Viernes, 22 de Mayo de 2015.
¡Buenos días Miyajima! ¡Qué bien habíamos dormido en el futón! Al principio puede parecer que “dormir en el suelo” va a ser más bien incómodo, y más aún sin persianas, con claridad (sobre todo para mí, que duermo siempre en la más absoluta oscuridad), pero nada más lejos de la realidad. Habíamos dormido toda la noche del tirón y esa mañana nos despertamos sin un solo dolor de espalda, cosa que creíamos que nos iba a pasar. ¡Un 10 para los futones! Incluso estamos pensando en ponerlos en casa…jeje.

Nos levantamos a las 07:30 y bajamos a desayunar un rico y enooooorme desayuno típico japonés. Estaba incluido en el precio de la habitación y al hacer el check-in, la señora del ryokan ya nos había preguntado si íbamos a querer desayuno japonés u occidental. ¡Japonés, por supuesto!
Cuando llegamos a la mesa… simplemente alucinamos con la cantidad de comida que allí había. ¿Y a esas horas nos íbamos a tomar todo eso? Arroz, sopa miso, sushi, tortilla…. Y la señora cada vez iba trayéndonos más cosas. ¿Esto va a parar alguna vez? Paró, paró… en el momento en que ya no cabía nada más en la mesa (que era como para unas 6 personas). Y comimos. ¡Vaya si comimos! No todo, porque creo que hubiese sido imposible, pero mucho más de lo que solemos estar acostumbrados. Os enseño una foto y que conste que en esta, sólo está representado “el inicio del banquete”:

desayuno estilo japones en el ryokan Mizuhasou de Miyajima

Al finalizar y recoger todo, no contentos con lo que nos habían puesto, también nos ofrecieron “algo más occidental”: café, zumos… ¡Casi reventamos!

Ya con todo recogido, bajamos a hacer el check-out y la dueña, tan amable como en todas las ocasiones anteriores, antes de irnos nos regaló un par de cucharas de madera para el arroz, grabadas con un dibujo muy bonito de la isla. Nuevo detallazo y nuevo recuerdo que guardamos en casa (una, la guardamos, la otra, ya la hemos estrenado para nuestro arroz de sushi…jeje).

Habíamos decidido pasar la mañana recorriendo de nuevo la isla, visitando sitios que no nos había dado tiempo a ver el día anterior. Como era tempranito, decidimos poner rumbo al Monte Misen, el más alto de la zona, con una altitud de algo más de 500 metros sobre el nivel del mar. Este monte es muy famoso ya que se dice que el budismo fue practicado, por vez primera allí, por el fundador de la secta shingon, Kobo Daishi.
Se puede subir –y bajar- en teleférico, pero a esas horas aún no estaba abierto así que decidimos emprender rumbo a pie, subiendo por la ruta formada por empinadas cuestas y escaleras talladas en roca y donde puedes encontrarte múltiples estatuas al pie del camino.

Lidia en el puente a la subida del Monte Misen en Miyajima
estatua jizo y ofrendas en la subida del Monte Misen en Miyajima
Sergio delante torii a la subida del Monte Misen en Miyajima
estatuas de Budas en la subida del Monte Misen en Miyajima

 

El camino estaba siendo realmente duro, especialmente para mí. Hacía mucho calor, íbamos con las mochilas cargaditas y, la verdad, he de decir que –al menos ese día- caminar no era lo mío… Así que después de un kilómetro de subida, llegamos a una especie de zona de descanso donde tomamos la decisión (teniendo en cuenta lo que quedaba para llegar a la cima, la hora que era y lo que queríamos hacer en la isla antes de irnos) que íbamos a dar media vuelta y volver a bajar.
Eso sí, antes de irnos, pudimos intercambiar impresiones con una mujer japonesa que estaba descansando allí también y que se disponía a hacer el camino completo. Nos explicó que era muy importante para ella por motivos personales; algo así como una promesa que había hecho. No pudimos más que darle mucho ánimo para que consiguiese llegar.
También pudimos disfrutar, antes de irnos, de unas vistas maravillosas de la isla desde las alturas…

vista del mar desde punto de descanso en la subida del Monte MIsen en Miyajima

Emprendimos la vuelta –que se hizo mucho más fácil que la subida…jijiji- hacia el Templo Daisho-in, situado en la base del Misen.

entrada del templo Daisho-in de Miyajima

Este templo, uno de los más importantes del budismo, está formado por una gran variedad de edificios, estatuas (muchas de ellas llaman especialmente la atención por no ser “estatuas corrientes”) y otros objetos de gran valor, como un mandala de arena de colores realizado por monjes del Tíbet en una de sus visitas al Daisho-in. Para aquellos que no lo sepan, los mandalas son representaciones simbólicas espirituales y rituales del macrocosmos y el microcosmos, utilizadas en el Budismo y el Hinduismo; yo, que practico Yoga, estoy acostumbrada a verlos en cuadernos y libros, y este me pareció precioso.

mandala de arena en templo Daisho-in de Miyajima

A pocos metros de la entrada del templo, nos encontramos con unas escaleras donde se puede llevar a cabo un “ritual budista” mientras ascendemos: a lo largo de dicha escalera hay una serie de ruedas de metal con los sutras (escrituras budistas) inscritos en ellas. Se dice que ir girando las ruedas según vas subiendo tiene el mismo efecto que leer todos los sutras… Así que, aunque no sepamos leer japonés, también podemos beneficiarnos de las bendiciones de la lectura. Yo, como siempre, giré todas las ruedas. Por si acaso… 😉

escaleras del templo Daisho-in en Miyajima

Como os contaba un poquito más arriba, en este templo pudimos ver multitud de estatuas: jizos (representaciones del guardián de los niños y la maternidad, de ahí que muchas de ellas aparezcan con bufandas –para que no pasen frío- y baberos –para que no se ensucien con las ofrendas de comida que se les hace-), budas o los shichifukujin (los siete dioses de la buena suerte). Hacia cualquier sitio al que mirásemos, podíamos encontrarnos con verdaderas maravillas.

Budas de los sentidos en templo Daisho-in de Miyajima
estatua de Buda en templo Daisho-in de Miyajima interior
shichifukujin en templo Daisho-in de Miyajima
conjunto de estatuas en el templo de Daisho-in de Miyajima
estatua jizo con hoja de arce en templo Daisho-in de Miyajima

Además de las estatuas, y como suele suceder en casi todos los templos japoneses, también este está formado por numerosos edificios. Aquí se conservan bastantes de ellos originales, y algo característico del Daisho-in, es que lo hacen en varios niveles de altura, lo que hace que este templo sea tan especial. Para mí, uno de los más bonitos de los que pudimos visitar… sino el que más.

entrada de uno de los edificios del templo Daisho-in de Miyajima

pagoda en el templo Daisho-in de MIyajima

Eran ya las 12 del mediodía cuando abandonamos este maravilloso lugar el cual, por cierto, pudimos ver sin apenas gente, lo que hizo que nos gustara aún más si cabe.

Volvimos a la playa para ver, otra vez, el Gran Torii, esta vez con la marea un poco más alta y hacer más fotos. Será que en el día anterior no habíamos hecho suficientes…jeje…

Lidia y Sergio con el Gran Torii de Miyajima con marea alta

Lidia haciendo sirshasana en playa de Miyajima delante del Gran Torii

Tras dejar atrás la playa fuimos a ver el Templo Senjokaku, situado frente a la pagoda de cinco pisos. La entrada de este templo es de ¥100 por persona y, para seros sinceros, no nos gustó mucho.
Su nombre significa “Casa de los Mil Tatamis” y es un edificio sin paredes, inacabado, debido a la muerte de su constructor. Su interior, es un espacio diáfano, de unos 1300m², cuya finalidad era actuar de biblioteca de los sutras budistas.

Empezaba ya a apretar el hambre así que decidimos ir a comer. No nos lo pensamos mucho y como el día anterior nos había gustado el restaurante que nos recomendaron, volvimos al mismo: el “Mametanuki”. Volvimos pedir ostras, pero esta vez, cocinadas de forma distinta que las de la noche. ¡Igual de buenas, todas! En esta ocasión, pagamos ¥4290.

ostras al vapor en restaurante de Miyajima

Al salir, hicimos alguna compra de última hora por la calle Omotesando y nos fuimos a coger el ferry para volver a Kioto.
Una vez en el muelle de Hiroshima, hicimos el mismo camino que habíamos hecho 24 horas antes, pero esta vez en sentido contrario. El tranvía –el número 2- hasta Hiroshima Station, nos costó ¥260 por persona.
Desde allí, volvimos a coger un shinkansen (esta vez el “Sakura”), sin reserva de asientos, aunque no tuvimos ningún problema para sentarnos. En esta ocasión, debido al horario, tuvimos que hacer transbordo en Shin-Osaka.
Desde Osaka, el tipo de tren que tuvimos que coger para llegar a Kioto fue un local, no tan cómodo como los trenes-bala, pero el trayecto es muy cortito, así que no se hace pesado.

Llegamos a Kioto sobre las 8 de la tarde y nos fuimos directamente a cenar algo al “McDonald’s” que hay al norte de la estación. No sé cómo podíamos tener tanta hambre después de las comilonas que nos habíamos metido ese día, pero aún nos apetecía algo dulce, así que tomamos el postre en nuestro queridísimo “Mr Donut”. Entre uno y otro, nos gastamos en la cena ¥1485.

Estábamos agotados, había sido un día muy completo, así que volvimos a nuestro hotel para hacer de nuevo el check-in. Ya nos habían subido las maletas a la habitación, así que poco más tuvimos que hacer que darnos una duchita e irnos a dormir.

Habíamos pasado dos días maravillosos en dos lugares completamente distintos entre sí. En uno, habíamos podido aprender muchas cosas sobre un capítulo lamentable de la Historia Mundial, mientras que en otro, habíamos disfrutado de la oportunidad de vivir una noche mágica en una isla encantadora…

 

 

GASTOS DEL DÍA:

entrada Templo Daisho-in: ¥200
entrada Templo Senjokaku: ¥200
comida en “Mametanuki”: ¥4290
tranvía a Hiroshima Station: ¥520
cena en “McDonald’s” y “Mr Donut”: ¥1485

TOTAL: ¥6695(aprox. 50€)