Miércoles, 20 de Mayo de 2015.
Hoy volvíamos a repetir hora en el despertador: a las 7 de la mañana estábamos en pie y enseguida listos para comenzar un nuevo día en Kioto. Y ese día, iba a ser muuuuy especial, sobre todo para mí. ¡Qué ganas tenía de vivir una experiencia así! Pero voy por partes, ahora os lo cuento…

Desayunamos algún que otro bollo que teníamos en la habitación del día anterior y nos pusimos en marcha enseguida. Volvimos a coger el bus delante del hotel, esta vez el número 207, para acercarnos a la parada de Kiyomizu-michi, puesto que por ese barrio estaba nuestro primer destino del día: “Maiko Transformation. Studio Shiki”. ¡Siiii! Hoy me iba a “tranformar” en una maiko (aprendiz de geisha), al menos, exteriormente… jiji…
Este estudio tiene dos tiendas distintas, y la que yo escogí para esa experiencia, es la principal, que se sitúa en el barrio de Ninenzaka; para llegar allí, usamos nuestra aplicación de “City Maps2Go” desde la parada que os comentaba antes. En 5 minutos de un agradable paseo, encontrábamos el sitio exacto.

Lidia en la entrada del estudio para hacer la tranformación a Maiko en Kioto

Como habíamos salido con mucho tiempo por si teníamos problemas en encontrar el lugar, llegamos con bastante antelación, lo cual nos permitió pasear tranquilamente por las calles del barrio, a esa hora apenas con gente. ¡Todo un lujo! Y es que más tarde se llenaría de turistas como pudimos comprobar.

Lidia en las calles de Ninenzaka en Kioto

Teníamos cita para las 9 de la mañana –era la primera- así que un poquito antes nos acercamos y, con la ya consabida amabilidad nipona, nos atendieron fantásticamente: confirmación de reserva, del tipo de plan que habíamos escogido, de todos los extras, el precio final…. Con todo claro y especificado, llegó la hora de comenzar la transformación. ¡Qué nervios! Sergio se fue a dar un paseo porque, obviamente, no podía entrar conmigo  y yo me puse “manos a la obra”…
Peeeeero…¡esto no os lo voy a contar ahora! ¡Os voy a dejar con las ganas! Jeje… No os enfadéis, porque prometo que voy a hacer un post especial sobre la transformación, y os contaré cómo fue. Paso a paso. Eso sí: no hay fotos del “making of”, porque no me llevé cámara. Además, me gusta más enseñaros el resultado final. De momento, solo un pequeño adelanto…

Lidia de maiko cuerpo entero por detrás

A eso de las 11:30 habíamos finalizado en el “Shiki Studio” y seguimos con el plan del día. Claro está, no podíamos dejar de hablar de todo lo que habíamos vivido esa mañana. ¡Qué experiencia más bonita! Y también Sergio me contó que tuvo la oportunidad de explorar un poco más por el barrio y hacer alguna que otra foto, como esta de la Pagoda Yasaka, que le dejó enamorado…

Pagoda Yasaka No To en barrio de Higashiyama en Kioto

Nuestro siguiente destino, que es una de las visitas obligadas de esa zona (llamada Higashiyama, que creo que no os lo había dicho) era el templo Kiyomizu-dera.
Situado en una colina a unos 11 metros de altura y rodeado de cerezos y arces, este histórico templo fue fundado en el año 778, antes incluso de que Kioto se convirtiese en una de las capitales de Japón. Desde su fundación, fue quemado en varias ocasiones, por lo que la mayor parte de los edificios que podemos ver hoy en día datan de los años 1631 a 1633, a principios del período Edo. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994.

Para llegar hasta allí desde donde nos encontrábamos, solo tuvimos que dar un agradable paseo siguiendo las indicaciones que ya en el barrio de Ninenzaka empezamos a ver. Como el templo está en lo alto de la colina, no queda otro remedio que subir una cuesta, pero se hace muy ameno porque es una callejuela llena de tiendas de recuerdos, de cerámica típica de Higashiyama, de restaurantes,…
Al no ser una hora demasiado temprana, lo cierto es que había bastante gente ya en el templo, pero bueno, pudimos disfrutarlo igual. La entrada, por cierto, cuesta ¥300.

entrada del templo Kiyomizudera en barrio de Higashiyama Kioto

Kiyomizudera no es solo un edificio, es un conjunto de construcciones religiosas, si bien la más conocida y la que siempre vemos en las guías es su salón principal y su terraza.

Sergio en el templo Kiyomizudera en Kioto

En este salón, Hondo, podemos encontrar una pequeña estatua de la diosa Kannon, acompañada por otras 28 deidades. Sin embargo, si por algo es conocido es por su balcón de 13 metros de alto, que se sostiene con pilares de madera de zelkova –un tipo de árbol- de Japón, colocados de tal manera que no se utilizó ni un solo clavo. De ahí que llame tanto la atención.
En el balcón, hay un sitio donde los japoneses se purifican con incienso. Yo quise purificarme tanto, que al final, acabé con los ojos llorosos de tanto humo que me entró…
Antes de salir del Hondo pude seguir con mi colección de sellos de templos japoneses, momento que, en esta ocasión, Sergio inmortalizó con esta foto:

Lidia esperando a la firma y el sello del templo Kiyomizudera en Kioto

Dentro del conjunto de templos de Kiyomizudera, hay un pequeño santuario muy popular sobre el que habíamos leído en varias ocasiones y no queríamos irnos sin visitarlo. Se trata del Santuario Jishu, dedicado al dios del amor y del matrimonio. En él se encuentran dos piedras (“las piedras del amor”), separadas entre sí por 10 metros, y dice la leyenda que si uno es capaz de hacer el camino que las separa con los ojos cerrados, encontrará el amor. Como yo ya lo tengo, no me aventuré a intentarlo, no fuera a ser que me diese un buen tortazo… jiji… Así que sólo me hice una foto en una de las piedras.

Lidia en una de las piedras del templo del amor en Kiyomizudera Kioto

Decidimos salir ya de Kiyomizudera, pero lo hicimos rodeando todo el recinto, de tal modo que pudiésemos bajar por la calle paralela a la que habíamos subido. Pero antes, aún nos quedaban vistas impresionantes desde lo alto…

vistas del templo Kiyomizudera en Kioto

 

vistas de la pagoda desde el templo Kiyomizudera en el barrio de Higashiyama en Kioto

Una vez en la parte de abajo, justo a los pies del balcón pudimos ver otro de los puntos más conocidos: la Cascada Otowa. El agua de la cascada, que se supone con propiedades terapéuticas, se divide en 3 chorros distintos. Se dice que cada uno corresponde a 3 deseos distintos: salud, una larga vida y éxito en los estudios o el amor. Era tal la cola que había para beber de la cascada, que decidimos seguir nuestro camino y no perder mucho más tiempo esperando.

Salimos ya del templo y, como os decía, lo hicimos por la cuesta del lado contrario a la de subida. Hicimos alguna que otra compra y paramos en un “Lawson” (otro tipo de supermercado parecido a los “7Eleven” o “Family Mart”) para comprar comida e ir comiéndola de camino a nuestro siguiente destino. Compramos unos sándwiches, onigiris y bebida por ¥715. ¡Cada día nos gustaban más los onigiri! Mmmm… ¡cuánto los echamos de menos!

Desde los alrededores de Kiyomizu-michi, la parada en la que nos habíamos bajado esa mañana, volvimos a coger un nuevo autobús. Esta vez el número 100 que, en unos 20 minutos, nos llevó al Gingaku-ji o Pabellón de Plata.

Ginkaku ji o Pabellon de Plata en Kioto

Su nombre oficial es Jisho-ji, pero nadie le conoce como tal. Fue construido en el año 1474 como retiro del shogun de la época, quien quiso imitar la belleza del Kinkaku-ji –que estaba cubierto por láminas de oro- ; sin embargo, no pudo recubrirlo con láminas de plata, como era su intención, así que a pesar de que el nombre se mantiene, nunca llegó a estar recubierto de este metal precioso.
El edificio principal, que sobrevivió a varios incendios y terremotos, no está abierto al público así que hay que conformarse con verlo desde el exterior. Junto con éste también hay otra edificación más pequeña, llamada Togudo, que también sobrevivió a los siglos, pero que tampoco puede visitarse.
El Ginkaku-ji también es conocido por su espectacular jardín de arena blanca, conocido como “mar de arena plateada”, con un enorme cono del mismo material que recibe el nombre de “plataforma de observación de la luna”. La verdad que uno se queda boquiabierto al observar tanta perfección en algo construido con arena. Es uno de los jardines de este tipo más bonitos que hemos visto durante nuestro viaje.

jardín de arena blanca en Ginkaku ji en Kioto

Al salir del Pabellón de Plata tomamos el Camino de la Filosofía para llegar al siguiente santuario que íbamos a visitar. Se trata de un sendero de unos 2,5 km que transcurre a lo largo de un canal, y va desde Ginkaku-ji hasta el puente Nyakuoji; en este camino, se pueden encontrar diversos templos sin tan siquiera salir de él. Recibe este nombre porque el filósofo Kitaro Nishida solía utilizarlo para meditar y reformular sus pensamientos.
El paseo que dimos hasta el final del camino fue una maravilla. Se respira una paz y una tranquilidad que no en muchos sitios en los que estuvimos encontramos. Nos tomamos nuestro tiempo, sacando fotos, fijándonos en muchos detalles que hay a lo largo del camino, incluso comprando una lámina de un dibujante que nos encontramos casi al final.

Sergio en el Camino de la Filosfia en Kioto

Lidia con grupo de ositos en el Camino de la Filosofia

En unos 40 minutos hicimos el sendero y llegamos cerca del Santuario Heian, nuestra siguiente visita. Fue construido en 1895, en el decimoprimer centenario del establecimiento de la ciudad como capital imperial.
Se trata de uno de los templos shinto más populares de Kioto ya que, frente a él, se encuentra el torii (puerta) más grande del mundo.

gran Tori del Santuario Heian en Kioto

entrada al Santuario Heian de Kioto

barriles de sake a la entrada del Santuario Heian en Kioto

Tanto la entrada, que os muestro en una de las fotos más arriba, como los edificios interiores tienen un característico tejado de color verde, sobre las estructuras de madera pintadas de rojo.

santuario Heian en Kioto interior

La entrada al santuario es gratuita, pero si queremos acceder a alguno de los jardines, hay que pagar ¥600. Nosotros ya íbamos con la idea de entrar en el Jardín Shin-en y no nos arrepentimos en absoluto; fue uno de los sitios que más nos gustó en todo el viaje. ¡Qué preciosidad!

jardín Shin-en del Santuario Heian en Kioto
sendero de piedras del jardín de Santuario Heian
puente del jardín Shin-en del Santuario Heian en Kioto

 

¿Habéis visto la peli de Scarlett Johansson y Bill Murray, “Lost in translation”? Pues en el jardín es donde encontramos el camino de piedras que aparece en ella. 😉

Lidia y Sergio pasando por las piedras del jardín del Santuario Heian en Kioto

Salimos de Heian después de un buen rato disfrutando de su paz y tranquilidad y cogimos el bus hacia Kyoto Station. No sé por qué pero ese día yo tenía unas ganas enormes de comer pizza, así que buscamos cerca de la estación un sitio donde poder saciar mi “apetito pizzil”… jeje… Y lo encontramos en un centro comercial que hay al norte de la estación, creo recordar que era el “Yodobashi”, en su piso 6. El restaurante se llama “Ciao Pizza” y comimos un par de ellas enormes que estaban riquísimas. Pagamos ¥2775.
Al salir de cenar, compramos unos bollos para desayunar a la mañana siguiente en el “Deli France”, que está en el primer piso del mismo centro comercial (¥1653) y nos fuimos para el hotel. Nos acostamos tempranito porque mañana sería otro día muy especial: ¡el cumple de Sergio! Y el destino era…

 

 

GASTOS DEL DÍA:

bus a Ninenzaka: ¥460
entrada Kiyomizudera: ¥600
comida “Lawson”: ¥715
bus a Gingaku-ji: ¥460
entradas Gingaku-ji: ¥1000
entradas jardín Heian: ¥1200
bus a Kyoto Station: ¥460
cena “Ciao Pizza”: ¥2775

TOTAL: ¥7670 (aprox. 55€)