Miércoles, 11 de septiembre de 2013.
Era nuestro primer día en Las Vegas y no íbamos a madrugar. Así que el despertador… off. Dormimos un poco más de lo habitual en días pasados, pero tampoco es que se nos pegasen las sábanas, la verdad. Lo que sí hicimos fue tomarnos la ducha con más calma, prepararnos sin prisa,… Sabíamos lo que queríamos hacer durante la mañana: ir de compras a los Premium Outlet del norte de la ciudad y como abren a las 10, no teníamos prisa ninguna. Además, estábamos ya empezando a notar el cansancio de días pasados, así que ¡aprovechamos a tope la comodidad de la “mega-cama” del Bellagio!
Por otra parte, también hay que tener en cuenta que al no ser nuestra primera visita a la ciudad tampoco teníamos necesidad de andar todos los hoteles, porque esto ya lo habíamos hecho, así que esta vez íbamos con otro rollo, más relax y poco estrés.

Por cierto, antes de nada, os digo que en esta etapa no voy a poner ninguna foto simplemente porque ese día no hicimos ninguna. Les dimos libre a las cámaras. Jejeje…

Total, que una vez ya preparados nos fuimos a desayunar. Y eso también teníamos claro dónde íbamos a hacerlo: ¡”Café Bellagio”! Mmmm… Se nos hacía la boca agua con solo pensarlo. Veréis, como ya os había comentado, no era la primera vez que nos alojábamos en este hotel y la vez anterior descubrimos este restaurante un poco por casualidad y , a su vez, también hicimos lo propio con sus huevos Benedict. ¡Madre mía! Si es que de pensarlo otra vez me está entrando el hambre…
Pues nada, que p’allá que nos fuimos. No había cola ninguna, así que no tuvimos que esperar nada. Nos acompañaron a nuestra mesa y nos dejaron la carta, la cual casi ni necesitamos, porque ya sabíamos lo que íbamos a comer… jiji…

Y ya con el estómago lleno, nos fuimos a por el coche al valet parking para poner rumbo al norte y poner en marcha nuestro “modo consumista”. (Deciros que fue la única que vez que usamos este tipo de aparcamiento; el resto de días que cogimos el coche para algo, lo aparcamos nosotros mismos, porque era muy cómodo y estaba muy cerquita de la puerta de entrada al hotel).

Nuestro periplo comercial tampoco tiene gran cosa que contar, la verdad. El outlet está al norte de Las Vegas, como a unos 10 minutos del hotel, así que enseguida nos plantamos allí, poquito después de que abrieran. Es bastante grande, muy parecido al de Nueva York, donde ya estuvimos en un par de ocasiones.
Visitamos muchas tiendas y, para qué negarlo, nos gastamos “un pastizal”: Levi’s, Skechers, Timberland, Guess, Tommy,… Vamos, las marcas que normalmente visitamos cuando vamos a estos sitios. La verdad que sí, que gastamos bastante, pero los precios estaban tiradísimos; si eso mismo lo compramos aquí, seguro que no hacemos con el doble de dinero.
Por cierto, algo que hice antes de ir, fue imprimir los cupones de descuento que aparecen en la página web de Premium Outlets. Son bastante útiles y, aparte del descuento que ya encuentras, puedes aprovecharte incluso de algún otro. Además de esto, cuando llegamos fuimos al centro de información y allí nos dieron, aparte un mapita para orientarse con todas las tiendas, otro libro con más descuentos. ¡¿Cómo no íbamos a gastar?!

En teoría solo íbamos a estar durante la mañana y teníamos previsto, como muy tarde, irnos de allí después de comer… ¡ja! Estábamos tan entretenidos que cuando llegó el momento de comer, aún nos quedaban unas cuantas tiendas que queríamos visitar. Total, que comimos algo rápido –de nuevo- en el Starbucks y enseguida volvimos a las tiendas. En estas, mientras estábamos en una de ellas (no recuerdo cuál) empezó a llover como si no hubiera un mañana. ¡Madre mía! ¿Habría algún sitio donde comprar una barca? Porque ya nos veíamos en una para poder salir de allí; eso, o nadando, porque enseguida las calles se encharcaron y parecía un lago. Lo “chungo” es que nos quedaba una última tienda de obligada parada porque queríamos comprarnos un par de tenis que habíamos visto. Lo bueno es que por lo menos habíamos llevado la mayor parte de las bolsas al coche a mediodía, antes de comer, por lo que no íbamos excesivamente cargados.
Total, que fuimos de tienda en tienda hasta llegar a la de Skechers –que era donde queríamos comprar el calzado- y allí hicimos nuestra última compra. La duda, cuando acabamos era: ¿esperamos a ver si amaina un poco el chaparrón, como estaba haciendo mucha gente que se resguardaba dentro de la tienda, o echamos una última carrera y llegamos al parking? Finalmente nos decantamos por esto último porque no parecía que la tormenta fuese a parar en breve y, además, la tienda estaba justo a la entrada, es decir, por donde teníamos que salir para llegar al parking y recoger el coche. Así que… preparados, listos… ¡ya! ¡A correr! Llegamos al coche “un poquito mojados”, pero no había problema, nos íbamos al hotel y ya podríamos cambiarnos allí.
A todo esto, ya eran más de las 6 de la tarde. ¡Y eso que queríamos irnos temprano!

Nuestra siguiente idea era buscar donde estaba el “Spiegeltent”, que era el sitio donde al día siguiente iríamos a ver el show de “Absinthe” (ya os cuento en la próxima etapa). Resultó muy fácil; las indicaciones decían que estaba en el Caesar’s Palace, pero no exactamente en donde. Bajamos por la entrada principal del Bellagio y aprovechamos para ver por vez primera en este viaje uno de los espectáculos de las fuentes; una vez pasada la pasarela y la escalera que une ambos hoteles, ya se ve una carpa de circo no muy grande, que resultó ser el sitio que buscábamos. ¡Perfecto! Solo tendríamos que ir un poquito antes de que comenzara el show para cambiar nuestras entradas impresas por “las de verdad” (esta forma de recogida se llama “will call”, como en el caso de la Warner, Universal,…). Tema solventado.

Lo que hicimos luego fue capricho mío, que seguía con mi afán consumista. Jijiji… Ya sabía, del anterior viaje, que había una tienda que me chifla en el “Forum Shops” del Caesar’s y quería hacer una visitilla. Se trata de “Victoria’s Secret”. ¡Menos mal que no la hay en España porque de ser así, ya estaría arruinada! Compré alguna cosina, pero tampoco me pasé mucho porque el día había sido excesivamente “gastizo”, como decimos por mi tierra.

Por cierto, que a esas horas ya casi era noche cerrada y había parado de llover, pero parecía que de un momento a otro podría volver a diluviar. Cruzamos la calle y nos fuimos al hotel Planet Hollywood, el cual no conocíamos y teníamos justo enfrente del Bellagio. Dimos una vuelta por el casino y las tiendas –sin comprar nada- y buscamos para cenar un sitio del que había oído hablar muy bien: “Earl of Sandwich”, donde nos comimos un par de sándwiches calentitos que estaban buenísimos, acompañados de una ensalada de patata, muy típica en EEUU y que a mí me encanta.

Esta fue nuestra última visita del día. Habíamos caminado bastante de tienda en tienda y yo había cogido un poquito de frío, por la mojadura, por lo que estaba empezando a doler un poquito la garganta, así que decidimos “retirarnos a nuestros aposentos” para descansar y prepararnos para el siguiente día, que iba a ser…. “absíntico”… ¡¡¡Jajajaja!!!