque los narradores son los propios presos y oficiales que estuvieron allí.

Cuando llegamos ya había bastante gente y enseguida, muy puntuales como suele ser común en USA, comenzaron con el embarque de nuestro ferry, a las 6 de la tarde. Una vez subidos ya en el barco pudimos irnos a la parte más alta y coger unos asientos a la esquina del todo para poder hacer fotos y disfrutar el trayecto, que dura como unos 15 minutos, más o menos. Como os dije antes en esta etapa, la ropa de abrigo nos vino de lujo porque el frío durante el viaje era importante; aún así, como íbamos bien abrigaditos y disfrutando tanto, apenas si lo notábamos.

isla de Alcatraz desde el ferry 1-001

isla de Alcatraz desde el ferry 2

isla de Alcatraz desde el ferry 3

Bueno, una vez llegamos a la isla, nos bajamos del barco y nos dividieron en 2 grupos, cada uno con un guía. Con él fuimos subiendo en dirección al edificio de las celdas (cellhouse), haciendo tres paradas distintas en nuestro camino, en las cuales nos iba contando la historia de Alcatraz, la vida de los presos y de los oficiales que vivían allí, … Ya entonces estábamos entusiasmados con todo lo que estábamos oyendo; nos parecía muy interesante y nos estaba encantando la visita. ¡Y eso que no había hecho más que comenzar!

cartel de la isla de Alcatraz

Cuando llegamos al cellhouse, el guía ya nos dejó y nos pusimos en la cola para recibir las audio-guías –la pedimos en español-. Siguiendo las instrucciones que te van contando, la visita se hace perfectamente y muy completa. No quiero contaros mucho porque creo que es más interesante vivirlo. La sensación de estar allí, escuchado cómo era la vida en prisión para los presos y para los oficiales, conociendo las experiencias de los intentos –y no tan intentos- de fuga, … es inexplicable. Solamente os cuento que tuvimos la oportunidad de entrar en las celdas de aislamiento, escuchando de boca de un preso cómo era estar metido allí dentro; de ver los agujeros que los presos fugados en 1962 habían hecho en sus celdas para escapar (si no la habéis visto y os gusta esta historia, os recomiendo la peli de Clint Eastwood, “Fuga de Alcatraz”); de ver la zona del hospital de la cárcel –si no me equivoco, esta parte sólo se abre en los tours nocturnos-, un sitio que a mí me puso los pelos de punta…

celda en la prisión de Alcatraz

Lidia delante de una de las celdas de Alcatraz

celdas de aislamiento en la prisión de Alcatraz

Tras la visita por el interior de la prisión, salimos un poco a la calle para observar las vistas de la ciudad desde la isla… impresionante:

vista nocturna de San Francisco desde Alcatraz 1

vista nocturna de San Francisco desde Alcatraz 2

¡Ah! Una última cosa que tanto Sergio como yo os recomendamos si hacéis esta visita nocturna (no estoy segura si durante el día lo hacen): quedaros a la demostración que hacen de la apertura y cierre de las puertas de las celdas. Si no me equivoco se hace como a las 20:45 horas y es una verdadera experiencia. El ruido que hacen, la forma que el guía tiene de explicar ese “simple” gesto, lo que suponía para los presos,… Yo hubo un momento que cerré los ojos y se me puso la carne de gallina. La sensación es inexplicable.

pasillo de celdas en la prisión de Alcatraz

Ya era la hora de irse porque el último ferry que sale de la isla es a las 21:25 y si lo pierdes, ¡allí que te quedas! Así que nos pusimos a la cola para embarcar y volver de nuevo a la ciudad, con un sabor de boca magnífico y con la sensación de haber vivido uno de los mejores día de todo el viaje.

ferry de Alcatraz

Esta vez, eso sí, no subimos a la parte de cubierta porque hacía un frío… Nos quedamos bien calentitos abajo del todo, rodeados de todos los trabajadores de Alcatraz (guías, guardas,…) que acababan su turno y volvían a sus casas.

Cuando llegamos a tierra y desembarcamos eran como las diez de la noche y no sabíamos si tendríamos cable car a esas horas, pero de todos modos decidimos volver caminando al Pier 45, a la parada en la que nos habíamos bajado por la mañana. Si no había car, tendríamos que coger un taxi…
Cuando llegamos nos encontramos con un matrimonio colombiano que nos informaron de que había transporte hasta las 12, así que íbamos a vivir el trayecto en tranvía durante la noche. Eso sí, esta vez nos metimos dentro, sentaditos y calentitos porque hacía bastante “rasca”. En un momentito llegamos a nuestra parada al lado del hotel y como habíamos comido tanto y tan bien, no teníamos una pizca de hambre, así que nos fuimos directamente a dormir.
El día siguiente significaba el final de nuestro viaje, pero no por ello estábamos tristes, sino muy satisfechos de haber podido vivir esta aventura tan fantástica. Pero, ¡eh! ¡Que aún queda un día!

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