Jueves, 07 de Junio de 2018.

Lo peor de los viajes es que llega un día en que es el último. Y ese era el día de hoy: el último de esta aventura que nos había llevado a un montón de sitios nuevos y a otros que ya conocíamos de Japón.
Estábamos tristes por tener que despedirnos del país, pero también dispuestos a aprovechar esas últimas horas a tope, para irnos con un buen sabor de boca. Y para ello, nos fuimos a visitar dos barrios ya conocidos, pero no por ello menos interesantes.

Pero antes de emprender ruta al primero de ellos, decidimos hacer una pequeña parada en el templo que teníamos al lado “de casa” y que habíamos dejado atrás sin detenernos todos los días, en nuestro camino hacia el metro: el Templo Senso-ji.
Como ya lo conocíamos del anterior viaje solamente paseamos por él sin entrar en ninguno de sus salones, pero sí quisimos volver a probar nuestra fortuna comprando un omikuji (pequeños papeles que predicen el futuro y la fortuna, según la tradición nipona). Para hacerlo, solo hay que seguir estos pasos: primero hay que hacer una pequeña ofrenda -creo que en este caso fueron ¥100- para coger una de las cajas hexagonales que hay justo al lado de donde se hace dicha ofrenda…

omikuji en Senso-ji 1

Hay que agitar bien la cajita y extraer de ella una de las varillas que tiene en su interior; ésta tiene un número inscrito:

omikuji en Senso-ji 2
(NOTA: no le tengáis en cuenta a Sergio la cara de mala leche que tiene, es que no le gusta que le haga fotos. Ya veréis cuando lea este post y vea que he puesto estas…)

Una vez con la varilla, buscamos entre las filas de cajones aquél que corresponda con nuestro número y volvemos a dejar la varilla dentro de su caja.

omikuji en Senso-ji 3
Y ahí dentro encontraremos el omikuji con nuestra fortuna escrita (no os preocupéis, que no solo viene en japonés, sino también en inglés). Si el que te toca te predice mala suerte, la creencia popular dice que debes atarlo a un lugar ubicado en el templo para tal fin, porque de esta manera la mala suerte se quedará atrapada y los dioses se la llevarán consigo; si, por el contrario, la suerte predicha es buena, hay dos opciones: o guardas el omikuji y lo llevas contigo, o bien lo dejas también en el templo para que tenga un mayor efecto. Mirad lo que ocurrió:

omikuji en Senso-ji 4
omikuji en Senso-ji 5

Tras este momento de ‘fortune telling’, nos fuimos a coger el metro para ir a Shibuya, nuestro primer destino del día. Este barrio es conocido por las calles aledañas a su estación, todas llenas de tiendas, centros comerciales, restaurantes, cafeterías… Pero si por algo es famoso, es por su cruce: una intersección compuesta de cinco pasos de peatones sincronizados, lo que significa que cada vez que se abren los semáforos peatonales, una marea humana invade el asfalto, convirtiendo en el más transitado del mundo.
Hacia allí nos fuimos para volver a cruzarlo una vez más, pero antes fuimos a hacerle a una visita al famoso perro Hachiko. Bueno, a su estatua. ¿Conocéis la historia de este peludín? Pues si no es así, es muy interesante, y en nuestra entrada del blog del anterior viaje, tenéis un pequeño resumen. 😉

Cuando llegamos allí -está situada en un pequeña plaza a la salida de la estación de metro-, había cola para hacerse una foto con ella y, como buenos ciudadanos, hicimos lo propio para tener un recuerdo con el perrín. Y es que en el viaje del 2015, la foto se vio un poco… “distorsionada”, por decirlo de alguna forma.
Bueno total, que según íbamos acercándonos, vimos que en esta ocasión: ¡había fotógrafo oficial! Sí, sí, como lo leéis. Había un señor, de los típicos japoneses que parece que tenga unos 200 años, que era el encargado (de motu propio, digo yo) de coger todas las cámaras y móviles y hacer la fotografía a todo aquel que quisiera ponerse al lado de Hachiko. Aquí lo tenéis:

Hachiko Shibuya 1

Y, cómo no, no quisimos parecer unos mal educados y cuando llegó nuestro turno, le cedimos el móvil y nos preparamos para que inmortalizase el momento. Fue muy gracioso porque el señor nos daba órdenes pero, claro, nosotros no entendíamos nada; hasta que nos dimos cuenta que, tras unas cuantas los dos juntos, lo que quería era que Sergio se apartase para hacerme la foto a mí sola con la estatua. ¡Jajajaja! Pues nada, le hicimos caso, claro.
Aunque aquí solo os dejo en la que salimos los dos, que estamos más guapetes… jiji….

Hachiko Shibuya 2

Tras darle las gracias al hombre, nos fuimos al famoso Starbucks. Y es famoso porque desde su piso superior, se obtienen unas vistas no muy malas del cruce. Claro que, como es habitual, estaba a tope y es difícil pillar un buen sitio desde donde poder hacer alguna foto decente. Aún así, nosotros subimos y aprovechamos para pillarnos un par de esos cafés que tanto nos pirran.

Starbucks Shibuya 1
Tras el café, ahora sí ya bajamos a pie de calle y nos fuimos a cruzar el paso de peatones. Parece una chorrada -y seguramente lo es-, pero a nosotros nos hace mucha ilusión, qué queréis que os diga…

cruce de Shibuya
Y ya al otro lado, en la acera que creíamos que era la correcta, nos pusimos a buscar nuestro siguiente destino. Y aquí se complicó la cosa, porque no está nada indicado y no llevábamos demasiada información al respecto.
Veréis, antes de irnos de viaje habíamos visto en la cuenta de Instagram de El Gusanillo Viajero una foto del cruce que nos había gustado muchísimo, así que les preguntamos y nos dieron la información: era el edificio que estaba frente al Starbucks, en la azotea, y subir y hacerse la foto era gratis.
Bien, pues con todo esto apuntado, nos fuimos en busca de ese sitio. Pero, cosas de Japón, todos los carteles estaban en japonés y no sabíamos con exactitud qué edificio era… Además, y aquí entono por supuestísimo el mea culpa, no llevaba del todo bien claras las indicaciones que  Isa y Claudio nos habían dado. ¡Qué desastre! Ya estábamos dándonos por vencidos porque llevábamos un buen rato dando vueltas cuando, de repente, oh milagro: encontramos una foto y  una pequeña indicación para llegar a la azotea. ¡Bien!
Ahora sí, hay que hacer una anotación: creo que cuando nuestros amigos del Gusanillo Viajero fueron, la entrada y la foto era gratuita, pero ahora no es así. Ahora se paga por llegar al mirador -no así a la azotea- y hacerse la foto. Tienes que tener un móvil que pille wifi y lea códigos QR para descargar a posteriori las fotos. No recuerdo cuál era el precio, pero creedme si os digo que, para nosotros, mereció la pena.
Estas son algunas fotos que puedes sacar desde la propia azotea:

Shibuya 1

Shibuya 2
Pero “lo gordo” es esto otro…

Shibuya 3
¡No diréis que no mola! Hicimos muchísimas fotos. Creo que tienes como unos 2 minutos para hacer todas las que quieras y, de verdad, es tiempo mas que suficiente. Es más, incluso a última hora ya se te acaban las ideas de las fotos chorras que puedes hacerte…

Y ahora voy a ver si os explico un poco dónde está este observatorio y cómo funciona:
Está situado en el edificio “Magnet by Shibuya 109”, y la experiencia se llama “Crossing View”.
Dentro de ella que sería, dijésemos, la azotea per se, está la “Crossing Photo”, que ya es donde tienes que pagar.
Aquí tienen una plataforma (que si os fijáis en la foto de arriba es donde nos situamos) y en la parte más alta del edificio, mirando hacia abajo, hacia esa plataforma, una cámara enfocando el cruce.
Esta cámara es la que te hace las fotos durante los 2 minutos que dura tu “sesión”. Cuando nosotros fuimos había una empleada que nos iba indicando de vez en cuando el tiempo y también, muy maja ella, nos daba ideas para las fotos. Jeje…
Una vez finalizado el tiempo, con el teléfono escaneas el código QR correspondiente y ¡listo! Ya puedes descargarte tus fotos.
¡Ah por cierto! Los tickets los puedes comprar abajo a la entrada -como nosotros hicimos- o bien en la azotea justo antes de entrar; no es necesario cogerlos con antelación.

Cuando nosotros fuimos no había nadie. Literalmente. Estábamos solos. No sé si es porque era temprano o porque aún no era muy conocido este sitio (creo que se había inaugurado poquitas semanas antes). A día de hoy, no sé cómo estará y si es posible comprar las entradas con antelación.

Espero haberme explicado bien. De todos modos, una vez allí es todo mucho más fácil de lo que parece.

Pues ya con nuestros objetivos en Shibuya cumplidos, tocaba despedida “a lo friki”. ¿Y qué mejor sitio para hacerlo que en Akihabara? 😉
Akiba, como es conocido por los japoneses, es la “Ciudad Electrónica de Tokio”. Probablemente en este barrio encontremos la mayor concentración de tiendas de electrónica, ordenadores, vídeo-juegos, anime, manga… Vamos, todo un paraíso. Al menos, para nosotros, que nos gusta bichear mucho. Y, aunque no seas de ese tipo de viajeros, igualmente bien vale pasar unas cuantas horas de tu tiempo en este barrio.

Akihabara

Y aquí ya guardamos las cámaras y teléfonos y a lo que nos dedicamos, como os cuento, es a entrar de tienda en tienda, de edificio de video juegos en edificio de video juegos… y a hacer las últimas compras. Por decir que paramos a comer y poco más.
Ah, por cierto, ¿recordáis aquellas muñecas que en Odaiba a mí me habían dejado enamorada? Pues…

Akihabara 2
… ¡un pasillo entero de ellas en una de las tiendas que encontramos! ¡¡¡Y rebajadísimas de precio!!! Creí volverme loca y no sabía cuál elegir; al final Sergio tuvo que echarme una mano porque me las quería llevar todas. Sí, así comienza mi colección de figuras japonesas EXQ… Espero que haya un Japón 3.0 -que seguramente lo habrá- para seguir ampliando así la colección.

En fin, poco más hay que contar de este último día. De vuelta al hotel muy cansados y con muchas bolsas, nos dedicamos a hacer las maletas (no sin cierto esfuerzo y jugadas de Tetris para que todo encajase bien) y a despedirnos con mucha pena de uno de nuestros países favoritos del mundo y al que cada día que pasa, echamos más de menos.

MATA NE NIHON

aeropuerto Tokio