Lunes, 23 de mayo de 2016.
¿Teníamos que madrugar? Pues lo hicimos… ¡vaya si lo hicimos! De nuevo el jet-lag atacaba con todas sus armas y a eso de las 5 de la mañana ya estábamos despiertos. Obviamente, a esa hora no deben estar puestas ni las calles (aunque allí la gente madruga mucho), así que hicimos un poco de tiempo organizando el día, poniendo en orden las fotos, escribiendo a la family… y a eso de las 7 de la mañana ya estábamos saliendo por la puerta del hotel. ¡Comenzaba un nuevo día en Chicago!

¿Recordáis que en el último post os hablaba del desayuno que habíamos tomado y que no había sido el mejor del viaje? ¡Pues hoy sí! Hoy tomaríamos el mejor desayuno de tooooodos los 21 días, y lo haríamos en un lugar memorable y que forma parte de la Ruta 66: el “Lou Mitchell’s”. Chicos, no se puede hacer una visita a Chicago sin pasar por este restaurante. ¡Imprescindible! Lleva en funcionamiento, nada más y nada menos, que desde 1923.

restaurante Lou Mitchell's en Chicago

Para llegar hasta allí, cogimos la línea de metro azul desde la parada más cercana al hotel -la de Clark/Lake-, nos paramos en la de Clinton y a unos 3 minutos caminando se encuentra el restaurante.
Cuando entramos, había muy pocas mesas ocupadas (eran como las 7 y cuarto de la mañana), así que no tuvimos que esperar para poder sentarnos a degustar un desayuno americano en toda regla: café, zumo y huevos benedict. ¡Mis favoritos! Yo pedí los clásicos y Sergio los de salmón; los dos estaban de rechupete. Como siempre en USA, pudimos repetir café tantas veces como quisimos. Pagamos, en total, $48. Ya, no es precisamente lo más barato del mundo pero, creednos, mereció la pena 200%. ¡No recordábamos un desayuno tan bueno desde aquél que tomamos en el “Peggy Sue’s” de Barstow, en nuestro road-trip por la Costa Oeste en el 2013! Además, nuestro camarero era un señor hispano súper majete que nos atendió a las mil maravillas.

desayuno de Lidia en el Lou Mitchell's de Chicago

desayuno de Sergio en el Lou Mitchell's de Chicago

Tras este gran comienzo de día, nuestra siguiente parada apenas se encontraba a 8 minutos a pie de allí, y sería uno de los platos fuertes de Chicago y del viaje en general: la Torre Willis. Sin embargo, abren a las 9 y aún era temprano, así que hicimos una parada entre medias a otro de los lugares que llevábamos anotados en nuestra guía, la Union Station.
Lo más llamativo de esta construcción es la enorme sala de espera, una joya del estilo Bellas Artes, conocida como Great Hall. Ésta cuenta con paredes de más de 33 metros de altura, sujetas con columnas corintias, suelos de mármol, grandes bancos de madera y un gran tragaluz abovedado.

Great Hall de la Union Station de Chicago

Además, si por algo es conocida esta estación es porque aparece en gran variedad de pelis y series de televisión; entre ellas, la más recordada es, sin duda, “Los Intocables de Elliot Ness”, protagonizada por Kevin Costner. En ella aparecen unas escaleras en concreto de la estación; escaleras que, desgraciadamente estaban cerradas al público porque se estaban realizando trabajos de mantenimiento. La única foto que os puedo  mostrar es esta:

escaleras de Los Intocables de Elliot Ness de la Union Station de Chicago

Después de darnos una vuelta por la estación vimos que ya se iba acercando la hora de apertura de la Torre, así que nos fuimos hacia allí  (está prácticamente al lado). Aún así, llegamos unos minutos antes de que abrieran las puertas, así que tuvimos que esperar un ratito en al calle, donde se iba acumulando cada vez más gente. A las 9 en punto, abrieron y nos pusimos a hacer cola para coger el ascensor que nos llevaría al mirador de la torre: el Skydeck.

La Torre Willis -anteriormente conocida como “Torre Sears”- fue el edificio más alto del mundo desde su construcción, en 1973, hasta el 1997, momento en el que se construyeron las Torres Petronas de Kuala Lumpur; en el 2000 recuperó su condición al ampliarse una de sus antenas y ostentó dicho título hasta principios del 2010, cuando el Burj Khalifa abrió sus puertas en Dubai.
El mirador de la torre, que era nuestro “destino”, está ubicado en el piso 103, a 413 metros de altura. ¡Ains! Ya empezábamos con las alturas… jejeje… En un día despejado se pueden ver las planicies de Illinois y hasta el Lago Michigan en Indiana, Michigan y Wisconsin. Los ascensores tardan en llegar a la cima solamente 60 segundos; preparaos a que vuestros oídos “sufran” un poquito… Pero este “sufrimiento” de oídos y de mi “mal de altura”, se vio compensando infinitamente por las maravillosas vistas que pudimos tener desde allí arriba…

vistas de Chicago desde la Torre Willis 01

Sergio en la Torre Willis con vistas sobre Chicago

vistas de Chicago desde la Torre Willis 02

Lidia en la Torre Willis con vistas sobre Chicago

En enero de 2009 se realizó una renovación en el Skydeck para incluir la instalación de unos balcones de vidrio, extendidos aproximadamente cuatro pies sobre la calle Wacker Drive desde el piso 103. Las “cajas” de vidrio permiten a los visitantes mirar a través del suelo hasta la calle. Este punto es conocido como The Ledge. Y ahí, amigos míos… ahí sí que ya no me atreví… ¡Demasiado para mi vértigo! El que sí se animó, por supuestísimo, fue Sergio que se puso a la cola para poder ver la ciudad desde ese punto de vista; era pronto y habíamos entrado de los primeros, así que la cola solamente suponía tener una pareja delante nuestra. Y digo “nuestra” porque yo también me puse a hacer cola… pero solo para hacerle una foto a Sergio “desde la distancia”. Os juro que yo puse todo mi empeño y mis ganas en intentar caminar por allí…. pero me fue imposible; empezó a acelerárseme el corazón y a sudarme las manos, así que supe que no iba a poder. 🙁

Sergio en The Ledge de la Torre Willis de Chicago

pies de Sergio sobre The Ledge de la Torre Willis de Chicago

(NOTA: La risa de Sergio en la foto de arriba, se debe al cachondeo que se estaba creando detrás mío con un par de chicos americanos que veían lo mal que yo lo estaba pasando al hacer la foto y, especialmente, al ver que “mi queridísimo marido”, para hacerme de rabiar, se puso a dar saltos como un loco sobre el cristal. ¡Casi me da mal!)

Estuvimos en la torre como una hora: paseando, contemplando las vistas, haciendo fotos y alguna que otra compra. Al bajar, decidimos acercarnos hasta el Art Institute of Chicago, un museo donde había unas cuantas obras que nos apetecía ver. Desde la Willis hasta allí hay unos 15 minutos caminando, prácticamente en línea recta.
La entrada, junto con la consigna (hay que dejar las mochilas) nos costó $52; no es precisamente barato, pero estando en Chicago nos parecía una oportunidad que no podíamos dejar pasar. Al fin y al cabo está considerado como uno de los museos más importantes del mundo, gracias a sus colecciones permanentes de cuadros impresionistas y post-impresionistas, y está entre los tres principales de Estados Unidos.
Algunas de las obras que vimos allí son “La Asunción de la Virgen” del El Greco, “La habitación” y “Autorretrato” de Van Gogh o alguno de los “Nenúfares” de Monet… ¡Verdaderas maravillas!

collage de cuadros del Art Institute of Chicago

Unas dos horas nos llevó recorrer el museo -dejándonos atrás muchísimas cosas, eso sí- y nos encantó.

Estando al lado del hotel (a unos 10 minutos) decidimos ir a descansar un rato. Al fin y al cabo llevábamos despiertos desde las 4 y media de la mañana y empezábamos a acusar un poquito el cansancio después de la caminata que nos habíamos pegado.
De la que íbamos hacia allí paramos en un “Walgreens” para comprar algo de comer para Sergio; a mí aún me duraba el llenazo del desayuno en el “Lou Mitchell’s”, así que no tenía nada de hambre.

Después de una pequeña siesta, a eso de las 4 de la tarde nos pusimos en marcha de nuevo. Esta vez, para ir a una zona de la ciudad conocida como Museum Campus. Para llegar hasta allí, cogimos la línea naranja del metro, desde State/Lake hasta Roosevelt; desde allí, solamente se tardan unos 10 minutos caminando hasta llegar a la gran explanada donde se encuentra el campus.

Museum Campus en Chicago

Se abrió al público en 1998 y, aparte de sus parques y senderos que dan continuidad al Grant Park, allí se encuentran tres museos importantes de Chicago: el Planetario Adler, el Acuario Shedd y el Field Museum of Natural History.
Este último era, precisamente, nuestro objetivo; habíamos visto carteles por la ciudad en la que se anunciaba una exposición que nos parecía muy interesante: la de los “Guerreros de Terracota”. Considerando que, entre nuestros futuros viajes, no se encuentra   China, nos dijimos ¿por qué no ir a ver esta exposición? Así podríamos ver una pequeña -pequeñísima, eso sí- parte de este conjunto. La entrada en esta ocasión aún fue más cara que la del Art Institute ($62 para los dos), pero bueno… una vez en la vida…

fachada del Field Museum of Natural History de Chicago

exposición de los Guerreros de Terracota del Field Museum de Chicago 1

exposición de los Guerreros de Terracota del Field Museum de Chicago 2

exposición de los Guerreros de Terracota del Field Museum de Chicago 3

Tras ver la exposición, que era lo que primero cerraba y ya íbamos justitos de tiempo, dimos una pequeña vuelta por le museo y nos fuimos a pasear por las afueras del campus. Allí vimos -sin entrar porque ya estaba cerrado y además tampoco lo hubiésemos hecho- el Acuario Shedd…

Shedd Aquarium de Chicago en Museum Campus

… y el Planetario Adler.

Planetario Adler de Chicago en el Museum Campus

Por cierto, que no se me olvide deciros que desde el Museum Campus se obtienen unas de las mejores vistas de la ciudad:

Lidia en Museum Campus con vistas al skyline de Chicago

Sergio en Museum Campus con vistas al skyline de Chicago

Podríamos haber cogido de nuevo el tren para volver al hotel, pero no era demasiado tarde, hacía muy buen tiempo y nos apetecía seguir caminando (sí, por increíble que pueda parecer, aún nos quedaban unas pocas pilas para ese día… jeje), así que fuimos por otro trozo del Lakefront Trail hasta llegar al Millenium Park.
Es un paseo de lo más agradable por la orilla del lago y había muchísima gente corriendo, patinando, en bici… incluso en moto de agua por el Lago Michigan. ¡Me habría encantado poder subirme en una! 😉
Hay como unos 45 minutos, caminando tranquilamente, hasta llegar al hotel, así que cuando llegamos ya era prácticamente la hora de cenar. Yo estaba hambrienta, ahora sí, porque no había probado bocado desde el desayuno, así que no nos complicamos demasiado y cenamos en un restaurante al lado del hotel llamado “Elephant & Castle”, un pub de estilo irlandés. Sergio se tomó una ensalada que estaba riquísima y yo un plato que se llamaba butter chicken que picaba como el diablo, pero que estaba muy bueno. Y así, con una gran cerveza, finalizamos nuestro segundo día en Chicago… CHEERS!!!

Sergio con la Guinnes en el restaurante Elephant and Castle de Chicago