Domingo, 03 de Junio de 2018.

Pues sí, por fin había llegado el día en el que íbamos a visitar el que es considerado uno de los tres paisaje más bellos de Japón, junto con Miyajima (que ya lo conocemos) y Amanohashidate (todo llegará):  ¡¡Matsushima!! 
Se trata de un conjunto de pequeñas islas, con varios santuarios y templos repartidos por alguno de esos islotes, con barcos que recorren la bahía. Cuenta la leyenda que el poeta Basho no pudo escribir ni un verso sobre esta zona porque no había palabras para evocar la belleza del lugar. Suena bien, ¿verdad? De ahí que nos hubiésemos ido tan al norte, hasta Sendai, para poder disfrutar de este lugar.

Para llegar hasta allí, nos fuimos hasta la estación de Sendai, donde desayunamos y tomamos el tren de las 9 y media de la mañana -no madrugamos mucho- de la línea JR Senseki, hasta la parada de Matsushimakaigan. Llegamos allí en unos 40 minutos.

bienvenido a Matsushima
El primer lugar que queríamos visitar, puesto que se sitúa entre la estación de tren y lo que es la zona de la bahía y el centro de la población, era la Plaza Verde, pero al llegar allí… oh, oh!… estaba en obras. ¡Vaya! Pues nada, seguimos con nuestro sino de encontrarnos algo en obras en cada uno de nuestros viajes… 🙁

Seguimos nuestro camino por la calle principal (la cual recorreríamos más tarde) hasta llegar a la zona donde se pueden comprar los billetes para uno de los muchos barcos turísticos que recorren la bahía. Echamos un vistazo a las diferentes opciones y, como de precio eran todas más o menos igual, nos decantamos por la que mejor horario tenía, viendo la hora que era.
Nos atendieron un par de señores que debían sumar entre los dos unos 2 millones de años, y nos facilitaron un mapa para que nos enterásemos bien desde donde había que coger el barco. Además, nos recomendaron el mejor camino para llegar allí y aprovechar los 40 minutos que teníamos antes de zarpar: su consejo fue ir a visitar el Templo Godaido, que nos pillaba de camino siguiendo las instrucciones que nos dieron. Y, todo esto… ¡en japonés claro! Jajaja…
¿Y sabéis qué? Pues que “los entendimos” perfectamente; bueno vale, entender, entender, no… pero sí que encontramos el templo que nos decían sin perdernos ni un poco. 😉

Templo Godaido en Matsushima

Se trata de uno de los símbolos de Matsushima. Construido en el año 807, contiene cinco estatuas que sólo se muestran al público una vez cada 33 años, siendo la última en el 2006. Así que no, no pudimos verlas… Es un templo muy chiquitín, que recorres en un momento, pero aún así no deja de ser bonito, sobre todo por la zona en la que se sitúa. Fijaos sino, en estas otras imágenes:

Templo Godaido en Matsushima 3

Templo Godaido en Matsushima 2

Continuamos nuestro camino hacia el puerto, donde ya vimos los barcos preparados. Tocaba hacer “un poco” de cola y, cómo no, la mayor parte de compañeros de viaje iban a ser chinos…

haciendo cola para el barco de Matsushima

… y este sería nuestro barco:

barco en Matsushima
Como veis en la foto de arriba, el barquito iba un poco hasta arriba de gente, con lo cual yo me desesperé un poco pensando que no íbamos a poder estar a gusto viendo el paisaje de tanta peña como había. Pero, oye, que la mayor parte de ella se quedó luego en la zona de abajo, pudiendo nosotros subir a cubierta… ¡casi solos! ¡¡Yuuupiiii!! 🙂 Y yo me pregunto: ¿para qué pagas el billete para subir a un barco y te quedas en la zona cerrada, la de los bancos, donde no puedes ver el paisaje porque los cristales tienen más mierda que el palo de un gallinero? En fin, mejor para nosotros.

Con puntualidad británica -o más bien japonesa- pusimos rumbo a la bahía, donde el paisaje con multitud de islotes cubiertos por pinos japoneses es una verdadera maravilla. No os voy a contar mucho más, sólo os voy a mostrar las fotos…
(nota: hacía un día de sol IMPRESIONANTE, así que quizás las fotos no salieron lo mejor posible; lo que os aseguro es que no hacen para nada justicia al paisaje)

Matsushima 1
Matsushima 2

Matsushima 3

Matsushima 4
Matsushima 5
Matsushima 6
Matsushima 7
Matsushima 8
Matsushima 9
Durante el recorrido, pudimos ver algunos pescadores faenando…

pescadores en Matsushima 1

pescadores en Matsushima 2
Y tras algo más de una hora, volvimos de nuevo al puerto, ya con hambre, pues era la hora de comer. No teníamos ningún sitio apuntado para almorzar, así que fuimos dando un paseo para ver qué encontrábamos, hasta que de repente, pasamos por delante de un restaurante y, los 3 segundos que nos quedamos mirando, le sirvieron a una señora -coetánea de los de los billetes del barco- para “atacarnos” sin piedad y decirnos que entrásemos a comer allí. Y, como los japos son tan majetes y nosotros no sabemos decir que no, pues allá que nos fuimos. Este es el lugar (ni el nombre sabemos):

restaurante en Matsushima
¿Y sabéis qué? Que fue todo un acierto, porque la comida estaba buenísima y no pagamos mucho. Por cierto, que el pescado que vais a ver a continuación, lo pedí yo y… ¡lo tuve que comer con palillos! Al principio me costó, pero una vez que le cogí el truqillo, no dejé más que la raspa. 😉

comida en Matsushima

Cuando nosotros llegamos al restaurante, había solo otra mesa más, pero según pasaba el tiempo, iba llegando cada vez más gente, de modo que cuando nos fuimos, estaba lleno. Se ve que la estrategia de marketing de la señora funcionaba a la perfección. Jajaja…

Cuando terminamos de comer, nos fuimos dando un paseo hasta uno de los sitios que queríamos visitar: la Isla de Fukuurajima, y para ello hay que cruzar el Puente Fukuurabashi. Éste, con sus 252 metros de longitud, lo habíamos visto ya a lo lejos durante el paseo en barco (si os fijáis, se ve en alguna de las fotos de arriba) y nos había llamado mucho la atención, con su color bermellón típico de los puentes japoneses. Para cruzarlo, eso sí, hay que pagar ¥200 por persona.

Sergio en el Puente Fukuurabashi 1
Sergio en el Puente Fukuurabash 2

En cuanto a la Isla de Fukuurajima, repleta de pinos japoneses, no es que haya mucho que ver allí, pero sí es cierto que desde ella se obtienen unas vistas preciosas de la bahía de Matsushima:

 Isla de Fukuurajima 1
 Isla de Fukuurajima 2

 Isla de Fukuurajima 4
Tras un pequeño paseo por la isla, volvimos a cruzar el puente y nos dedicamos a “trastear” un poco por la calle principal, llena de tiendas bonitas, donde hicimos alguna que otra compra (entre ellas un Buda chiquitín muy guapo que lo tenemos en nuestra clase de yoga), sin olvidarnos de probar las galletas senbei con salsa de soja, típicas de Matsushima.

Y así nos llegó la hora de volver al tren para regresar a Sendai. Habíamos pasado un día fantástico, a pesar del helado que una gaviota le robó a Sergio… ¡jajajaja! Sí, como lo leéis: llevábamos uno cada uno, recién compraditos en un puesto del puerto, cuando una de las miles de gaviotas que hay pululando por allí, hizo un picado brutal, queriéndose llevar el suyo; él, reaccionó apretándolo en la mano con el resultado que ya os imaginaréis: ¡destrozo absoluto! ¡El cabreo que se pilló él y el ataque de risa que me dio a mí! Todavía hoy se sigue acordando y maldiciendo al pájaro. ¡Jajajajaja!

En fin, que volvimos a coger el tren hasta Sendai, donde compramos algo para la cena en un konbini de la estación, y cenamos tranquilamente en nuestra habitación. Los días de viaje ya iban pesando cada vez más, pero al día siguiente íbamos a ir a lo que sería el gran relax de nuestra aventura: un onsen en medio de la naturaleza. “Mañana” os cuento más… 😉