Sábado, 30 de Mayo de 2015.
Nuevo madrugón después de una noche, en algún momento, algo… movidita. Literalmente. Cuando estás durmiendo y la cama se te mueve como si estuvieses en un barco, pero no lo estás… ¿qué puede estar pasando? En otro sitio no lo sé, pero en Japón tiene un nombre: terremoto. Y, como decimos por Asturias, “lo que te rondaré morena”; o sea, que aún faltaba algo más. En fin, voy por orden.

A las 7 de la mañana estábamos despiertos. Desayunamos, como siempre, en la habitación y nos fuimos a coger el metro para visitar un sitio al que teníamos muchas ganas de ir: el Mercado de Tsukiji.
Para llegar allí, nos bajamos en la parada de Tsukiji y luego, salimos por el acceso al “Jogai Shijo”, el mercado exterior. Había ya muchísima gente, a pesar de que era bastante temprano.

Tsukiji es el mercado de pescado más grande del mundo: cada día se mueven allí unas tres mil toneladas de pescado, casi el 90% del total de los 3 grandes mercados de Tokio. Además, se venden más de 450 especies distintas de pescados y mariscos.

Tras dar un paseo por el mercado exterior, entramos en lo que de verdad nos interesaba: el interior, o “Jonai Shijo”.

entrada al mercado de pescado Tsukiji en Tokio

Habíamos leído que era muy grande, pero todas nuestras expectativas fueron superadas. ¡Aquello es gigantesco! Mucha gente trabajando, comprando, mirando…. Vimos productos que ni siquiera conocíamos, pero lo que más nos llamó la atención fueron los bonitos/atunes: nunca antes habíamos visto ejemplares tan enormes.

mercado de pescado de Tsukiji en Tokio

Llegó un momento que nos sentimos un poco incómodos porque nos parecía que molestábamos bastante, ya que la gente que trabaja allí, cargando cajas, con carretillas transportadoras y demás, tenía que ir esquivando turistas cada dos por tres.
Habíamos leído que planean cambiar el mercado de lugar y cerrarlo al público, lo cual no nos extrañaría en absoluto, la verdad. Aún así, tampoco lo sabemos con certeza.
Total, que decidimos salir para no seguir siendo un incordio para los trabajadores.

La idea era parar a tomar sushi, ya que todos los japoneses coinciden en que el mercado es el mejor lugar para degustar este tipo de comida. ¡Más fresco, imposible! En los alrededores podemos encontrar restaurantes que están abiertos desde las 5 de la mañana hasta mediodía. Pero habíamos cometido un gravísimo error: desayunar en el hotel. Esto hizo que a esas horas, no tuviésemos nada de hambre y por tanto, no probásemos el que –dicen- es el mejor sushi del mundo.
Consejo: id al mercado sin desayunar.

Volvimos a coger el metro en la misma parada y nos fuimos a la Tokyo Station. Ésta, a pesar de su nombre, no es la principal estación de la ciudad, pero sí una de las más grandes; por ella pasan unos 4.500 trenes al día y es la terminal de la mayoría de las líneas del shinkansen.
Lo más interesante es que el edificio es muy europeo, y contrasta bastante con la arquitectura japonesa del resto de las estaciones de la zona. Fue diseñada a principios del siglo pasado por un arquitecto japonés que se inspiró en las formas de la Estación Central de Amsterdam. Fue parcialmente destruida en la guerra por los bombardeos, pero se reconstruyó rápidamente, intentando mantener el aspecto original. Lo cierto es que es preciosa y sí que llama muchísimo la atención; es como “si no pegase” en la zona…

edificio de la Tokyo Station

Los subterráneos de la estación, como ocurre con otras en Tokio, son un verdadero centro comercial, con cientos de tiendas y restaurantes.
Una de las zonas que más nos apetecía ver es la denominada “Tokyo Character Street”. Se trata de un pasillo dedicado exclusivamente a la venta de productos de populares personajes de ficción: Hello Kitty, Snoopy, Ultraman, Doraemon…

calle Character Stree en los subterráneos de la Tokyo Station

No es que seamos unos mega-aficionados a los dibus y eso, pero a mí me hacía ilusión pasar por allí y, bueno, ya que estábamos…. comprar alguna chorradita (sobre todo de la peli “Totoro”, que vimos antes de irnos de viaje y nos encantó).
¡Ah! Y “conocí” un personaje que no había visto antes, que me encantó: Rilakuma. ¡Qué kawaii es!

Lidia con Rilakuma en la calle Character Street en los subterráneos de la Tokyo Station

Cuando salimos de la estación fuimos caminando hasta la zona donde está el Palacio Imperial: yendo hacia el oeste, en línea recta, se llega sin pérdida alguna.
Este es el hogar del emperador y de la familia imperial japonesa. El complejo está precedido por una gran plaza y se encuentra, junto con sus jardines, “aislado” del resto de la ciudad y rodeado por una gran foso de agua.

explanada delante del Palacio Imperial de Tokio

jardín de Palacio Imperial de Tokio

El complejo es enorme, con muchos jardines que se pueden visitar, pero lo cierto es que ese día hacía un sol de justicia y muchísimo calor, y no nos apetecía demasiado caminar –sin apenas sombra- para verlos. Así que nos conformamos con observar, desde la distancia, una de las vistas más conocidas del Palacio:

Palacio Imperial de Tokio

Volvimos de nuevo dirección a la estación, pero esa vez yéndonos un poquito más hacia el sur, hacia la zona conocida como Yurakucho. Allí era donde teníamos pensado comer, puesto que ya era la hora y empezábamos a tener hambre.
Se trata de una zona comercial y de restaurantes situada entre la estación del mismo nombre y la de Tokyo. Los restaurantes se encuentran casi todos bajo los arcos de ladrillo de las vías elevadas de la línea JR Yamanote. Y, después de darnos un par de vueltecitas, escogimos uno que se llamaba “Copain et Copine”:

restaurante de Yurakucho

Estábamos casi solos en el restaurante, al menos en la zona de no fumadores, que fue la que pedimos…jeje… Sergio se comió una mezcla rara (pero muy rica) de filete con queso y yo una especie de caldereta de marisco; como veis, algo muy distinto a lo que hasta entonces habíamos comido. Lo cierto es que estaba todo muy rico y pagamos ¥2660.

Después de echar un buen rato en el restaurante –mi caldereta quemaba no sabéis cuanto…jiji- y con el estómago bien llenito, decidimos ir dando un paseo hasta la conocida como “Quinta Avenida de Tokio”: Ginza.

señal de la calle Ginza

En esta zona hay grandes almacenes y numerosas tiendas de lujo, de ahí que sea conocida de este modo. Un ejemplo claro es la “Armani Ginza Tower”, un edificio de 12 plantas de esta marca, que incluye un exclusivo spa y un “Armani Restaurant”; cosas como estas también pueden verse en otras marcas como Gucci, Dior, Bvlgari… En fin, que tiene bien merecido el alias.

Antes de llegar a la calle principal hicimos una paradita en el Edificio Sony, que ha sido durante décadas un estandarte de la tecnología japonesa. Después de pasearnos por sus pisos donde pudimos ver, toquetear y probar cámaras, equipos de sonido y demás “cacharros” a los que Sergio es bastante más aficionado que yo, nos invitaron a subir al último piso, al showroom. Allí tienen una exposición muy interesante de la historia de Sony y de cómo sus productos han ido evolucionando a lo largo de la historia. Ya os digo que a mí no me interesa especialmente la tecnología, pero esta exposición me pareció sumamente interesante y entretenida.

Cuando salimos del edificio nos fuimos a la calle principal de Ginza: Chuo-dori. Aprovechamos que los sábados y domingos la tienen cortada al tráfico y la hacen peatonal, con lo que pasear por ella está genial, a pesar de la multitud de gente.

calle Ginza1

calle Ginza2

Sin prisa y parando de vez en cuando en algún escaparate (no muchos porque los dientes se le ponen a uno largos), la recorrimos entera. De este modo, pudimos ver también un símbolo del distrito: Ginza Waco.
Con su enorme reloj y un marcado corte occidental, el edificio Waco no puede pasar desapercibido. Fue construido en el año 1932 y se encuentra situado en el cruce entre las calles Chuo-dori –que era donde estábamos- y Harumi-dori, las dos avenidas más importantes de Ginza.

edificio del reloj Ginza Wako en la calle Ginza

Seguía apretando el calor y, como no habíamos tomado postre, buscamos algún “Starbucks” que hubiese por la zona para tomarnos nuestros ya consabidos frapuccinos. Tuvimos suerte y había uno muy cerquita así que nos fuimos para allá y descansamos un ratito antes de seguir con la ruta.

Desde Ginza cogimos el metro y nos fuimos a visitar Roppongi Hills, una “ciudad dentro de la ciudad”. Inaugurada en el año 2003, tras 17 años de construcción, el complejo está compuesto por apartamentos residenciales, oficinas, tiendas, restaurantes,… Abarca unos 109.000 metros cuadrados. ¡Ahí es nada!
Lo que más llama la atención de todo es la Mori Tower y la escultura con forma de araña gigante. ¿Os recuerda a alguna otra? 😉

escultura en el centro comercial Roppongi Hills

Nos dedicamos a pasear sin rumbo, entrando en alguna que otra tienda, haciendo fotos, y disfrutando de esta zona, que nos pareció mucho más “piji” que otras de Tokio.

Aquí se encuentran los estudios de televisión de la cadena “TV Asahi”, a los cuales puede accederse de forma gratuita (bueno, obviamente no a todos los sitios, sino a la zona exterior), y cómo no, decidimos entrar.
Lógicamente, siendo extranjeros y no hablando japonés, la mayor parte de los programas, dibujos o series de la cadena no las conocíamos, pero sí que vimos un personaje muy popular y conocido mundialmente:

Lidia con Doraemon en el edificio de la TV Asahi en Roppongi

Después de dar un último paseo por Roppongi y como estábamos muy cansados –ya empezaba a acumularse los kilómetros caminados de todos los días de viaje-, decidimos dar por finalizado el día e irnos para el hotel.
De camino, paramos como solía ser habitual ya en el “Family Mart” para comprar la cena de esa noche y el desayuno del siguiente día (¥1857).

Sin embargo… el día no iba a acabar ahí. Aún nos quedaba por vivir “el susto del viaje”. Os cuento: estábamos en nuestra habitación (recordad que era en un piso 12º), descansando; recuerdo que yo estaba con el ordenador y Sergio mirando las fotos de ese día en la cámara. De repente, volvimos a sentir un ligero temblor… bueno, otro terremoto más. Nada, pasará enseguida, como los días anteriores. Pero no fue así: aquello empezó a intensificarse, no paraba y comenzaron a abrirse las puertas de los armarios de la cocina y a caerse alguna cosa… ¡Ay madre! Yo ya empecé a tener verdadero miedo y cuando vi a Sergio ponerse nervioso –él, que es la persona más calmada que conozco-…. ¡Pánico! Chicos, de verdad que en ese momento llegamos a tener verdadero miedo. Sobre todo, porque no sabíamos qué hacer. Yo quería bajar a la recepción. ¡Casi obligo a Sergio a bajar en pijama! Jajaja… Ahora nos reímos, pero os prometo que en aquel momento yo sólo quería llorar.
De repente, el temblor paró y decidimos bajar a preguntar a los chicos de recepción. ¡Y bajamos en ascensor! ¿Somos tontos? Pues seguro que sí. ¿Cuántas veces habremos leído y oído que en casos así nunca, jamás, se deben tomar ascensores? Pues hala, nosotros p’abajo… En fin, lo pensamos ahora y nos damos cuenta de nuestro error: ¿y si hubiese habido otro terremoto?
Lo “gracioso” fue que al abrirse la puerta del ascensor, dentro había una pareja de italianos que estaban más “acojonaos” –perdón- que nosotros.
Abajo, en recepción… los japoneses tranquilidad absoluta. Incluso había gente en el gimnasio como si tal cosa. ¡Son increíbles! Supongo que ellos estarán acostumbrados, pero para nosotros fue una experiencia que no nos gustaría volver a vivir. ¡Y menos en un piso 12!

Os cuento que ese terremoto, que en los informativos japoneses se habló de él durante unos 20 minutos a los sumo, tuvo su epicentro en el mar, a unos 190 km de Tokio y según la escala de Richter fue de 7,8. Sin embargo, ¡y menos mal!, cuando llegó a la capital la intensidad había disminuido hasta los 5,4 creo recordar.

Una experiencia inolvidable… pero para nada apetecible de volver a vivir.

 

 

GASTOS DEL DÍA:

recarga “PASMOs”: ¥2000
comida “Copain et Copine”: ¥2660
frapuccinos “Starbucks”: ¥1101
compra en “Family Mart”: ¥1857

TOTAL: ¥7618 (aprox. 57€)